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Mejorando la calidad de los políticos


Esta situación es preocupante, porque cuando fracasa la política se abren varias alternativas, cualquiera de ellas inquietante. Una de ellas es que los ciudadanos se vuelvan crecientemente apáticos y se desentiendan de la política, lo cual tiene consecuencias nefastas, ya que de esa forma se reduce el control social de los políticos cuestionables y aumenta su poder. Otra es que el deterioro de la confianza en el sistema político tradicional dé lugar a expresiones intransigentes y hasta violentas, un síntoma de alerta que no puede ser desoído. Una tercera posibilidad se expresa en la experiencia de algunos países latinoamericanos y de otras latitudes, donde el desprestigio de los políticos tradicionales abrió paso a dirigentes que se presentaron como alternativas de hecho y no de derecho y que, en la mayoría de los casos, desarrollaron conductas autoritarias y prácticas corruptas lesivas para la democracia y la sociedad que caen bajo sus influjos.
En suma, la única alternativa que tiene el sistema político es corregirse a sí mismo, lo cual implica que los dirigentes deben tomar en cuenta los problemas y desafíos que enfrenta la sociedad y las prevenciones para mejorar la calidad de la vida política. Un primer requisito para avanzar en este sentido consiste en que los políticos que tienen capacidad de decisión en los poderes Ejecutivo o Legislativo o en los diferentes estamentos del Estado, pongan en marcha políticas destinadas a atender las necesidades cruciales de la población, en materia de empleo y de ingreso. Y que esas políticas no se conviertan en prendas de manejos electorales o cortoplacistas.
Otro requerimiento es que no se obstruyan los procedimientos de la justicia destinados a esclarecer delitos en los que estén involucrados políticos que ejercieron el poder en el pasado o en la actualidad, ya que de esa forma contribuiría a restañar la confianza de la ciudadanía en sus representantes y a construir una cultura de la transparencia y la administración honesta de los asuntos públicos.
Finalmente, es necesario avanzar hacia una reforma política que contribuya a mejorar la calidad de la representación de los ciudadanos en la vida partidaria y en el sistema electoral, creando mecanismos que abran opciones y reduzcan los grados de arbitrariedad de los dirigentes.


101 años de Panamá América

 
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