México: el veredicto electoral
Tras dos largos e intensos meses de espera, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación de México (TRIFE), organismo sumamente respetado, pronunció finalmente su sentencia sobre las innumerables impugnaciones realizada por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) sobre las elecciones en dicho país: Felipe Calderón, del Partido Acción Nacional (PAN) se impuso por 250 mil votos al ex - alcalde de la ciudad de México, Andrés López Obrador. Calderón será el nuevo presidente del país azteca durante los próximos seis años y controlará también ambas cámaras del poder Legislativo de México. Le corresponderá ahora a López Obrador admitir su derrota.
Pero la preocupación de los analistas es que el dirigente perredista podría intensificar las protestas y encaminar a México por el camino del caos y la inestabilidad. La economía mexicana, que ya estaba resintiendo los efectos del impass post-electoral, podría ver retroceder los avances económicos y sociales obtenidos en los últimos años. Por lo que la estrategia de resistencia civil callejera, que lideraba el derrotado candidato de la izquierda mexicana, podría generar -de continuar- graves consecuencias no sólo en la capital mexicana, sino en otros estados, como en Oaxaca, donde una huelga de maestros se ha transformado en un enfrentamiento continuo con las autoridades que ha desembocado en violencia.
El futuro político de México está en juego. Y aunque el estrechísimo margen con que ha ganado Felipe Calderón sobre su cercano contendor, Andrés Manuel López Obrador, no le gustará a los seguidores del PRD, a partir de ahora no debe ser cuestionado tras este veredicto final del TRIFE mexicano, pues se estaría cercenando el eje central del sistema electoral democrático, donde es suficiente reconocer la legitimidad de tan sólo un voto para ganar unas elecciones. Por lo menos en México, donde no existe la segunda vuelta electoral.
Hay que admitir que es una prueba difícil para los mexicanos derrotados en las urnas, pero en la que deben mirarse todos los países de la región para seguir consolidando nuestras frágiles democracias políticas e institucionales que dominan los escenarios actuales en Latinoamérica. La democracia supone saber ganar y también perder, lo cual nos obliga a vivir bajo el imperio de la ley y los tribunales.