México venció el abstencionismo
Setenta millones de votantes integran el padrón electoral en México. Una cifra cercana al 60 por ciento salió a votar el domingo 2 de julio para elegir al nuevo Presidente que, en los próximos seis años, regirá los destinos en esa nación latinoamericana.
Las reñidas elecciones fueron sobre todo una muestra de civismo y los mexicanos derrotaron en las urnas, primero que nada, el desencanto tradicional que se vive en muchos países de la región, por ejemplo, naciones como Colombia, que suele tener un 60% de abstencionismo electoral, que merma la legitimidad de los mandatarios y afecta la requerida gobernabilidad política y social. Pero este fenómeno en México, fue el resultado del acierto de Ernesto Zedillo, quien, durante su mandato, emprendió la reforma institucional y fundó el Instituto Federal Institucional, IFE, para ponerle fin al "dedazo" del PRI, partido que gobernó desde 1929, durante 70 años ininterrumpidos en México, y afectó la credibilidad del mexicano en sus entidades electorales y por supuesto, en sus desacreditados resultados.
Años después, México recobra la confianza de sus ciudadanos, pero a un costo realmente alto. No sólo por la vida de los políticos y sus partidos, sino porque posee una institución electoral realmente costosa, pues el padrón electoral mexicano cuenta con todos los datos del votante y fotografía incluida. Según varios expertos de la Organización de Estados Americanos, OEA, es "uno de los más caros del mundo". No obstante, el respeto y la confianza de los ciudadanos en sus instituciones es un valor al que no debe escatimarse dinero y recurso si de ello depende dar un paso más para asentar el proceso democrático. Creemos que sin entrar a evaluar el perfil del Presidente electo, debemos aplaudir primero a sus ciudadanos por hacer del ejercicio del voto un poder político en democracia.
Las reñidas elecciones fueron sobre todo una muestra de civismo y los mexicanos derrotaron en las urnas, primero que nada, el desencanto tradicional que se vive en muchos países de la región, por ejemplo, naciones como Colombia, que suele tener un 60% de abstencionismo electoral, que merma la legitimidad de los mandatarios y afecta la requerida gobernabilidad política y social. Pero este fenómeno en México, fue el resultado del acierto de Ernesto Zedillo, quien, durante su mandato, emprendió la reforma institucional y fundó el Instituto Federal Institucional, IFE, para ponerle fin al "dedazo" del PRI, partido que gobernó desde 1929, durante 70 años ininterrumpidos en México, y afectó la credibilidad del mexicano en sus entidades electorales y por supuesto, en sus desacreditados resultados.
Años después, México recobra la confianza de sus ciudadanos, pero a un costo realmente alto. No sólo por la vida de los políticos y sus partidos, sino porque posee una institución electoral realmente costosa, pues el padrón electoral mexicano cuenta con todos los datos del votante y fotografía incluida. Según varios expertos de la Organización de Estados Americanos, OEA, es "uno de los más caros del mundo". No obstante, el respeto y la confianza de los ciudadanos en sus instituciones es un valor al que no debe escatimarse dinero y recurso si de ello depende dar un paso más para asentar el proceso democrático. Creemos que sin entrar a evaluar el perfil del Presidente electo, debemos aplaudir primero a sus ciudadanos por hacer del ejercicio del voto un poder político en democracia.