Metodología educativa
Los sobresalientes resultados de los alumnos finlandeses de 15 años en las pruebas PISA 2003 y 2006 (de la OCDE) en matemáticas, lectura y ciencias, punteros entre los 57 países comparados, produce mucha curiosidad internacional. Ellen Gamerman visitó Finlandia y reseñó sus observaciones en “The Wall Street Journal” del 29/2/2008.
En Finlandia la primaria empieza a los siete años. Los alumnos no usan uniformes, dan muy pocas pruebas estandarizadas a lo largo de su vida escolar, reciben apenas media hora diaria de tareas para la casa. No tienen clases para alumnos adelantados. Los finlandeses aman la lectura. Al nacer los niños el gobierno les envía como obsequio un paquete de libros de dibujo y lectura. Hay múltiples librerías e inclusive buses-biblioteca que recorren los lugares más remotos el país.
Su principal fórmula de éxito radica en tener alumnos formados para ser autónomos y responsables, y profesores bien formados que se dedican mucho más a los alumnos más débiles que a los más avanzados. Para ser profesor (carrera muy disputada) hay que tener un magíster.
Los recién graduados trabajan bajo observación de los veteranos que los observan y evalúan. Los profesores reciben mucha libertad para su acción docente y hacer clases a la medida de los alumnos que les toca atender. Los profesores usan más la tiza y pizarra convencional y retroproyectores que las pizarras electrónicas y las proyecciones en power point. Se valora más la buena enseñanza que el uso de la tecnología. Apelan poco a las pruebas de elección múltiple para marcar y más bien utilizan preguntas de desarrollo.
El costo anual por alumnos es de 7,500 dólares, contra los 8,700 de EE.UU., pero con un financiamiento homogéneo a diferencia de EE.UU. donde éste depende de cada distrito escolar. Eso hace que la diferencia en el desempeño de los mejores y peores alumnos en Finlandia sea muy pequeño, mientras en EE.UU. es grande.
En los últimos tres grados de secundaria, según sus notas, el 53% de los alumnos sigue hacia la secundaria académica (pre universitaria) y el 47% hacia las escuelas vocacionales. Los padres no están demasiado ansiosos por la universidad a la que asistirán sus hijos. La universidad es gratuita y hay competencia por ingresar a las facultades más reconocidas, pero no llega a los niveles de segmentación de la elite como lo hace Harvard.
En suma, una sistema educativo del que hay mucho por aprender.