Mejorando el sector rural
La crisis alimentaria en nuestros países es cada vez más obvia, gran parte de América Latina afronta grandes dificultades para lograr alimentar a sus crecientes poblaciones. La agricultura, a pesar de que ha avanzado en los últimos lustros, ha quedado a la zaga de los ingresos del comercio, los servicios y la industria, lo que está actuado como un freno al desarrollo económico de Panamá. Está comprobado que para lograr el crecimiento del PIB en un 5-6% anual, que es lo que se necesita para alcanzar un sentido de progreso y para la expansión de capital para mantener ese crecimiento, la agricultura debe tener un rendimiento adecuado, cosa que no se logra en estos momentos. No podemos dejar de ver que un mejor nivel alimentario de la población, no se puede lograr sino hay una pronunciada aceleración de los ingresos "per cápita". Por otro lado, la nutrición mejorada y un desarrollo económico general más rápido son dos caras de una misma moneda y una productividad agrícola más elevada que la actual es una condición "sine qua nom" para lograr ambas metas.
Agrónomos, economistas, extensionistas, expertos en recursos hidráulicos, suelos, ecologistas, sociólogos, etc., por años hemos venido exponiendo los problemas del sector, así como probables soluciones para lograr un desarrollo acelerado de la agricultura en nuestro país; todos estamos en lo cierto en nuestras apreciaciones, pero las soluciones han sido incompletas, porque ahora sabemos que el desarrollo de la agricultura es un problema de sistemas y las soluciones van a funcionar sólo si logramos atender todo un conjunto de requisitos indispensables de acción recíproca. Pero como nuestros recursos son limitados, es necesario e importante identificar en cada situación cuáles de las partes del sistema son más restringidas, a fin de aplicar los limitados recursos donde vayan a producir los mayores beneficios. De todos modos debemos hacer la observación que hay una complejidad de condiciones locales, que varían de un lugar a otro, por lo que no podemos aplicar una regla de forma general, por lo que en el sector agropecuario no existe una llave mágica que abra las soluciones inmediatas a la problemática planteada. Es sabido que no puede evaluarse ninguna política si no lo hacemos en el contexto de las condiciones locales y en el estudio de esas condiciones, en su relación con políticas alternas es lo que resultará satisfactorio.
Lo que se necesita es un instrumento de análisis, un método para abordar la política agropecuaria, que nos indique los factores que debemos considerar al planear un programa, las alternativas, según sean las condiciones locales.
Esto y mucho más, es en nuestra opinión, es lo que nos ofrece el Plan Panamá Rural 2001-2004, y su complemento visión 2010, presentando por el Ministro de Desarrollo Agropecuario, Ing. Pedro Adán Gordón, en días recientes. Este documento no sólo identifica y clasifica problemas claves del sector, sino que ofrece soluciones prácticas y cuantifica el costo de llevarlas a cabo. Asimismo, cómo se llevarán a la realidad y por quiénes. Hemos leído el documento con detenimiento y no es nuestro objeto de este escrito desarrollar el mismo, sin embargo lo que nos ha llamado la atención en propuestas similares, uno de ellos "la nueva ruralidad" que se resume en hacer ver a la sociedad civil que adopte una visión renovada de la competitividad bajo un enfoque de equidad, en el cual se reconozca el valor estratégico de la producción rural para el crecimiento nacional y el bienestar humano y se valore asimismo su capacidad para ocupar un espacio en el proceso de globalización económica e integración regional. Significa construir una nueva relación entre las familias rurales y entre ellas, la tierra, el medio ambiente y el mercado, todo ello con la finalidad de tecnificar y profesionalizar la producción agrícola, pecuaria, forestal y agroempresarial y además revalorizar el aporte al desarrollo rural nacional de las mujeres, los jóvenes y los pueblos indígenas. Este nuevo concepto es sinónimo de nuevas y equitativas oportunidades para que la gente permanezca en el medio rural.
"La nueva institucionalidad rural", que es el otro concepto clave de este importante documento, nos indica que el momento ha llegado de "invertir la pirámide" para transitar desde una cultura en donde las decisiones y acciones van de arriba hacia abajo, a una cultura en que éstas se definen desde la gente y los territorios locales; ello afectará profundamente los roles, funciones y la percepción que de sí mismos tienen los diferentes actores que participan en el sector agropecuario y en el medio rural. Ello incluye a los productores, las comunidades, las organizaciones de jóvenes y mujeres, los pueblos indígenas y las empresas que forman las cadenas del sector.
Esta nueva institucionalidad, tanto privada como pública, se visualiza en una vasta red de organizaciones sociales, empresas asociativas y de cadenas agroalimentarias, que poseen la competencia técnica y de gestión para impulsar y sostener negocios agropecuarios y un estado descentralizado, altamente profesional, con capacidad de asumir el rol de liderar, orientar, regular y apoyar los procesos del sector y que a su vez ampara y apoya los sectores de mayor vulnerabilidad. Estos conceptos nuevos en nuestro país serán costosos, pero el dinero quizás sería la necesidad más fácil de satisfacer, no alcanzaremos esas metas claramente definidas en este documento a menos que miles de personas, técnicos, funcionarios, campesinos y agricultores estén dispuestos a iniciar un cambio radical de actitudes. No tenemos tiempo ni espacio para las confrontaciones, el paternalismo a ultranza, ni la política destructiva. Apoyemos estas iniciativas, veamos nuestra patria a largo plazo, ya que no podemos quedarnos a la vera del camino viendo pasar el tren del desarrollo. Busquemos un Panamá mejor en armonía y concordia.
Agrónomos, economistas, extensionistas, expertos en recursos hidráulicos, suelos, ecologistas, sociólogos, etc., por años hemos venido exponiendo los problemas del sector, así como probables soluciones para lograr un desarrollo acelerado de la agricultura en nuestro país; todos estamos en lo cierto en nuestras apreciaciones, pero las soluciones han sido incompletas, porque ahora sabemos que el desarrollo de la agricultura es un problema de sistemas y las soluciones van a funcionar sólo si logramos atender todo un conjunto de requisitos indispensables de acción recíproca. Pero como nuestros recursos son limitados, es necesario e importante identificar en cada situación cuáles de las partes del sistema son más restringidas, a fin de aplicar los limitados recursos donde vayan a producir los mayores beneficios. De todos modos debemos hacer la observación que hay una complejidad de condiciones locales, que varían de un lugar a otro, por lo que no podemos aplicar una regla de forma general, por lo que en el sector agropecuario no existe una llave mágica que abra las soluciones inmediatas a la problemática planteada. Es sabido que no puede evaluarse ninguna política si no lo hacemos en el contexto de las condiciones locales y en el estudio de esas condiciones, en su relación con políticas alternas es lo que resultará satisfactorio.
Lo que se necesita es un instrumento de análisis, un método para abordar la política agropecuaria, que nos indique los factores que debemos considerar al planear un programa, las alternativas, según sean las condiciones locales.
Esto y mucho más, es en nuestra opinión, es lo que nos ofrece el Plan Panamá Rural 2001-2004, y su complemento visión 2010, presentando por el Ministro de Desarrollo Agropecuario, Ing. Pedro Adán Gordón, en días recientes. Este documento no sólo identifica y clasifica problemas claves del sector, sino que ofrece soluciones prácticas y cuantifica el costo de llevarlas a cabo. Asimismo, cómo se llevarán a la realidad y por quiénes. Hemos leído el documento con detenimiento y no es nuestro objeto de este escrito desarrollar el mismo, sin embargo lo que nos ha llamado la atención en propuestas similares, uno de ellos "la nueva ruralidad" que se resume en hacer ver a la sociedad civil que adopte una visión renovada de la competitividad bajo un enfoque de equidad, en el cual se reconozca el valor estratégico de la producción rural para el crecimiento nacional y el bienestar humano y se valore asimismo su capacidad para ocupar un espacio en el proceso de globalización económica e integración regional. Significa construir una nueva relación entre las familias rurales y entre ellas, la tierra, el medio ambiente y el mercado, todo ello con la finalidad de tecnificar y profesionalizar la producción agrícola, pecuaria, forestal y agroempresarial y además revalorizar el aporte al desarrollo rural nacional de las mujeres, los jóvenes y los pueblos indígenas. Este nuevo concepto es sinónimo de nuevas y equitativas oportunidades para que la gente permanezca en el medio rural.
"La nueva institucionalidad rural", que es el otro concepto clave de este importante documento, nos indica que el momento ha llegado de "invertir la pirámide" para transitar desde una cultura en donde las decisiones y acciones van de arriba hacia abajo, a una cultura en que éstas se definen desde la gente y los territorios locales; ello afectará profundamente los roles, funciones y la percepción que de sí mismos tienen los diferentes actores que participan en el sector agropecuario y en el medio rural. Ello incluye a los productores, las comunidades, las organizaciones de jóvenes y mujeres, los pueblos indígenas y las empresas que forman las cadenas del sector.
Esta nueva institucionalidad, tanto privada como pública, se visualiza en una vasta red de organizaciones sociales, empresas asociativas y de cadenas agroalimentarias, que poseen la competencia técnica y de gestión para impulsar y sostener negocios agropecuarios y un estado descentralizado, altamente profesional, con capacidad de asumir el rol de liderar, orientar, regular y apoyar los procesos del sector y que a su vez ampara y apoya los sectores de mayor vulnerabilidad. Estos conceptos nuevos en nuestro país serán costosos, pero el dinero quizás sería la necesidad más fácil de satisfacer, no alcanzaremos esas metas claramente definidas en este documento a menos que miles de personas, técnicos, funcionarios, campesinos y agricultores estén dispuestos a iniciar un cambio radical de actitudes. No tenemos tiempo ni espacio para las confrontaciones, el paternalismo a ultranza, ni la política destructiva. Apoyemos estas iniciativas, veamos nuestra patria a largo plazo, ya que no podemos quedarnos a la vera del camino viendo pasar el tren del desarrollo. Busquemos un Panamá mejor en armonía y concordia.