Menores delincuentes
La lección que a diarios han venido recibiendo la adolescencia y la niñez de nuestro país por parte del hampa, la han convertido, igualmente, en hampones. Hay ya entre nosotros jovencitos, y aún hasta niños de 12 y 13 años de edad convertidos en mulas, distribuidores y vendedores de drogas y asaltantes, arma en mano, de personas en particular y en negocios. Se ha llegado al extremo de que para hacerse miembro de una pandilla, ha tenido que demostrar el aspirante que él califica, mediante la comisión de un ilícito. Se ha dado el caso de dispararle uno de ellos a un inocente a quien se dejó lisiado de por vida, para lograr la aceptación en la pandilla.
La creciente delincuencia de estos menores se afirma por la exagerada protección que tienen. No se les puede aplicar la ley como a los adultos. Hay que considerarlos en toda forma. Sorprendidos en la comisión de un delito cualquiera, o tras haberlo cometido, no se pueden publicar sus nombres y mucho menos que se les vea el rostro. Sencillamente, la ley los estimula a quebrantar la ley. Mejor protección no se les podría ofrecer.
El resultado: hoy en día tenemos menores ladrones, violadores, pandilleros homicidas que no pocas veces se han evadido en las cárceles, a pesar de ser peligrosos, por la escasa vigilancia que merecieron mientras estaban detenidos. Se han hecho acreedores a especial consideración, tanto fuera de las cárceles como dentro de ellas.
Los dictados de la ley y la sabiduría de los antiguos se esfumaron; para cuando de menores de edad se trata. Para ellos no cuenta el precepto que dice: "Ojo por ojo y diente por diente". Tampoco cuentan las disposiciones que quedaron establecidas en el Código de Justiniano I, emperador de Roma y Constantinopla, publicado en el año 538 bajo su nombre, a saber: "En los crímenes no se beneficia a los menores de edad, pues la debilidad de ánimo no excusa las costumbres de los perversos." (Lib. II, tit. XXXV, ley Ia.) "En los delitos nadie se exime por la edad, ((Lib.II, tit. XXXV, ley 2ª).
Resultado claro que la minoría de edad no puede ser excusa para desconocérsele a estos delincuentes la malicia y se les otorgue patente para garantizarles impunidad.
La creciente delincuencia de estos menores se afirma por la exagerada protección que tienen. No se les puede aplicar la ley como a los adultos. Hay que considerarlos en toda forma. Sorprendidos en la comisión de un delito cualquiera, o tras haberlo cometido, no se pueden publicar sus nombres y mucho menos que se les vea el rostro. Sencillamente, la ley los estimula a quebrantar la ley. Mejor protección no se les podría ofrecer.
El resultado: hoy en día tenemos menores ladrones, violadores, pandilleros homicidas que no pocas veces se han evadido en las cárceles, a pesar de ser peligrosos, por la escasa vigilancia que merecieron mientras estaban detenidos. Se han hecho acreedores a especial consideración, tanto fuera de las cárceles como dentro de ellas.
Los dictados de la ley y la sabiduría de los antiguos se esfumaron; para cuando de menores de edad se trata. Para ellos no cuenta el precepto que dice: "Ojo por ojo y diente por diente". Tampoco cuentan las disposiciones que quedaron establecidas en el Código de Justiniano I, emperador de Roma y Constantinopla, publicado en el año 538 bajo su nombre, a saber: "En los crímenes no se beneficia a los menores de edad, pues la debilidad de ánimo no excusa las costumbres de los perversos." (Lib. II, tit. XXXV, ley Ia.) "En los delitos nadie se exime por la edad, ((Lib.II, tit. XXXV, ley 2ª).
Resultado claro que la minoría de edad no puede ser excusa para desconocérsele a estos delincuentes la malicia y se les otorgue patente para garantizarles impunidad.