default

Mentiras en cadena


Pero ésta no es la primera de las mentiras en cadena propagadas por conspicuos representantes del establishment político en las últimas semanas. La serie se inició con la versión de la presencia de guerrilleros zapatistas en Coclesito que agitaban a los campesinos de la zona. Cuando se lanzó esta fantasía nadie en el gobierno reparó en que en esos momentos los zapatistas mexicanos negociaban con el régimen de Vicente Fox la aprobación de una ley de protección de las etnias indígenas y las versiones resultaban contradictorias en un primer examen. Los mismos campesinos que en la selva de Chiapas, México, presionaban para que se les reconociera un status jurídico, no podían aparecer a miles de kilómetros como agitadores en Coclesito, Panamá. Sin embargo, la noticia se echó a rodar y en el colmo del desparpajo se llegó a amenazar con la expulsión del país a los supuestos agitadores extranjeros. Pero nunca aparecieron los guerrilleros.
Asimismo la revelación de interferencia de teléfonos y celulares de conocidos políticos llenó otro peldaño de la cadena de mentiras. Se aseguró a la ciudadanía que se había identificado a los autores y que iban a detenerlos de inmediato. Sin embargo la expectativa abierta sobre el espionaje telefónico no se satisfizo. Los autores del espionaje telefónico, si éste realmente existió, se esfumaron como fantasmas y la historia fue diluyéndose, pasando el folklore político a otros bochinches y bochinchitos.
Tiempo después surgió el asunto de las manipulaciones de una embajada extranjera no identificada, pero señalada en voz baja, para apoyar a los sindicatos alborotados por el aumento del pasaje urbano a 25 centavos. A medida que arreciaban las protestas laborales también arreciaban las puyas indirectas a la representación diplomática caribeña, para dar la impresión de que el movimiento contestatario no era genuino sino artificialmente prefabricado. Se llegó a publicar una fotografía de un supuesto diplomático extranjero el día de la marcha al lado de dirigentes panameños, como prueba de la intromisión en nuestros asuntos internos. Todavía se están riendo en el Parque Santa Ana por la falsa identificación de un jugador de la tercera edad de dominó a quien, desde entonces, llaman en broma sus contertulios "el embajador".
El cúmulo de mentiras en cadena carcome la credibilidad de las más altas autoridades del Ejecutivo y el Legislativo, pintándonos ante propios y extraños como generadores de historias fantásticas de atentados, guerrillas, espionaje telefónico y agitación extranjera, simplemente porque nos dejamos engañar ingenuamente o tal vez porque recurrimos a lanzar bolas sobre planes de desestabilización cuando no reparamos que la incompetencia propia es suficiente para que caigamos en el descrédito.


101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América