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Mentiras verdaderas


En un mundo ideal es muy claro saber dónde están los buenos y dónde los malos; quién miente y quién dice la verdad; quiénes defienden a los ciudadanos y quiénes protegen a los malhechores. Esa no parece ser nuestra realidad.

En las postrimerías de un interminable proceso electoral, el protagonista no es ninguno de los candidatos que aspiran a dirigir esta nación, sino un extranjero procesado por varios delitos en, por lo menos, tres países. Lo más grave es que en el conteo de mentiras y verdades, el susodicho ya lleva dos ganchos para su credibilidad y nuestros líderes políticos llevan dos cruces. La primera fue cuando el candidato a alcalde de la capital negó enfáticamente haber visto siquiera a David Murcia en persona, para luego recuperar la memoria y recordar haber estado en su casa, cuando Murcia habló de presentar fotografías y vídeos. La segunda fue cuando el propio Presidente de la República negó -de forma muy airada- que algún miembro del SPI hubiera servido como escolta de Murcia, para luego reconocer el Ministro de la Presidencia que por los menos tres componentes de ese cuerpo especializado lo habían hecho.

No vamos a entrar aquí en las especulaciones de si lo hacían con conocimiento de sus jefes o no, si lo hacían como una operación de inteligencia, ni si en ese momento Murcia no era un delincuente buscado. El punto es que un sólo hombre con mucho dinero ha podido penetrar nuestro sistema político y el aparato de seguridad del Estado mientras las autoridades y dirigentes políticos, en lugar de buscar que salga toda la verdad a flote para detectar el resto de las vulnerabilidades del sistema, parecieran dedicar toda su energía en una muy chambona operación de encubrimiento, al tiempo que el acusado, cada vez se anota otro punto a su credibilidad. Murcia 2; Gobierno 0.

101 años de Panamá América

 
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