Mi mayor deseo
Victoriano Rodríguez S. (diostesalvepanama@yahoo.com)
¡Es diciembre, señores! Convivimos con nuestros semejantes en oficinas, talleres, escuelas, en cualquier lugar donde trabajemos con diferentes personas. Corresponde una pausa para reflexionar, una pausa para preguntarnos quiénes somos, de qué somos; así como quiénes son y de qué son nuestros semejantes.
Corresponde observar y permitir darnos cuenta que somos carne y hueso, igual que nuestros semejantes; quizás unos con estudios y otros no, unos con riqueza y otros en extrema pobreza; pero al final, ¿qué se lleva nuestro cadáver cuando el cuerpo expira? Existe un cuerpo mortal y un alma inmortal, en cada uno de nosotros. Un cuerpo que nos motiva a transgredir las normas éticas o morales y un alma inquieta que ocasionalmente nos impide dormir cuando hemos actuado con acciones dolosas, en conocimiento de nuestras propias fortalezas, perjudicando al más débil.
Existe una débil voz en nuestro interior que nos invita a reflexionar, a mirar un horizonte esperanzador, a tomar impulso, a continuar hacia delante y mejorar cada vez. Decía el año pasado que "la bondad y la ternura vienen en diminutos recipientes que se acumulan en el día a día y afloran solamente en diciembre; sin embargo para otros ese recipiente es tan pequeño que constantemente se desborda y acaricia a cada persona que nos rodea".
Siento que no he arado en el mar ni escrito al viento, siento que la luna tiene influencia sobre cada uno de nosotros y el tiempo nos habla. Siento que necesito de ti, como cada persona necesita de otra. Siento que si fuéramos más humanos y comprendiéramos la necesidad de amor que sentimos los seres creados por Dios, hubiera menos odio, más tranquilidad, más felicidad, más comunicación, más fidelidad, más amor.
En estas Navidades te pido practiques con tu pareja, hijos, hermanos, parientes, amigos y hasta compañeros de trabajo, el abrazo. Sí, bríndale un abrazo a tu pareja, bríndale un abrazo a un(a) amigo (a). Cuando brindas un abrazo con amor, sin malicias, podrás notar la diferencia existente entre tu yo inmediato y tu yo futuro. Sólo cuando lo hagas de corazón lo comprenderás. Para este nuevo año, año de la dicha, el secreto es el abrazo. El abrazo evita los rencores y sensibiliza el alma.
Doy gracias a Dios por permitirme existir, por haberme dado una madre como la que tuve, una esposa e hijos como los que tengo, por conocer un mundo que necesita de ti y de mí, para subsistir, por ser oriundo de un país que posee la mayores riquezas del mundo: la hospitalidad, el amor y el agua de sus manantiales. Deseo que permitas a tu corazón ser un pequeño recipiente de amor, bondad, ternura, comprensión y sensible ante el dolor ajeno, y que ese diminuto recipiente impida la acumulación de atributos y se convierta en el manantial donde cada uno pueda tomar y llevar. Cuando así actuemos, viviremos en un mundo lleno de paz y amor. Dios te guarde siempre. Dios te salve Panamá.
¡Es diciembre, señores! Convivimos con nuestros semejantes en oficinas, talleres, escuelas, en cualquier lugar donde trabajemos con diferentes personas. Corresponde una pausa para reflexionar, una pausa para preguntarnos quiénes somos, de qué somos; así como quiénes son y de qué son nuestros semejantes.
Corresponde observar y permitir darnos cuenta que somos carne y hueso, igual que nuestros semejantes; quizás unos con estudios y otros no, unos con riqueza y otros en extrema pobreza; pero al final, ¿qué se lleva nuestro cadáver cuando el cuerpo expira? Existe un cuerpo mortal y un alma inmortal, en cada uno de nosotros. Un cuerpo que nos motiva a transgredir las normas éticas o morales y un alma inquieta que ocasionalmente nos impide dormir cuando hemos actuado con acciones dolosas, en conocimiento de nuestras propias fortalezas, perjudicando al más débil.
Existe una débil voz en nuestro interior que nos invita a reflexionar, a mirar un horizonte esperanzador, a tomar impulso, a continuar hacia delante y mejorar cada vez. Decía el año pasado que "la bondad y la ternura vienen en diminutos recipientes que se acumulan en el día a día y afloran solamente en diciembre; sin embargo para otros ese recipiente es tan pequeño que constantemente se desborda y acaricia a cada persona que nos rodea".
Siento que no he arado en el mar ni escrito al viento, siento que la luna tiene influencia sobre cada uno de nosotros y el tiempo nos habla. Siento que necesito de ti, como cada persona necesita de otra. Siento que si fuéramos más humanos y comprendiéramos la necesidad de amor que sentimos los seres creados por Dios, hubiera menos odio, más tranquilidad, más felicidad, más comunicación, más fidelidad, más amor.
En estas Navidades te pido practiques con tu pareja, hijos, hermanos, parientes, amigos y hasta compañeros de trabajo, el abrazo. Sí, bríndale un abrazo a tu pareja, bríndale un abrazo a un(a) amigo (a). Cuando brindas un abrazo con amor, sin malicias, podrás notar la diferencia existente entre tu yo inmediato y tu yo futuro. Sólo cuando lo hagas de corazón lo comprenderás. Para este nuevo año, año de la dicha, el secreto es el abrazo. El abrazo evita los rencores y sensibiliza el alma.
Doy gracias a Dios por permitirme existir, por haberme dado una madre como la que tuve, una esposa e hijos como los que tengo, por conocer un mundo que necesita de ti y de mí, para subsistir, por ser oriundo de un país que posee la mayores riquezas del mundo: la hospitalidad, el amor y el agua de sus manantiales. Deseo que permitas a tu corazón ser un pequeño recipiente de amor, bondad, ternura, comprensión y sensible ante el dolor ajeno, y que ese diminuto recipiente impida la acumulación de atributos y se convierta en el manantial donde cada uno pueda tomar y llevar. Cuando así actuemos, viviremos en un mundo lleno de paz y amor. Dios te guarde siempre. Dios te salve Panamá.