Mercado Laboral y calidad del servicio público
En la medida que el tecnicismo va influyendo en la parte operacional del mercado laboral, de esa misma manera aumenta el desplazamiento del hombre y la mujer como fuerza laboral. Tal acción es un mal necesario, pregonado por la cacareada búsqueda de la eficiencia para ser más competitivos. Los resultados negativos no pueden ser más elocuentes: Un crecimiento alarmante del desempleo en todos los países del mundo y una marcada deficiencia en la entrega del producto final.
El sector privado -por razones obvias- es el que más invierte en tecnología, el que más genera y desecha mano de obra calificada o no y el que menos se beneficia porcentualmente de esa inversión y estrategia laboral. Esto lo evidencia los últimos resultados sobre competitividad y calidad del servicio público que se presta en ese sector. La poca voluntad de institucionalizar programas de capacitación en todos los niveles de la organización, arroja estos resultados en detrimento de la prestación de un servicio público de calidad. En una ocasión se creyó que el gobierno central -incluyendo a los municipios- era el único que podía dedicarse a la prestación de servicios públicos. La globalización de la demanda -dado el expansionismo- de la oferta de un mercado neoliberal competitivo- incluye al sector privado, por la supuesta eficiencia, pero el resultado es igual: un servicio público deficiente, y aún más oneroso que cuando lo prestaban algunas instituciones de carácter estatal; tal es el caso de la luz y teléfono entre otros.
El mercado laboral que abastece de mano de obra a ambos sectores (Gobierno y empresa privada) es tan deficiente como el resultado de su producto. Esta realidad genera dos componentes negativos para cualquiera economía frágil como la nuestra: una marcada inestabilidad laboral que por añadidura, aumenta el desempleo y procura un descrédito a la calidad de los servicios públicos que presta el gobierno y el sector privado.
Mejorar la calidad del servicio público como iniciativa de la administración pública, en aras de la modernización del Estado -e incentivar a la reconversión de la gestión por parte de otros actores- dependerá en gran medida, de la voluntad política de los diferentes órganos que interactuan en la gerencia del gobierno. Por su parte, el sector privado le corresponderá invertir para rescatar la cultura de la eficiencia -bastante alejada de nuestro medio-, ya que en la actualidad anda igual o peor que una oficina pública para los tiempos de la dictadura.
La empresa privada, en su afán de lucrar, descuida detalles que demuestran que tampoco está preparada para la prestación de servicios públicos con eficiencia, de lo contrario cómo se explica que los cuentahabientes de un banco local no pudieran realizar sus transacciones bancarias, a través de los cajeros CLAVE durante el fin de semana del año nuevo. Las arrendadoras de autos no están cumpliendo con el servicio de reservaciones a tiempo. De igual forma, el servicio de recolección de la basura -aunque costoso para el usuario- nadie (gobierno-sector privado) lo ha podido prestar con eficiencia en este país. Todo esto para mencionar algunos servicios prestados por la empresa privada, el cual le genera grandes ganancias.
En el sector privado -por disciplina laboral- aún se conservan componentes fundamentales para la prestación de un servicio con calidad como lo son: la confiabilidad, oportunidad, la accesibilidad, transparencia, el trato amable y la logística laboral, pero desafortunadamente su naturaleza de lucro lo aleja de la cultura de servicio a favor de la calidad de vida y el bienestar de todos por igual. No existen dudas de que en ambos sectores hayan las intenciones de brindar un servicio público de calidad, toda vez que ello refleja márgenes de ganancias considerables. Lo que no representa garantía alguna, es el grado de capacidad y el nivel de calidad de ese recurso humano que oferta nuestro mercado laboral para la prestación de un servicio público eficiente que redunde en el crecimiento y desarrollo del país.
El sector privado -por razones obvias- es el que más invierte en tecnología, el que más genera y desecha mano de obra calificada o no y el que menos se beneficia porcentualmente de esa inversión y estrategia laboral. Esto lo evidencia los últimos resultados sobre competitividad y calidad del servicio público que se presta en ese sector. La poca voluntad de institucionalizar programas de capacitación en todos los niveles de la organización, arroja estos resultados en detrimento de la prestación de un servicio público de calidad. En una ocasión se creyó que el gobierno central -incluyendo a los municipios- era el único que podía dedicarse a la prestación de servicios públicos. La globalización de la demanda -dado el expansionismo- de la oferta de un mercado neoliberal competitivo- incluye al sector privado, por la supuesta eficiencia, pero el resultado es igual: un servicio público deficiente, y aún más oneroso que cuando lo prestaban algunas instituciones de carácter estatal; tal es el caso de la luz y teléfono entre otros.
El mercado laboral que abastece de mano de obra a ambos sectores (Gobierno y empresa privada) es tan deficiente como el resultado de su producto. Esta realidad genera dos componentes negativos para cualquiera economía frágil como la nuestra: una marcada inestabilidad laboral que por añadidura, aumenta el desempleo y procura un descrédito a la calidad de los servicios públicos que presta el gobierno y el sector privado.
Mejorar la calidad del servicio público como iniciativa de la administración pública, en aras de la modernización del Estado -e incentivar a la reconversión de la gestión por parte de otros actores- dependerá en gran medida, de la voluntad política de los diferentes órganos que interactuan en la gerencia del gobierno. Por su parte, el sector privado le corresponderá invertir para rescatar la cultura de la eficiencia -bastante alejada de nuestro medio-, ya que en la actualidad anda igual o peor que una oficina pública para los tiempos de la dictadura.
La empresa privada, en su afán de lucrar, descuida detalles que demuestran que tampoco está preparada para la prestación de servicios públicos con eficiencia, de lo contrario cómo se explica que los cuentahabientes de un banco local no pudieran realizar sus transacciones bancarias, a través de los cajeros CLAVE durante el fin de semana del año nuevo. Las arrendadoras de autos no están cumpliendo con el servicio de reservaciones a tiempo. De igual forma, el servicio de recolección de la basura -aunque costoso para el usuario- nadie (gobierno-sector privado) lo ha podido prestar con eficiencia en este país. Todo esto para mencionar algunos servicios prestados por la empresa privada, el cual le genera grandes ganancias.
En el sector privado -por disciplina laboral- aún se conservan componentes fundamentales para la prestación de un servicio con calidad como lo son: la confiabilidad, oportunidad, la accesibilidad, transparencia, el trato amable y la logística laboral, pero desafortunadamente su naturaleza de lucro lo aleja de la cultura de servicio a favor de la calidad de vida y el bienestar de todos por igual. No existen dudas de que en ambos sectores hayan las intenciones de brindar un servicio público de calidad, toda vez que ello refleja márgenes de ganancias considerables. Lo que no representa garantía alguna, es el grado de capacidad y el nivel de calidad de ese recurso humano que oferta nuestro mercado laboral para la prestación de un servicio público eficiente que redunde en el crecimiento y desarrollo del país.