Memoria de las Torres Gemelas
A los dos años de ese día de ingrata recordación en que el terrorismo demostró que no tiene límites en su torvo accionar, es preciso efectuar un análisis de lo que significó para el mundo aquel 11 de septiembre, el cual quedó eternizado en la historia del planeta como fecha que rememora la gravitación de la barbarie en el tiempo contemporáneo, no obstante los admirables adelantos de la civilización.
Encontrarse actualmente en el sitio donde se levantaban, admirables, las Tores Gemelas del Centro Mundial de Comercio, en Nueva York, es mirar amplio y sobrecogedor espacio, rodeado de altas edificaciones, donde los tractores retiran los últimos escombros de lo que fue uno de los íconos de nuestro tiempo, por su monumentalidad y significado.
Allí quedó, para siempre, el sacrificio de miles de seres humanos víctimas del fanatismo criminal, como el mayor de los testimonios de que el terrorismo es un implacable y gigantesco enemigo de la Humanidad. ¿Qué duda cabe al respecto? Los amantes del caos perpetraron, en aquel aciago día, las increíbles atrocidades que jamás el planeta olvidará, y jamás debe hacerlo, precisamente para protegerse de tan siniestra y colosal amenaza, y realizar acciones eficaces y de mutua solidaridad de los países en salvaguardia de la racionalidad y el bien común.
Frente a la célebre bahía, como uno de los principales referentes de la "Gran Manzana", las Torres Gemelas, con sus 110 pisos, recibieron el impacto de dos aviones con pasajeros y tripulaciones adentro. Indescriptibles fueron las escenas que, con todo patetismo, proyectaron los canales de televisión, en el mismo instante que se producían los escalofriantes hechos.
Por efecto de estas acciones, premeditadas con la mayor exactitud y maldad, cayeron las magníficas estructuras y perecieron, quemadas y sepultadas en vida, miles de personas pertenecientes a 86 naciones, a las que se les afectó, además, en sus intereses económicos y de otra índole.
Es por ello que, con razones más que justificadas, se catalogó a los atentados en referencia como ataques no solamente a los Estados Unidos, sino a la comunidad mundial, pues las víctimas pertenecieron a todas las religiones y grupos étnicos.
Si lo indicado fuera poco, en aquel luctuoso día otros dos aviones fueron secuestrados también por fundamentalistas suicidas. Uno impactó en el Pentágono y el otro no pudo alcanzar la Casa Blanca o el Capitolio, debido a la heroica resistencia de sus ocupantes.
Ante lo acontecido, el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, declaró: "Los ataques tuvieron lugar en suelo norteamericano, pero fueron ataques al corazón y al alma del mundo civilizado. Y el mundo se ha unido para librar una guerra nueva y diferente, la primera, y esperamos que sea la única, del siglo XXI, una guerra contra todos aquellos que tratan de exportar el terrorismo y una guerra contra aquellos gobiernos que los apoyan y albergan".
La guerra al terrorismo es consecuencia de lo referido y demanda de todos los gobiernos libres y democráticos plena y recíproca colaboración, para extirpar a esta inconmensurable plaga de los años actuales y de la que ningún país puede decir que está sin riesgo constante y de gran peligro.
Por responsabilidad con las presentes y futuras generaciones, la memoria de las Torres Gemelas recomienda no bajar la guardia ante la acechanza de los sanguinarios y cobardes devotos del terror.
Jované se irá de la Caja de Seguro Social hoy, mañana o pasado, pero la herencia de graves desaciertos, de sus constantes intentos de dividir la sociedad panameña y su innegable interés en politizar la institución, le harán a su sucesor una tarea de rectificación de rumbos sumamente difícil. Sólo lo podrá lograr si consigue un respaldo colectivo, concilia posiciones y no promueve las confrontaciones estériles.
Encontrarse actualmente en el sitio donde se levantaban, admirables, las Tores Gemelas del Centro Mundial de Comercio, en Nueva York, es mirar amplio y sobrecogedor espacio, rodeado de altas edificaciones, donde los tractores retiran los últimos escombros de lo que fue uno de los íconos de nuestro tiempo, por su monumentalidad y significado.
Allí quedó, para siempre, el sacrificio de miles de seres humanos víctimas del fanatismo criminal, como el mayor de los testimonios de que el terrorismo es un implacable y gigantesco enemigo de la Humanidad. ¿Qué duda cabe al respecto? Los amantes del caos perpetraron, en aquel aciago día, las increíbles atrocidades que jamás el planeta olvidará, y jamás debe hacerlo, precisamente para protegerse de tan siniestra y colosal amenaza, y realizar acciones eficaces y de mutua solidaridad de los países en salvaguardia de la racionalidad y el bien común.
Frente a la célebre bahía, como uno de los principales referentes de la "Gran Manzana", las Torres Gemelas, con sus 110 pisos, recibieron el impacto de dos aviones con pasajeros y tripulaciones adentro. Indescriptibles fueron las escenas que, con todo patetismo, proyectaron los canales de televisión, en el mismo instante que se producían los escalofriantes hechos.
Por efecto de estas acciones, premeditadas con la mayor exactitud y maldad, cayeron las magníficas estructuras y perecieron, quemadas y sepultadas en vida, miles de personas pertenecientes a 86 naciones, a las que se les afectó, además, en sus intereses económicos y de otra índole.
Es por ello que, con razones más que justificadas, se catalogó a los atentados en referencia como ataques no solamente a los Estados Unidos, sino a la comunidad mundial, pues las víctimas pertenecieron a todas las religiones y grupos étnicos.
Si lo indicado fuera poco, en aquel luctuoso día otros dos aviones fueron secuestrados también por fundamentalistas suicidas. Uno impactó en el Pentágono y el otro no pudo alcanzar la Casa Blanca o el Capitolio, debido a la heroica resistencia de sus ocupantes.
Ante lo acontecido, el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, declaró: "Los ataques tuvieron lugar en suelo norteamericano, pero fueron ataques al corazón y al alma del mundo civilizado. Y el mundo se ha unido para librar una guerra nueva y diferente, la primera, y esperamos que sea la única, del siglo XXI, una guerra contra todos aquellos que tratan de exportar el terrorismo y una guerra contra aquellos gobiernos que los apoyan y albergan".
La guerra al terrorismo es consecuencia de lo referido y demanda de todos los gobiernos libres y democráticos plena y recíproca colaboración, para extirpar a esta inconmensurable plaga de los años actuales y de la que ningún país puede decir que está sin riesgo constante y de gran peligro.
Por responsabilidad con las presentes y futuras generaciones, la memoria de las Torres Gemelas recomienda no bajar la guardia ante la acechanza de los sanguinarios y cobardes devotos del terror.
Jované se irá de la Caja de Seguro Social hoy, mañana o pasado, pero la herencia de graves desaciertos, de sus constantes intentos de dividir la sociedad panameña y su innegable interés en politizar la institución, le harán a su sucesor una tarea de rectificación de rumbos sumamente difícil. Sólo lo podrá lograr si consigue un respaldo colectivo, concilia posiciones y no promueve las confrontaciones estériles.