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Mentir o no Mentir


Estoy convencido de que el 95% de los seres humanos ha mentido, de forma relevante o no, alguna o varias veces en la vida. Mentir puede ser algo inocuo, como afirmar que no se quiere algo (por ejemplo, un regalo) cuando en realidad sí se desea y algo muy serio, como afirmar que no se ha robado algo (por ejemplo, millones en el Banco Nacional) cuando es lo contrario.

Hay mentiras “piadosas”, como decirle al paciente que no tiene nada, cuando le quedan pocos días de vida; o a los feligreses que su santo patrón no ha sido adulterado, cuando éste ha sido cambiado por uno diferente. Y mentiras “monstruosas”, como afirmar algo incierto con fines aviesos o de codicia ilimitada. Mentiras, en fin, para todos los gustos y aspectos cotidianos, como los falsos ropajes de algunos religiosos o las soberbias togas de algunos magistrados más corruptos que un cadáver putrefacto.

Cuando se trata de hechos que han afectado o van a afectar la vida ciudadana, la mentira no tiene perdón, porque proviene de seres aviesos de mente perversa que buscan engañar ex profeso a los que les mantienen o van a mantener. A estos bandidos conviene tenerlos lo más lejos posible de nuestras vidas. Personas como el Dr. SINAPROC, Roberto Velásquez; o el “Boy Scout Bailarino”, Mr. Bosco Ricardo Vallarino, no han tenido ningún empacho en mentirnos descaradamente para vender una falsa imagen de personas intachables. De la misma forma que otros no han tenido vergüenza en mentirnos respecto a bombillos que desaparecen, medicinas que matan, buses astrales y asesinos o estatuas de niños que desaparecen y tienen la probable potestad de reencarnar en contrapartes militares en Cuba y Venezuela. ¡Oh, gloriosas maravillas nacionales! Que todo es posible en el mundo de la magia, el disfraz y la imaginación. La mente humana casi no tiene límites, igual que la maldad de los hombres, basta con leer los diarios.

Las promesas electorales pueden transformarse después en un rosario de mentiras. Ya lo hemos vivido muchas veces en diferentes circunstancias y épocas. Y estando en la recta final de lo que serán las elecciones de mayo, no permitas que lleguen al poder aquellos que han tenido la deshonra de mentirnos descaradamente, porque ya puedes suponer las consecuencias del voto irresponsable. Sabemos que algunas promesas son difícilmente realizables, pero podemos darle el beneficio de la duda a los que por ahora no han recurrido a la mentira descarada, votando con una mano y sosteniendo el garrote del futuro reclamo en la otra, en caso de ser necesario. ¡Qué estamos hartos ya de tanta porquería!

Yo votaré, con dudas, pero lo haré por los del cambio, porque un voto en blanco no iría a ninguna parte. Y si pudiese votar por la Alcaldía de Panamá, lo haría, sin lugar a la más mínima duda, por el Dr. Miguel Antonio Bernal, quien representa a la honestidad, a la justicia y al Panamá que todos anhelamos.

Vota con conciencia de lo que haces, no guiado por la falsa luz de la mentira.

101 años de Panamá América

 
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