México a la hora de la alternancia
El próximo domingo, 2 de julio, se celebran en México elecciones generales para elegir al Presidente y a todo el Congreso (diputados federales y senadores). En aproximadamente 113,000 casillas, votarán unos 40 millones de ciudadanos sobre un padrón electoral de unos 58 millones de votantes potenciales. Si el régimen, encabezado por el PRI y sus predecesores ininterrumpidamente durante los últimos 70 años, actuara con sensatez y un mínimo de equidad, los resultados podrían representar la primera alternancia pacífica y democrática en largas décadas, prácticamente desde que Madero pronunció su famosa frase "sufragio efectivo, no reelección" y ciertamente desde que Lázaro Cárdenas en 1940 impuso a su sucesor Avila Camacho e inició lo que el historiador Enrique Krause ha tildado de "la presidencia imperial" en el libro que lleva ese mismo título.
En estas elecciones se presentan tres candidatos principales. Por el PRI se presenta Francisco Labastida, quien ha sido Gobernador, Secretario de Energía, de Agricultura y de Gobernación, un priísta a carta cabal y alto funcionario gubernamental bajo los Presidentes De la Madrid, Salinas de Gortari y Zedillo. Se presentó en un primer momento como un innovador en el PRI, pero ha demostrado estar influenciado por y ser dependiente de los "dinosaurios".
Por el PRD, disidencia del PRI, se presenta Cuauhtémoc Cárdenas, hijo de Lázaro Cárdenas, que rompió con el PRI después de haber hecho carrera en dicho partido, motivado por no haber sido escogido como candidato y por un deseo de retomar el pasado izquierdista del PRI. Fue víctima de un fraude electrónico en 1988 a favor de Salinas de Gortari, "el hombre que sería rey" de acuerdo con Krause. Estos dos candidatos representan variantes diferentes de las fuerzas predominantes durante las últimas décadas y ello explica que Cárdenas ataque más agresivamente al tercer candidato que a Labastida, a quien su candidatura favorece.
Por el Partido Acción Nacional (PAN), que desde 1939 ha constituido la oposición al PRI, en un ejemplo de persistencia y consistencia probablemente único en América Latina, se presenta Vicente Fox, empresario agrícola e industrial, cuyo estilo informal, accesible, franco y decidido lo distingue como político diferente. Fue diputado federal, luego víctima de un fraude en una primera elección para Gobernador de Guanajuato, pero por su lucha impidió que quien lo cometió permaneciera en el cargo, y en 1995 fue electo a dicha Gobernación con más del 60% del voto.
Su partido opositor, el PAN, ha logrado un sólido avance en los últimos años y detenta actualmente 6 Gobernaciones, 287 alcaldías (con el 30% de la población de México), 119 diputaciones y 31 senadurías. Ya en la anterior elección su candidato, Diego Fernández de Cevallos, superó a Cuauhtémoc Cárdenas, colocando así al PAN en posición de ofrecer la principal alternativa al PRI.
Hoy en día se ha desatado una batalla de encuestas. Dados los controles financieros en manos del PRI es de esperar que la mayoría favorezca a Labastida, pero por un margen inusitadamente bajo. Sin embargo, varias encuestas serias indican que Fox va por delante en la intención del voto. La semana pasada el diario El Universal decidió sorpresiva y sospechosamente no publicar la más reciente encuesta de la reputada firma encuestadora (Alducín y Asociados), cuyas encuestas anteriores habían sido publicadas prominentemente. La razón era obvia. La encuesta le daba a Fox el 40.5% de la intención del voto, a Labastida el 34.6% y a Cárdenas el 20.3%. Y todos los observadores, así como las encuestas reconocen que Fox ha sido el claro ganador en los dos debates públicos que se han celebrado. l propuso más debates, pero sus contendores se han rehusado.
La gran preocupación de los opositores e independientes mexicanos es la interminable lista de trucos, trampas y fraudes de los que el PRI se ha hecho acreedor a lo largo de las décadas de su predominio. Hoy, sin embargo, hay esperanzas. Desde 1988 se han introducido cambios importantes en la legislación electoral. Muy especialmente, se creó el Instituto Federal Electoral (IFE) que goza de credibilidad por la independencia de sus integrantes. No así, desgraciadamente, el Tribunal Electoral. En una conversación en México con especialistas electorales, me afirmaron que el padrón electoral y el sistema electrónico son confiables. Que es difícil alterar los votos en las urnas, pero que hay peligros en el escrutinio de los votos, su consignación por escrito y el transporte de actas, sobre todo en lugares rurales distantes.
Por otra parte, la parcialización de los medios es flagrante. Un estudio oficial del IFE indica que de enero a mayo el tiempo de transmisión dedicado a cada partido o coalición en noticieros de radio y televisión fue de 39.59% a favor del PRI, 26.11% a favor de la coalición de Fox y 20.53% a favor de la coalición de Cárdenas. Se dan, además, denuncias creíbles del abuso de los programas sociales del Gobierno para presionar sobre todo al campesinado y al habitante urbano marginado, a favor del candidato oficialista. Manuel Bartlett, un notorio "dinosaurio", considerado responsable por el fraude de 1988, declaró descaradamente que los programas sociales del Gobierno son también del PRI y se utilizarían con fines electorales. También se ha denunciado que los empleados públicos son objeto de una presión muy fuerte, por ejemplo en la empresa de Petróleos Mexicanos (PEMEX). El Presidente Zedillo, quien se había mantenido al margen del proceso electoral, ya comenzó a abogar por Labastida y a preparar el ambiente por si Labastida se declara ganador con pocos votos de ventaja, además desconociendo la orden del IFE de que cese la enorme publicidad gubernamental.
Uno de los desarrollos más interesantes y prometedores de este proceso electoral es el apoyo a Fox de personalidades de la izquierda democrática o incluso del PRI. Hace pocos días Porfirio Muñoz Ledo, quien dejó el PRI junto con Cuauhtémoc Cárdenas y luego se separó de él para candidatizarse, declaró su apoyo a Fox. Dos figuras intelectuales muy destacadas, Jorge Castañedas, analista y promotor de la izquierda latinoamericana después de la Guerra Fría y de caminos alternos para América Latina, y Adolfo Aguilar Zinser, ex - vocero de Cárdenas, apoyan y asesoran a Fox. También lo apoya Alfonso Durazo, quien fue el secretario privado de Luis Donaldo Colosio, el primer candidato del PRI en 1994, asesinado como resultado de pugnas no esclarecidas dentro de su partido. Estos y otros apoyos similares le han dado a la candidatura de Fox una dimensión nacional que contrarresta la caricatura de él como candidato de las derechas, cuando en realidad se ubica en el centro.
De hecho el sentido de la candidatura de Fox es doble. En primer lugar, su victoria permitiría consumar la democratización del sistema político mexicano, porque la alternancia afectaría la clave del sistema, a saber la presidencia como lugar de concentración y fusión de un poder estatal, partidario y económico omnipresente, y abriría la puerta a una transformación en profundidad.
En segundo lugar, la candidatura de Fox representa un horizonte de esperanza socioeconómica para la población mexicana. A menos que se desmantelen el sistema de corrupción multimillonaria (México compite con China y Senegal por el puesto 58 entre las 99 posiciones, de acuerdo con el índice de percepción de corrupción elaborado por Transparencia Internacional) y la forma de paternalismo clientelista como se trata a los beneficiarios de los programas sociales, los recursos públicos nunca alcanzarán ni serán efectivos para sacar de la pobreza a más de la mitad de la población. Por ello Fox, dentro de sus diez compromisos electorales, comienza con el compromiso de crear las condiciones para que la economía crezca a tasas de 7% y genere, cuando menos, 1,300,000 empleos anuales e incluye el compromiso de una ataque frontal a la corrupción, como condiciones para cumplir con otro compromiso: superar la pobreza y distribuir el ingreso con justicia.
Cuatro escenarios pueden darse el domingo 2 de julio. Si ganan Fox o Labastida por un margen de por lo menos 5% del voto, no sólo se consideraran las elecciones libres sino que se reconocerán los resultados normalmente. Si gana Labastida por escaso porcentaje de votos, se cuestionará su legitimidad y, a pesar de ello, se intentará reconocer su presunto triunfo. Si gana Fox por escaso porcentaje de votos se reconocerá su legitimidad, pero posiblemente se intente burlar su triunfo.
Lo que está claro es que sólo si se produce la alternancia se dará, gracias a al triunfo de Fox, la democratización efectiva del poder público en México, y con ello un horizonte de más amplio de esperanza para su población.
En estas elecciones se presentan tres candidatos principales. Por el PRI se presenta Francisco Labastida, quien ha sido Gobernador, Secretario de Energía, de Agricultura y de Gobernación, un priísta a carta cabal y alto funcionario gubernamental bajo los Presidentes De la Madrid, Salinas de Gortari y Zedillo. Se presentó en un primer momento como un innovador en el PRI, pero ha demostrado estar influenciado por y ser dependiente de los "dinosaurios".
Por el PRD, disidencia del PRI, se presenta Cuauhtémoc Cárdenas, hijo de Lázaro Cárdenas, que rompió con el PRI después de haber hecho carrera en dicho partido, motivado por no haber sido escogido como candidato y por un deseo de retomar el pasado izquierdista del PRI. Fue víctima de un fraude electrónico en 1988 a favor de Salinas de Gortari, "el hombre que sería rey" de acuerdo con Krause. Estos dos candidatos representan variantes diferentes de las fuerzas predominantes durante las últimas décadas y ello explica que Cárdenas ataque más agresivamente al tercer candidato que a Labastida, a quien su candidatura favorece.
Por el Partido Acción Nacional (PAN), que desde 1939 ha constituido la oposición al PRI, en un ejemplo de persistencia y consistencia probablemente único en América Latina, se presenta Vicente Fox, empresario agrícola e industrial, cuyo estilo informal, accesible, franco y decidido lo distingue como político diferente. Fue diputado federal, luego víctima de un fraude en una primera elección para Gobernador de Guanajuato, pero por su lucha impidió que quien lo cometió permaneciera en el cargo, y en 1995 fue electo a dicha Gobernación con más del 60% del voto.
Su partido opositor, el PAN, ha logrado un sólido avance en los últimos años y detenta actualmente 6 Gobernaciones, 287 alcaldías (con el 30% de la población de México), 119 diputaciones y 31 senadurías. Ya en la anterior elección su candidato, Diego Fernández de Cevallos, superó a Cuauhtémoc Cárdenas, colocando así al PAN en posición de ofrecer la principal alternativa al PRI.
Hoy en día se ha desatado una batalla de encuestas. Dados los controles financieros en manos del PRI es de esperar que la mayoría favorezca a Labastida, pero por un margen inusitadamente bajo. Sin embargo, varias encuestas serias indican que Fox va por delante en la intención del voto. La semana pasada el diario El Universal decidió sorpresiva y sospechosamente no publicar la más reciente encuesta de la reputada firma encuestadora (Alducín y Asociados), cuyas encuestas anteriores habían sido publicadas prominentemente. La razón era obvia. La encuesta le daba a Fox el 40.5% de la intención del voto, a Labastida el 34.6% y a Cárdenas el 20.3%. Y todos los observadores, así como las encuestas reconocen que Fox ha sido el claro ganador en los dos debates públicos que se han celebrado. l propuso más debates, pero sus contendores se han rehusado.
La gran preocupación de los opositores e independientes mexicanos es la interminable lista de trucos, trampas y fraudes de los que el PRI se ha hecho acreedor a lo largo de las décadas de su predominio. Hoy, sin embargo, hay esperanzas. Desde 1988 se han introducido cambios importantes en la legislación electoral. Muy especialmente, se creó el Instituto Federal Electoral (IFE) que goza de credibilidad por la independencia de sus integrantes. No así, desgraciadamente, el Tribunal Electoral. En una conversación en México con especialistas electorales, me afirmaron que el padrón electoral y el sistema electrónico son confiables. Que es difícil alterar los votos en las urnas, pero que hay peligros en el escrutinio de los votos, su consignación por escrito y el transporte de actas, sobre todo en lugares rurales distantes.
Por otra parte, la parcialización de los medios es flagrante. Un estudio oficial del IFE indica que de enero a mayo el tiempo de transmisión dedicado a cada partido o coalición en noticieros de radio y televisión fue de 39.59% a favor del PRI, 26.11% a favor de la coalición de Fox y 20.53% a favor de la coalición de Cárdenas. Se dan, además, denuncias creíbles del abuso de los programas sociales del Gobierno para presionar sobre todo al campesinado y al habitante urbano marginado, a favor del candidato oficialista. Manuel Bartlett, un notorio "dinosaurio", considerado responsable por el fraude de 1988, declaró descaradamente que los programas sociales del Gobierno son también del PRI y se utilizarían con fines electorales. También se ha denunciado que los empleados públicos son objeto de una presión muy fuerte, por ejemplo en la empresa de Petróleos Mexicanos (PEMEX). El Presidente Zedillo, quien se había mantenido al margen del proceso electoral, ya comenzó a abogar por Labastida y a preparar el ambiente por si Labastida se declara ganador con pocos votos de ventaja, además desconociendo la orden del IFE de que cese la enorme publicidad gubernamental.
Uno de los desarrollos más interesantes y prometedores de este proceso electoral es el apoyo a Fox de personalidades de la izquierda democrática o incluso del PRI. Hace pocos días Porfirio Muñoz Ledo, quien dejó el PRI junto con Cuauhtémoc Cárdenas y luego se separó de él para candidatizarse, declaró su apoyo a Fox. Dos figuras intelectuales muy destacadas, Jorge Castañedas, analista y promotor de la izquierda latinoamericana después de la Guerra Fría y de caminos alternos para América Latina, y Adolfo Aguilar Zinser, ex - vocero de Cárdenas, apoyan y asesoran a Fox. También lo apoya Alfonso Durazo, quien fue el secretario privado de Luis Donaldo Colosio, el primer candidato del PRI en 1994, asesinado como resultado de pugnas no esclarecidas dentro de su partido. Estos y otros apoyos similares le han dado a la candidatura de Fox una dimensión nacional que contrarresta la caricatura de él como candidato de las derechas, cuando en realidad se ubica en el centro.
De hecho el sentido de la candidatura de Fox es doble. En primer lugar, su victoria permitiría consumar la democratización del sistema político mexicano, porque la alternancia afectaría la clave del sistema, a saber la presidencia como lugar de concentración y fusión de un poder estatal, partidario y económico omnipresente, y abriría la puerta a una transformación en profundidad.
En segundo lugar, la candidatura de Fox representa un horizonte de esperanza socioeconómica para la población mexicana. A menos que se desmantelen el sistema de corrupción multimillonaria (México compite con China y Senegal por el puesto 58 entre las 99 posiciones, de acuerdo con el índice de percepción de corrupción elaborado por Transparencia Internacional) y la forma de paternalismo clientelista como se trata a los beneficiarios de los programas sociales, los recursos públicos nunca alcanzarán ni serán efectivos para sacar de la pobreza a más de la mitad de la población. Por ello Fox, dentro de sus diez compromisos electorales, comienza con el compromiso de crear las condiciones para que la economía crezca a tasas de 7% y genere, cuando menos, 1,300,000 empleos anuales e incluye el compromiso de una ataque frontal a la corrupción, como condiciones para cumplir con otro compromiso: superar la pobreza y distribuir el ingreso con justicia.
Cuatro escenarios pueden darse el domingo 2 de julio. Si ganan Fox o Labastida por un margen de por lo menos 5% del voto, no sólo se consideraran las elecciones libres sino que se reconocerán los resultados normalmente. Si gana Labastida por escaso porcentaje de votos, se cuestionará su legitimidad y, a pesar de ello, se intentará reconocer su presunto triunfo. Si gana Fox por escaso porcentaje de votos se reconocerá su legitimidad, pero posiblemente se intente burlar su triunfo.
Lo que está claro es que sólo si se produce la alternancia se dará, gracias a al triunfo de Fox, la democratización efectiva del poder público en México, y con ello un horizonte de más amplio de esperanza para su población.