Mi amigo Joaco
Cuando se muere, se muere la esperanza. Ya no se espera, se tiene. Se es lo que Dios proyectó. Un gran sentido de pesar embarga mi ser con la partida del Dr. Joaquín Fernando Franco Morales con quien me unía lazos de amistad por más de cuarenta años. Hago extensivos mi profundo sentido de pesar a su esposa Blanca, sus hijos Joaquín y Ramón, a sus hermanas Gloria y Albalira y a sus hermanos Dindo, Negro, Fulo, Chiqui y Micky y a su asociado de toda la vida en su bufete de abogados, el Dr. Jorge Valdés.
Conocí a Joaco durante la campaña electoral de Marcos Robles Méndez, que desempeñó como "Jefe de Campaña", consumada con el triunfo electoral. Me correspondió ser uno de sus inmediatos colaboradores, cuando se desempeñó en calidad de Ministro de la Presidencia en 1964. A tal efecto fui designado, a los 21 años de edad, Jefe Administrativo del Ministerio de la Presidencia y Secretario Coordinador del Concejo General de Estado. Gracias a su prodigalidad aprendí, desde muy temprano, los vaivenes de la política nacional, sus pro y contra, que me han servido de norte en mi presente desempeño.
Numerosas virtudes pueden ser señaladas cuando hablamos de Joaquín, pero la más importante es que jamás nadie fue capaz, durante toda su trayectoria política, de hacerle señalamiento de algún acto de deshonestidad o improbidad, que le granjeó un gran sentimiento de admiración y respeto entre sus copartidarios. Igualmente se caracterizó como gran conciliador, gracias a su amplio altruismo. Nunca, aun con la dictadura, dejó de desplegar sus mejores esfuerzos dirigidos a la democratización del país.
Dos anhelos quedaron insatisfechos con la muerte a Joaquín. Uno fue la unificación del Partido Liberal, hoy día fraccionado en tres grandes grupos como lo son el MOLIRENA, el Liberal y el Liberal Nacional. De acuerdo con lo que me conversaba, grandes escollos impidieron la materialización de esa ansiada aspiración suya y fundamentalmente lo atribuyó a las desmesuradas pretensiones de los integrantes de los diferentes grupos liberales: todos quieren ser caciques y ninguno indio. Casualmente, hace tan sólo unas 3 semanas, reproduje en mi artículo intitulado "De mal en peor", del jueves 28 de noviembre de 2002, extracto de un escrito de éste donde evidenciaba la existencia en la política de "los amigos pro- tempore", aquellos que al no poder ordeñar más la ubre generosa, abandonan el establo para buscar otras y así se la pasan buscando su acomodo personal, más no el del país. El mayor tributo que pueden rendirle a Joaquín Franco, sus copartidarios liberales que hoy hacen referencia a su dimensión política extraordinaria, es trabajar por esa unificación que tanto deseó.
El otro anhelo que no llegó a materializar fue la elección del Ingeniero Alberto Vallarino como Presidente de la República. Fue por conducto de Joaquín que por primera vez escuché el nombre del Ingeniero Alberto Vallarino. Recuerdo que solté la carcajada, al escuchar su nombre, y le pregunté: ¿Vallarino who? A lo que pacientemente me explicó de quien se trataba. En esta segunda oportunidad electoral que hoy se le ofrece al Ing. Vallarino de llegar a la Presidencia de la República, mayor fue el entusiasmo de Joaquín, y así lo dejó saber a través de diversos escritos. Ojalá la aludida candidatura se cristalice en los mejores términos y tanto Joaquín como muchos otros panameños podamos concelebrar la victoria. Una gran pérdida ha experimentado el Ingeniero Vallarino, entre sus huestes, con la prematura partida de Joaquín.
Como nota anecdótica, Joaquín y yo terminamos compañeros columnistas, los días jueves, en estas páginas de opinión de El Panamá América. Siempre recurrí a la lectura de sus opiniones por considerarlas orientadoras de la opinión pública. En ocasiones discrepamos, como es natural, en algunos planteamientos, pero siempre comprendimos que esa divergencia es lo que enriquece el actuar político. En lo que si mostramos una cerrada identificación fue en nuestras posiciones frente a las políticas neoliberales, contra el "capitalismo salvaje".
Muy honrado me sentí con nuestra amistad y mucha falta hará a los políticos su ausencia y ojalá sea emulado. Quien pase a ocupar su espacio, los días jueves, en estas páginas de opinión, labor titánica le espera. Paz en su tumba y que Dios lo mantenga en su gloria. ¡Hasta siempre Joaco!
(egrimal@cableonda.net)
Conocí a Joaco durante la campaña electoral de Marcos Robles Méndez, que desempeñó como "Jefe de Campaña", consumada con el triunfo electoral. Me correspondió ser uno de sus inmediatos colaboradores, cuando se desempeñó en calidad de Ministro de la Presidencia en 1964. A tal efecto fui designado, a los 21 años de edad, Jefe Administrativo del Ministerio de la Presidencia y Secretario Coordinador del Concejo General de Estado. Gracias a su prodigalidad aprendí, desde muy temprano, los vaivenes de la política nacional, sus pro y contra, que me han servido de norte en mi presente desempeño.
Numerosas virtudes pueden ser señaladas cuando hablamos de Joaquín, pero la más importante es que jamás nadie fue capaz, durante toda su trayectoria política, de hacerle señalamiento de algún acto de deshonestidad o improbidad, que le granjeó un gran sentimiento de admiración y respeto entre sus copartidarios. Igualmente se caracterizó como gran conciliador, gracias a su amplio altruismo. Nunca, aun con la dictadura, dejó de desplegar sus mejores esfuerzos dirigidos a la democratización del país.
Dos anhelos quedaron insatisfechos con la muerte a Joaquín. Uno fue la unificación del Partido Liberal, hoy día fraccionado en tres grandes grupos como lo son el MOLIRENA, el Liberal y el Liberal Nacional. De acuerdo con lo que me conversaba, grandes escollos impidieron la materialización de esa ansiada aspiración suya y fundamentalmente lo atribuyó a las desmesuradas pretensiones de los integrantes de los diferentes grupos liberales: todos quieren ser caciques y ninguno indio. Casualmente, hace tan sólo unas 3 semanas, reproduje en mi artículo intitulado "De mal en peor", del jueves 28 de noviembre de 2002, extracto de un escrito de éste donde evidenciaba la existencia en la política de "los amigos pro- tempore", aquellos que al no poder ordeñar más la ubre generosa, abandonan el establo para buscar otras y así se la pasan buscando su acomodo personal, más no el del país. El mayor tributo que pueden rendirle a Joaquín Franco, sus copartidarios liberales que hoy hacen referencia a su dimensión política extraordinaria, es trabajar por esa unificación que tanto deseó.
El otro anhelo que no llegó a materializar fue la elección del Ingeniero Alberto Vallarino como Presidente de la República. Fue por conducto de Joaquín que por primera vez escuché el nombre del Ingeniero Alberto Vallarino. Recuerdo que solté la carcajada, al escuchar su nombre, y le pregunté: ¿Vallarino who? A lo que pacientemente me explicó de quien se trataba. En esta segunda oportunidad electoral que hoy se le ofrece al Ing. Vallarino de llegar a la Presidencia de la República, mayor fue el entusiasmo de Joaquín, y así lo dejó saber a través de diversos escritos. Ojalá la aludida candidatura se cristalice en los mejores términos y tanto Joaquín como muchos otros panameños podamos concelebrar la victoria. Una gran pérdida ha experimentado el Ingeniero Vallarino, entre sus huestes, con la prematura partida de Joaquín.
Como nota anecdótica, Joaquín y yo terminamos compañeros columnistas, los días jueves, en estas páginas de opinión de El Panamá América. Siempre recurrí a la lectura de sus opiniones por considerarlas orientadoras de la opinión pública. En ocasiones discrepamos, como es natural, en algunos planteamientos, pero siempre comprendimos que esa divergencia es lo que enriquece el actuar político. En lo que si mostramos una cerrada identificación fue en nuestras posiciones frente a las políticas neoliberales, contra el "capitalismo salvaje".
Muy honrado me sentí con nuestra amistad y mucha falta hará a los políticos su ausencia y ojalá sea emulado. Quien pase a ocupar su espacio, los días jueves, en estas páginas de opinión, labor titánica le espera. Paz en su tumba y que Dios lo mantenga en su gloria. ¡Hasta siempre Joaco!
(egrimal@cableonda.net)