Menos 100 = 1725
Cuando Franklin Delano Roosevelt asumió la presidencia y su país sufría los efectos de “la gran depresión”, y necesitaba, con urgencia, devolver la esperanza a sus conciudadanos, adoptó una serie de medidas para reactivar la economía norteamericana y crear millones de empleos. Desde entonces, es tradicional que los nuevos gobernantes norteamericanos imiten a Roosevelt y anuncien, con bombos y platillos, lo que harán en “los primeros cien días” de su gestión.
En muchos países latinoamericanos, dados a imitar a la potencia del norte, se ha adoptado la práctica estadounidense. ¿Tiene esa burda imitación alguna trascendencia? Como se ha podido comprobar en los “primeros cien días” del nuevo gobierno, la respuesta es que prácticamente ninguna. Pero esa imitación, también ha provocado que algunos altos funcionarios, ministros y de otros niveles, acicateados por la prisa “de demostrar el cambio”, y estimulados por los medios, sin antes haberse siquiera ambientado en sus respectivos despachos, se hayan desbocado en declaraciones y ejecutado acciones impensadas con evidentes desaciertos.
Martinelli, como es tradicional en nuestro país, durante la campaña presidencial, antes que un verdadero “Plan de Gobierno”, presentó una serie de propuestas electorales. Y desde que asumió el gobierno, ha hecho otros anuncios y tomado algunas muy publicitadas acciones, pero sigue debiéndole al país mayores precisiones sobre los tiempos y la manera en que concretará sus promesas electorales. Tampoco se ha ocupado de llenar claras lagunas de ese llamado “plan de gobierno”, como son, por ejemplo, la definición de una “política exterior”, la ausencia de reformas institucionales en materia electoral o de una “política de seguridad”, para mencionar solo algunas. En el tema de seguridad, es injustificable que después de haber enarbolado su derogación como una de sus banderas electorales, todavía sigan vigentes los decretos-leyes Torrijos-Delgado.
Algunas cosas positivas han ocurrido en los famosos “cien días”, como el programa “100 a los 70”. Sin embargo, es incomprensible que en la prisa se les olvidara que un programa de asistencia social no debe favorecer a aquellos que no lo necesitan. También es positivo el aumento de 100 balboas a “los policías” de a pie; pero no el incremento de 1,000 balboas mensuales a los comisionados.
Si se oponen a lo anterior algunos anuncios como el del “convenio de las bases navales”, pendiente de mejores aclaraciones; la infortunada decisión, suspendida pero no descartada, de comprar un avión presidencial; el abuso en las compras directas; el naufragio de la reforma del Reglamento de la Asamblea; los cambios y rotaciones en el equipo de gobierno, porque algunos “no embonan”; o la absurda propuesta “de declarar en interinidad a magistrados y jueces”, en abierta violación de la Constitución; el resultado de los “primeros 100 días” no es para celebraciones.
Ahora que ya pasaron los “famosos cien días”, recomendable sería que el nuevo gobierno disminuyera las prisas, comience a serenarse y ofrezca metas y cronogramas sobre lo que proyecta hacer en los 1725 días que le quedan de su mandato para, específicamente, resolver los problemas del transporte, la seguridad, el déficit presupuestario, la galopante deuda pública, la disminución de la pobreza o el urgente y radical mejoramiento de la educación y los servicios de salud.