Mensaje a un sicario (II)
Ustedes los asesinos a sueldo están dominados por Satanás, y mientras más se dediquen a matar, más crecerá la influencia diabólica que un día será “posesión”. Eso implica una alianza tenebrosa con el infierno y, al final del camino, el castigo eterno. No has matado solamente a personas, sino a tu propia conciencia, tu salud mental, tu relación con Dios y con la comunidad. Eres un ciego criminal que culmina su obra matándose a sí mismo al matar tu moral, tu paz interior y un futuro digno. Te conviertes en enemigo de Dios porque atentas contra la vida, te enfrentas con el Autor de la Vida y con El no se juega.
Y tu piensas que la vida sigue igual, pero no es así. La muerte de abogados, policías, jóvenes, empresarios, campesinos, son ya un rosario interminable de víctimas cuyas vidas quedan truncadas manchando de sangre la historia de la Patria. Claro, podrás justificarte diciendo que algunas veces también matas a narcotraficantes por “ajuste de cuentas” y que estás “haciendo limpieza social”, pero yo te pregunto: ¿y quién te ha dado a ti el derecho a matar, a quitar la vida de alguien, sea quien sea? Ese poder sólo lo tiene Dios. No puedes ocupar el lugar de El. Nadie puede hacerlo. La vida siempre es sagrada.
Te pido, te suplico por la humanidad amenazada, y te ordeno en nombre del Señor, renuncia ya a esto. Suelta el arma, reconcíliate con Dios y el pueblo; deja de ser “un enemigo público número uno” de la gente. Recuerda que el que a “hierro mata, a hierro muere”. Es aberrante tu acción y ese dinero que ganas es “plata maldita”.
Limpia tus manos de la sangre de otros y arrodíllate ante Dios y suplica con llanto y dolor que te perdone. El es eternamente misericordioso y con El podemos vencer cualquier atadura de las tinieblas, porque con el Señor somos invencibles.