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Mi gran amor


Cuando nació nuestro hijo José Manuel Robles Morán pensé que el mundo se había acabado, pero al pasar los días comprendí que su llegada a nuestras vidas representaba nuestra gran misión y ésta era la de trabajar por él.
José Manuel nació con un hueco en su corazón. Su cardiólogo Miguel De la Rosa nos dijo, una vez que le hizo su ecocardiograma, que necesitaba una operación antes de que cumpliera el año de edad, pero que aquí en Panamá no tenían la experiencia para este caso.
Desde ese momento se inició nuestro peregrinaje y angustia, pero siempre con la fe en Dios de que todo iba a salir bien.
Viajamos a la ciudad de Bogotá. En el centro cardioinfantil de esta ciudad, luego de hacerle el cateterismo cardíaco, el cirujano nos dijo que a José Manuel no lo podían operar ya que Bogotá se encuentra a 2,500 metros sobre el nivel del mar lo que causaba que la concentración de oxígeno fuera menor que la de un sitio que estuviera a nivel del mar. Por esta razón, una vez operado el niño, no se le hubiese podido despegar de los tanques de oxígeno. De forma que ellos recomendaban el regreso a Panamá y que buscáramos rápidamente otra alternativa.
Regresamos a Panamá muy tristes, pero con esperanza de vida. Para nuestra sorpresa, al llegar a la clínica del Dr. De la Rosa, él nos reveló la noticia de que le había llegado el informe médico de una niña que fue operada en Canadá y que los resultados habían sido excelentes. Y que no nos desesperáramos ya que Dios le tenía deparado a José Manuel algo mejor.
El Dr. De la Rosa, después de pedir nuestra anuencia, realizó todas las consultas necesarias con los médicos del Canadá los cuales respondieron, casi inmediatamente, que tendrían mucho gusto en atender el caso de José Manuel.
Después de tres largos meses viajamos a la ciudad de Edmonton, Canadá y quiero decirles, queridos hermanos, que estuvimos en el hospital del cielo. Recibimos el apoyo de los médicos, enfermeras y trabajadores sociales y el gran apoyo de la Sociedad de Edmonton para la vida comunitaria.
José Manuel fue operado el día 6 de febrero de 1998. Sin embargo, quedó con una pequeña hemorragia la cual no se sabía de dónde procedía.
Los médicos tenían la esperanza de que el sangrado disminuyera; pero no fue así. En la noche del día 7 de febrero el médico de la unidad de cuidados intensivos nos dijo que debían intervenir a José Manuel nuevamente, pero que no nos garantizaban nada pues debían también repetir todo el proceso quirúrgico en menos de 72 horas. Y yo le contesté al doctor: no se preocupe, pues no son ustedes los que van a hacer esta cirugía sino Dios, así es que procedan con seguridad, pero si el niño muere nosotros no los vamos a cuestionar ni a demandar, ya que primero tenemos fe en Dios y en la Virgen María Rosa Mística y segundo yo sé que José responde. La primera cirugía duró 7 horas y la segunda que iba a durar 5 minutos, duró 5 horas.
Para gloria de Dios, en estos momentos, nuestro gran amor está vivo, tiene 2 años y goza de buena salud y sabemos que es un milagro de Dios.
Nuestro agradecimiento a todas aquellas personas que contribuyeron económicamente para que pudiésemos viajar a Canadá. A todos gracias por la oración permanente para que todo saliera bien.
Bendiciones para nuestro consejero y guía espiritual, Monseñor Uriah Ashley.

101 años de Panamá América

 
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