Mejores días para el Seguro Social
Todo comienzo trae consigo su obligada dosis de esperanza. Y al tratarse del inicio de un nuevo año, también de buenos propósitos. Estas son dos sentimientos que nos embargan al estrenarse el 2007: ilusión y ganas de buen cambio. Primero con respecto al país, y de manera muy especial con la Caja de Seguro Social (CSS).
El 2006 fue muy difícil para esta institución. El incidente que marcó el año, y a la Caja en sí, fue el envenenamiento de pacientes con una sustancia mortal que, de manera inexplicable, fue a parar a medicamentos que la entidad procesaba y entregaba a los asegurados y sus beneficiarios. Esta situación hizo tambalear la confianza de los ciudadanos en la dirección de esta corporación de salud, amén del agravio a sus finanzas, que se vieron afectadas por los desembolsos inesperados que se hicieron para paliar la tempestad.
Luego de esto, las protestas de airados jubilados paralizaron las calles de la ciudad. La consigna: treinta balboas más para engrosar sus humildes, y muchas veces ridículas, pensiones. Al final de la contienda, el Seguro Social claudicó en parte de sus argumentos contrarios al aumento, y tuvo que aceptar el desembolso de por lo menos diez balboas mensuales a cada jubilado del país. El resto del dinero será puesto por el gobierno central, que después de mucha presión encontró fondos que antes negaba tener.
Así las cosas, el panorama no ha sido fácil para la Caja, que ya venía tambaleando desde que se impuso el tema de la reforma a su ley orgánica, lo que también levantó vapores en su momento, e hizo del 2005 un año de batallas campales y desequilibrio político y social. A pesar de estos antecedentes, que presentan dos años previos llenos de angustias para la CSS, no podemos sustraernos a los deseos de buen viento para esta institución magna y solidaria, abrigo de la mayoría de los panameños.
El 2006 fue muy difícil para esta institución. El incidente que marcó el año, y a la Caja en sí, fue el envenenamiento de pacientes con una sustancia mortal que, de manera inexplicable, fue a parar a medicamentos que la entidad procesaba y entregaba a los asegurados y sus beneficiarios. Esta situación hizo tambalear la confianza de los ciudadanos en la dirección de esta corporación de salud, amén del agravio a sus finanzas, que se vieron afectadas por los desembolsos inesperados que se hicieron para paliar la tempestad.
Luego de esto, las protestas de airados jubilados paralizaron las calles de la ciudad. La consigna: treinta balboas más para engrosar sus humildes, y muchas veces ridículas, pensiones. Al final de la contienda, el Seguro Social claudicó en parte de sus argumentos contrarios al aumento, y tuvo que aceptar el desembolso de por lo menos diez balboas mensuales a cada jubilado del país. El resto del dinero será puesto por el gobierno central, que después de mucha presión encontró fondos que antes negaba tener.
Así las cosas, el panorama no ha sido fácil para la Caja, que ya venía tambaleando desde que se impuso el tema de la reforma a su ley orgánica, lo que también levantó vapores en su momento, e hizo del 2005 un año de batallas campales y desequilibrio político y social. A pesar de estos antecedentes, que presentan dos años previos llenos de angustias para la CSS, no podemos sustraernos a los deseos de buen viento para esta institución magna y solidaria, abrigo de la mayoría de los panameños.