Mejores vientos soplan en Cuba
Corresponsal de El Panamá América en Washington
La épica visita del papa Juan Pablo II abre un nuevo y más esperanzado capítulo en la relación de Cuba con el resto del mundo, especialmente con Latinoamérica y, tal vez, también con Estados Unidos.
Este es un juicio generalizado en los medios diplomáticos aquí, reforzado por las declaraciones del presidente Fidel Castro, en público y en conversaciones privadas.
Es cierto que algunos sectores disidentes se muestran cautelosos, advirtiendo que "ahora que se ha ido el papa se viene la reacción", o sea, la posibilidad del regreso a una mano dura.
Sin embargo, los más veteranos observadores advierten un grado de optimismo no sólo entre los de la clase política sino en el grueso del público que no se había registrado en muchos años.
"Desde la llegada del Papa la alegría ha inundado la isla", exclamó Rafael, un ingeniero agrónomo que tuvo un alto cargo en el gobierno revolucionario, se dice "marxista y no creyente" y no es muy dado a las expresiones emotivas.
Los diplomáticos no distan de su caracterización del viaje de cinco días con sus repetidos llamados a la tolerancia y a la apertura espiritual, que conmovió hasta a algunos de los más decididos líderes revolucionarios.
"La estadía del Sumo Pontífice y su cálido recibimiento tanto del gobierno como del pueblo de Cuba, ha tenido una repercusión extraordinaria", opinó el embajador Juan Ramón de Roux de Panamá, que ha observado la evolución del régimen cubano desde 1996, tras cumplir seis años encabezando la representación de su país en Brasilia.
Al igual que muchos otros diplomáticos latinoamericanos acreditados ante el gobierno cubano, de Roux reconoció la importancia del mensaje papal al mundo, pero de forma muy especial a Iberoamérica, para que "trabajen eficazmente" por "aunar esfuerzos y superar obstáculos para que el pueblo cubano, protagonista de su historia, mantenga relaciones internacionales que favorezcan siempre el bien común..."
"Difícilmente se podrá desatender esta clara convocatoria a extender la mano a una república hermana y reintegrarla al concierto hemisférico", ponderó el diplomático panameño.
Es probable que este tema surja en la reunión de cancilleres del Grupo de Río y de la Unión Europea que se celebrará en Panamá el 11 y 12 de febrero, según informaciones obtenidas de fuentes oficiales por este periódico.
Brasil y México ya han hecho sondeos ante distintas cancillerías para asegurar la presencia de Cuba en la reunión de los jefes de Estado de los dos organismos regionales que se prevé para 1999, en la ciudad de Río de Janeiro.
Los dos importantes gobiernos también han salido al paso a una maniobra del gobierno de Nicaragua, para cambiar la sede de la cumbre Iberoamericana que ha sido fijada para La Habana en 1999.
Los 14 países del grupo de Río también adoptarían medidas y resoluciones para apoyar al Vaticano y a la iglesia católica de Estados Unidos en sus esfuerzos por conseguir medicamentos y comida que no llegan a Cuba por causa del bloqueo.
Hasta el momento, sólo Estados Unidos no se ha dado por enterado de lo que pasa. Por lo menos así pretende, o quizás esta semana todo en Washington está demasiado enfrascado exclusivamente en los escándalos que rodean al presidente Bill Clinton y la situación con Irak para que se den por aludidos.
Es decir, todo menos el siempre activo senador Jesse Helms cuyos asesores, apenas de regreso de Cuba, ya están preparando proyectos de ley, supuestamente para enviar medicinas y alimentos a Cuba a través de la Cruz Roja de los Estados Unidos, anticipando que Castro lo rechazaría por ser condescendiente y limosnero.
En un comunicado de prensa emitida por la oficina de Helms, el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado califica su propuesta como una ayuda "a los más necesitados, especialmente los prisioneros políticos y sus familiares", informó hoy el Miami Herald desde Washington.
Fuentes del Congreso señalan de que con toda seguridad Helms tiene la intención de "descarrilar" de esta manera al proyecto del senador demócrata Christopher Dodd de Connecticut y el congresista Esteban Torres de California, que levantaría el embargo a la medicina y los alimentos sin condiciones o motivos ulteriores.
Sin embargo, la iniciativa DoddTorres, que tiene el apoyo de dos influyentes figuras republicanas, el senador John Warner de Virginia y el congresista Jim Leach, presidente del comité bancario de la Cámara, de Iowa, es el centro de atención de una creciente corriente de asociaciones cívicas que, junto con el episcopado de Estados Unidos y varias asociaciones protestantes y judías, abogan por el levantamiento del embargo, por lo menos para las medicinas y los alimentos.
Entre los líderes de este movimento se encuentran el financista David Rockefeller, James Schlesinger, el exdirector de la CIA del gobierno de Ronald Reagan, así como el cineasta Oliver Stone.
Por cierto, Cuba necesita no sólo ayuda humanitaria sino una fuerte inyección a su comercio exterior, inversiones y un mayor intercambio cultural proveniente de distintas vertientes políticas y culturales, tal como lo destacó el Papa, si entendemos cultura como conciencia de la relación del ser humano con el mundo que le rodea.
La épica visita del papa Juan Pablo II abre un nuevo y más esperanzado capítulo en la relación de Cuba con el resto del mundo, especialmente con Latinoamérica y, tal vez, también con Estados Unidos.
Este es un juicio generalizado en los medios diplomáticos aquí, reforzado por las declaraciones del presidente Fidel Castro, en público y en conversaciones privadas.
Es cierto que algunos sectores disidentes se muestran cautelosos, advirtiendo que "ahora que se ha ido el papa se viene la reacción", o sea, la posibilidad del regreso a una mano dura.
Sin embargo, los más veteranos observadores advierten un grado de optimismo no sólo entre los de la clase política sino en el grueso del público que no se había registrado en muchos años.
"Desde la llegada del Papa la alegría ha inundado la isla", exclamó Rafael, un ingeniero agrónomo que tuvo un alto cargo en el gobierno revolucionario, se dice "marxista y no creyente" y no es muy dado a las expresiones emotivas.
Los diplomáticos no distan de su caracterización del viaje de cinco días con sus repetidos llamados a la tolerancia y a la apertura espiritual, que conmovió hasta a algunos de los más decididos líderes revolucionarios.
"La estadía del Sumo Pontífice y su cálido recibimiento tanto del gobierno como del pueblo de Cuba, ha tenido una repercusión extraordinaria", opinó el embajador Juan Ramón de Roux de Panamá, que ha observado la evolución del régimen cubano desde 1996, tras cumplir seis años encabezando la representación de su país en Brasilia.
Al igual que muchos otros diplomáticos latinoamericanos acreditados ante el gobierno cubano, de Roux reconoció la importancia del mensaje papal al mundo, pero de forma muy especial a Iberoamérica, para que "trabajen eficazmente" por "aunar esfuerzos y superar obstáculos para que el pueblo cubano, protagonista de su historia, mantenga relaciones internacionales que favorezcan siempre el bien común..."
"Difícilmente se podrá desatender esta clara convocatoria a extender la mano a una república hermana y reintegrarla al concierto hemisférico", ponderó el diplomático panameño.
Es probable que este tema surja en la reunión de cancilleres del Grupo de Río y de la Unión Europea que se celebrará en Panamá el 11 y 12 de febrero, según informaciones obtenidas de fuentes oficiales por este periódico.
Brasil y México ya han hecho sondeos ante distintas cancillerías para asegurar la presencia de Cuba en la reunión de los jefes de Estado de los dos organismos regionales que se prevé para 1999, en la ciudad de Río de Janeiro.
Los dos importantes gobiernos también han salido al paso a una maniobra del gobierno de Nicaragua, para cambiar la sede de la cumbre Iberoamericana que ha sido fijada para La Habana en 1999.
Los 14 países del grupo de Río también adoptarían medidas y resoluciones para apoyar al Vaticano y a la iglesia católica de Estados Unidos en sus esfuerzos por conseguir medicamentos y comida que no llegan a Cuba por causa del bloqueo.
Hasta el momento, sólo Estados Unidos no se ha dado por enterado de lo que pasa. Por lo menos así pretende, o quizás esta semana todo en Washington está demasiado enfrascado exclusivamente en los escándalos que rodean al presidente Bill Clinton y la situación con Irak para que se den por aludidos.
Es decir, todo menos el siempre activo senador Jesse Helms cuyos asesores, apenas de regreso de Cuba, ya están preparando proyectos de ley, supuestamente para enviar medicinas y alimentos a Cuba a través de la Cruz Roja de los Estados Unidos, anticipando que Castro lo rechazaría por ser condescendiente y limosnero.
En un comunicado de prensa emitida por la oficina de Helms, el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado califica su propuesta como una ayuda "a los más necesitados, especialmente los prisioneros políticos y sus familiares", informó hoy el Miami Herald desde Washington.
Fuentes del Congreso señalan de que con toda seguridad Helms tiene la intención de "descarrilar" de esta manera al proyecto del senador demócrata Christopher Dodd de Connecticut y el congresista Esteban Torres de California, que levantaría el embargo a la medicina y los alimentos sin condiciones o motivos ulteriores.
Sin embargo, la iniciativa DoddTorres, que tiene el apoyo de dos influyentes figuras republicanas, el senador John Warner de Virginia y el congresista Jim Leach, presidente del comité bancario de la Cámara, de Iowa, es el centro de atención de una creciente corriente de asociaciones cívicas que, junto con el episcopado de Estados Unidos y varias asociaciones protestantes y judías, abogan por el levantamiento del embargo, por lo menos para las medicinas y los alimentos.
Entre los líderes de este movimento se encuentran el financista David Rockefeller, James Schlesinger, el exdirector de la CIA del gobierno de Ronald Reagan, así como el cineasta Oliver Stone.
Por cierto, Cuba necesita no sólo ayuda humanitaria sino una fuerte inyección a su comercio exterior, inversiones y un mayor intercambio cultural proveniente de distintas vertientes políticas y culturales, tal como lo destacó el Papa, si entendemos cultura como conciencia de la relación del ser humano con el mundo que le rodea.