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Metamorfosis (2)


La comedia y la tragedia en que consiste la vida humana tienen una de sus manifestaciones en el juego, conceptuado como una habilidad en el obrar, entre lo serio y la broma, con el fin de conseguir algo por medios no siempre correctos.

Jugar al funcionario es la aventura de mayor gozo y beneficio entre todos los juegos. El funcionario juega en todas las posiciones donde lo pongan a jugar. Poco importa si sabe jugar bien o si juega mal. La meta es hacer dinero.

Jugar al comediante político es el juego más divertido por lo fácil que es engañar a la gente con gorras, camisetas, promesas y algo de dinero. Es un juego muy lucrativo si el partido triunfa.

Jugar al pastor de religión es un juego de sutiles encantos. Es un juego que salva almas y se olvida de salvar vidas y de llenar estómagos vacíos. El jugador de religión prefiere predicar en suntuosas iglesias y rara vez se acerca a los pueblitos y los montes escondidos donde los campesinos y las indiadas irredentas se consumen con la mirada perdida en mil necesidades. Dice evangelios que los oyentes creen sin entender. Dios ama a los pobres. Las guerrillas urbanas aterrorizan a la sociedad. Las iglesias no entran en la palestra. Su misión es salvar almas, no vidas.

Jugar al escolar es un juego con algo de ficción. Los escolares se dividen en alumnos y estudiantes. Estudiantes son los alumnos que estudian. Algunos van en parejas agarraditos de las manos como preludio de lo que vendrá luego.

Jugar a la candidez es propio de personas virtuosas. Consiste este juego en luchar por la práctica del “divino” proceso, el Estado de Derecho, la separación de poderes. En su perfeccionismo la democracia tiene el impedimento de su realización, por las limitaciones humanas. El fortalecimiento de la democracia es un horizonte perdido. La democracia no está enferma. Son los pueblos.

Juegan a los resignados y vencidos los usuarios del transporte público. Se paran a las cuatro de la mañana para ser transportados como plátanos en los buses de la muerte.

Permanecen mudos mientras los no usuarios gritan por ellos.

Juegan a los descarados los que no pagan el suministro de agua potable, las hipotecas de las viviendas y la tasa de aseo, en tanto que se juntan en parrilladas y borracheras. Es un juego que daña las finanzas públicas y el ornato de la ciudad.

Juegan al forcejeo perpetuo las organizaciones civiles contra gobiernos contumaces que no hacen lo que deben sino bajo presión.

Juegan a la nutrición los que se desayunan en el trabajo con hojaldre y chicha y hacen el milagro de producir energía laboral con harina y agua de azúcar.

“Nada es verdad. Nada es mentira. Todo depende del cristal conque se mira”.

101 años de Panamá América

 
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