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A mí, el Canal no me da nada...


ENTRE los comentarios que se hacen en relación al proyecto de expansión al Canal, resalta uno por demás curioso. Gente que se supone educada han expresado que el Canal no les da nada y por lo tanto anuncian su voto en contra de la expansión. Sus argumentos, parte de la coreografía para promover el rechazo, demuestran una de dos cosas: un deliberado esfuerzo por ocultar lo obvio, o el desconocimiento de los mecanismos a través de los cuales el país se beneficia de cualquier actividad económica que se desarrolle localmente.
Desde 1979 cuando se implementó el tratado Torrijos-Carter, el gobierno panameño recibe ingresos significativos del Canal. Estos incluyen una tasa por cada tonelada que transita y una tasa fija por servicios públicos como mantenimiento de vías y recolección de basura. El Canal también está obligado a entregar al Estado los fondos que excedan sus obligaciones financieras al final de cada año fiscal. Aunque uno piense que el Estado no ha sido garantía del uso adecuado de los fondos que recibe, eso no puede justificar ciertas actitudes.
Contando sólo los nueve meses bajo administración panameña del año fiscal 2000, en cinco años la ACP ha aportado directamente al Tesoro Nacional (en millones y redondeando), B/. 937.5, en concepto de derechos por toneladas transitadas; B/. 714.6, por excedentes del período de los diferentes ejercicios fiscales; y, B/. 169.0, por servicios prestados. Bajo el grupo de aportes indirectos se tienen, B/. 292.0 en concepto de impuesto sobre la renta; B/. 307.5, en aportes al Seguro Social; y, B/. 43.5, en concepto de seguro educativo. Además, hay aportes a la economía panameña como B/. 1,296.4, en salarios pagados a los empleados; y, B/. 621.2, en compras a proveedores locales. En total, en los últimos cinco años el Canal ha aportado a la economía nacional más de B/. 4,382 millones, una cifra respetable por donde se mire.
Se estima que lo anterior combinado con las actividades que se generan como consecuencia de la presencia del Canal en Panamá, tienen un peso sobre el Producto Interno Bruto que fácilmente supera el 25%. Por la existencia del Canal se generan una miríada de actividades, que resultan en aportes indirectos, inducidos y paralelos a la economía: el ferrocarril, los puertos, el turismo, la banca, los servicios de aprovisionamiento y reparación de naves en tránsito, los abogados, agencias marítimas, los servicios de comunicación local e internacional y muchos otros. Bajando a lo más simple, cada lechuga, papa o tomate vendidos a una nave en tránsito, impacta tan lejos como en Cerro Punta. Además de los más de 9,000 empleados que trabajan directamente en la operación, hay miles de panameños a lo largo y ancho del país que se benefician del Canal.
Al medir el impacto del Canal y la presencia norteamericana en Panamá, los economistas solían mencionar cuanto aportaba a la economía la contratación de empleadas domésticas y jardineros. Las cosas han cambiado. Antes del tratado, sólo el 30% de la fuerza laboral del Canal era panameña, en general a los niveles más bajos de salario. Hoy, la fuerza laboral es 100% panameña. Antes, sólo una pequeña fracción del salario de los norteamericanos pasaba a Panamá. El resto iba a los comisariatos y a los EE.UU. Hoy, el 100% del salario que se paga (B/. 1,296.4, en cinco años), pasa directamente a la economía nacional.
Expresar que el Canal "no me ha dado nada" es un despropósito. Una idea retorcida. Hace poco, y a propósito del triunfo de Bachelet en Chile, leí un artículo donde se discutía la actitud del ciudadano chileno que aporta vigorosamente al desarrollo tanto económico como político del país. El autor mencionaba que a los niños chilenos de todas las generaciones se les ha enseñado con fervor en las escuelas primarias que Chile es una nación pequeña, colgada de los confines del mundo, a la que todo le cuesta muchísimo y que, por lo tanto, precisa con desesperación del sacrificio colectivo y de la unión nacional. El avance de Chile en los últimos años tiene mucho que ver con esto. El artículo me hizo pensar en nuestro Panamá, donde se nos enseña, a pesar de todas las evidencias en contrario, que somos un país rico y, además somos, pomposamente, "puente del mundo, corazón del universo". Que tenemos el Canal, la mayor marina mercante del mundo (la cual en rigor no es nuestra), nuestras costas están bañadas por dos grandes océanos cuya riqueza nos arrulla (como si eso sólo significara riqueza) y además tenemos el dólar, la moneda (que no es nuestra) que establece las pautas económicas del mundo.
Me pregunto si no habrá sido un error el que hayamos difundido estos conceptos por tantos años. Si no será que lo aprendido cuando niños nos ha llevado cuando grandes a tener una actitud de espera a que la riqueza a la que tenemos derecho nos caiga del cielo. Esta parece ser la actitud de quienes piensan que el Canal no les da nada. En realidad, no se percatan de que el Canal ofrece múltiples oportunidades que con dedicación y trabajo, podrían convertirse en emprendimientos generadores de la riqueza que buscan. Pienso que en esta coyuntura crucial, Panamá, al igual que Chile, precisa con desesperación del sacrificio colectivo y de una actitud positiva ante el reto que se nos presenta. La decisión que tomemos ante el referéndum es clave y trasciende nuestros intereses personales. Chile es un espejo en el que nos deberíamos mirar.

101 años de Panamá América

 
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