Mensaje vigente
Hace un año, a escasos nueve días para que se llevase a cabo uno de los torneos electorales más importantes de nuestra historia –sometí a la consideración de los ciudadanos de la capital una modesta reflexión sobre mis anhelos y esperanzas para Panamá y su gente.
Manifesté –con preocupación– que el torneo en referencia “se infectó con una maltrecha escala de valores, tanto éticos como morales, que en nada favorecen al buen desenvolvimiento futuro de nuestro endeble sistema democrático”.
Esa mala praxis que hicieron gala mucho de los protagonistas del proceso electoral –sumada a los escándalos e inconsecuencias que afloraron durante el largo período de campaña - continúan estorbando la consolidación final de ese proyecto inconcluso que es aún la República de Panamá.
Conservo, un año después de las elecciones, la gran satisfacción de haber representado una candidatura autónoma -no como un simple slogan de campaña - sino como actitud válida para enderezar las pequeñeces, caprichos y egoísmos que han conformado, por mucho tiempo, la esencia misma y actividad cotidiana de la política criolla.
Reitero hoy, como ayer que: “La idea de concebir nuestra ciudad como una casa depurada de sus principales defectos se logrará – solamente - cuando el interés general prive sobre el capricho particular. Hablar de todo y con todos será posible cuando el vocabulario de valores sea común entre los actores, y que la aplicación de leyes y normas no sea la excepción sino la regla usual”.
Concurro respetuosamente, a un año de los resultados electorales, que meditemos con nuestras conciencias el rumbo que le queremos dar a nuestro país y su principal ciudad. Ello es necesario porque las cosas, por más que se nos diga lo contrario, no van bien.
Ojalá el sentido común y el deseo de recomponer las cosas cuando aún hay tiempo para hacerlo –y no los continuos dictámenes de posturas arcaicas, ambiciones desmedidas y lealtades mal comprendidas– nos permitan empezar, de una vez por todas, a cristalizar nuestros sueños y poder evitar enterrar el derecho a la esperanza de un mejor mañana para nuestra urbe y los que en ella habitamos.
Por ello quiero hacer un nuevo llamado, a los residentes en la capital para que participemos como ciudadanos en evitar la destrucción de la ciudad que queremos, para todos sin excepción.
Los objetivos de atacar los problemas centrales como la falta de agua, la inseguridad en las calles, la basura, las escuelas en mal estado, los tranques cotidianos, el reacondicionamiento de los centros de salud y sobre todo la restauración de la confianza de los panameños en los políticos serios que enarbolamos la bandera de los independientes frente a los maestros del engaño.