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“Mendigos en lecho de oro”


En lo económico y social es mucho, a la vez, lo que queda por andar… Hay pueblos para los que no han perdido vigencia, como una triste realidad, la definición que de ellos dijo un diplomático latinoamericano: “Son mendigos que reposan en lecho de oro”. Y es que en gran proporción permanecen postergadas las posibilidades en lo tocante a la explotación inteligente, intensiva y orgánica de las fuentes naturales de recursos. No se han aprovechado como debían las tierras, aptas para producir los diversos frutos y sustentar una producción agropecuaria numerosa y excelente, ni los combustibles que guarda el subsuelo y las fuentes energéticas en que pueden convertirse las caídas y corrientes de agua.

La sociedad como un organismo establece un paralelo entre la medicina y la economía política. La medicina es la ciencia de la salud, antes que la ciencia de la enfermedad. La economía política, del mismo modo, no es únicamente la ciencia de la riqueza. Es también la ciencia de la pobreza.

En todo lo que se habla, se escribe y se discute sobre nuestros problemas se plantean demandas tenidas por impostergables, se formulan observaciones dictadas por el ánimo de promover beneficiosas reformas y se proponen soluciones conducentes a logros positivos. Consideramos que no tenemos por qué sentirnos alarmados ni disgustados cuando no en todos los casos las críticas son enteramente justas, cuando las posiciones adoptadas no evidencian siempre serenidad ni realista comprensión de los hechos, cuando las soluciones que se proponen no aparecen como las más factibles. También los excesos, errores e incomprensiones de la crítica constructiva forman parte del espíritu de este debate en escala hemisférica y son beneficiosos para sus resultados, ya que si todos los caminos conducen a Roma, todas las discusiones de buena fe llevan a la verdad.

Hay que estimular la inversión entendida en el aspecto de la promoción del desarrollo de la producción y las industrias, creación de fuentes de trabajo y rehabilitación de las zonas subdesarrolladas. Esto quiere decir que Panamá, como el resto de los países latinoamericanos, debe empezar por poner nuestras casas en orden. Allí donde existe un clima de deshonestidad y desorden en la vida pública y faltan garantías jurídicas; allí donde el Estado sustituye a los particulares en los negocios e industrias y en lugar de orientar inteligentemente la economía de acuerdo con las necesidades nacionales, pretende dirigir a su arbitrio; allí donde, en una palabra, no hay seguridad, la iniciativa particular responsable se retrae.

Ningún capital o empresa actúa con fines de beneficencia. El capital tiende a obtener una ganancia: que ella sea razonable, es lo que debe prevenirse mediante la recta aplicación de las disposiciones legales y la honradez de las autoridades encargadas de vigilar su cumplimiento.

101 años de Panamá América

 
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