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Mi Patria


Mi patria es un cúmulo de sentimientos... tiene el verdor de sus valles y montañas, de sus bosques apacibles y sus mansas llanuras; de sus campos cultivados donde crece el arroz, el banano y la caña.

Mi patria está pintada de guayacanes en flor, de intenso azul es su cielo que se confunde con las formas de sus serranías en lontananza y la placidez de sus mares infinitos.

Mi patria tiene el color del sol en una radiante mañana de abril; matices escarlatas de sus atardeceres y el argentino fulgor de sus noches estrelladas.

Mi patria tiene la imponente postura del volcán Barú, las suaves y azules formas del Canajagua y la exuberante majestuosidad del Tacarcuna.

Mi patria tiene la inmensidad del Bayano dominado, la fuerza indómita del Chiriquí, el Teribe y el Changuinola; la riqueza cristalina del Chagres milenario y la virginal frescura del Tuira y el Chucunaque.

Escucho la fuerza de sus dos mares golpear sus costas desnudas.

Escucho su canto en el murmullo de los manantiales; en el susurro de la brisa veraniega que acaricia sus sabanas de verde esmeralda, y en la menuda llovizna matutina que se escurre por los tejados centenarios y empapa los ranchos en la serranía.

Escucho su canto en la saloma de los campesinos… animando su esperanza; y en el acompasado sonido de las carretas recorriendo sus caminos polvorientos.

Escucho su canto en el tempranero mugido de los becerros anunciando que se acerca la hora del ordeño.

Escucho su canto en el armonioso trino de los pájaros madrugadores; en el canto fugaz de las perdices; en el melancólico trino de los binbines y el melodioso canto del sinsonte mañanero.

Mi patria tiene sabor a caña, a guarapo y a miel; sabe a leche recién ordeñada, a queso blanco y tortilla asada. Tiene sabor a tamales y bollo chango; a chicheme chorrerano, bocadillos y manjar blanco; a pan de maíz y bollo blanco; a arroz con guandú, sancocho y plátano asado; a chicha junta, bienmesabe y pan recién horneado: a carimañolas, frijoles chiricanos y almojábanos.

Mi patria tiene la dulce sonrisa de una montunita empollerada y la tierna e inocente mirada de una indiecita inmaculada.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América