Mi querido Panamá
Cavilando sobre la situación de incertidumbre, que es tema obligado en toda reunión social, política y familiar, en cualquier punto del territorio nacional, se me ocurrió escribir este artículo, sobre mi apreciación personal de este fenómeno.
En primer lugar, los políticos parecen olvidar que, cuando están en el poder, su deber principal es actuar, como reza una frase utilizada por los profesionales del derecho, "con el celo de un buen padre de familia"; es decir, trabajar a tiempo completo, en la búsqueda de soluciones a los ingentes problemas que afectan a los más pobres del país. Su intelecto debe estar comprometido exclusivamente a esa tarea; sacrificando su bienestar personal y el de su familia más cercana, durante el tiempo que esté al frente de un puesto público, sin importar la jerarquía del mismo, todos son importantes, ya sea en el Organo Ejecutivo, el Judicial o el Legislativo; desafortunadamente, la percepción generalizada es que, un alto porcentaje de funcionarios públicos no está ejerciendo su cargo en forma responsable, como demanda un país que desea salir del agobiante subdesarrollo.
Por otro lado, algunos empresarios, en su afán por hacer dinero, se olvidan del mensaje bíblico que nos dejara el hijo de Dios hecho hombre: "Quiere a tu prójimo como a ti mismo"; y más bien lo interpretan como: "explota a tu prójimo y déjalo en la miseria que lo que vale en este mundo es el dinero que acumules y te distinga de los demás". Los salarios que pagan a sus empleados son lo mínimo que la ley les obliga, ni un centavo más, sin importar los millones que pueda reportarles en ganancia sus negocios, ni las penurias que éstos padezcan.
Las drogas, prostitución, asaltos, asesinatos, suicidios, balaceras entre bandas juveniles rivales, noticias de todos los días, son consecuencia directa de la frustración de un país entero que observa, hasta ahora pasivamente, la corrupción generalizada en el manejo de los fondos públicos, el poco importa de sus dirigentes hacia la solución de su inaguantable situación.
Deficiente atención a los problemas de salud, educación, vivienda, transporte, seguridad pública, empleos dignos y por ende, a la paz social, tan necesaria para iniciar el camino a la verdadera convivencia pacífica.
En estas cortas líneas, he pretendido sintetizar mi sentir, sobre las causas del pesimismo reinante en nuestro "Querido Panamá", y marco entre comillas estas palabras, porque son muchos los panameños que las repiten y muy pocos que las sienten de verdad, a ellos se debe la atmósfera de augurios catastróficos parael país.
La impagable deuda externa, heredada de malos panameños en contubernio con banqueros inescrupulosos, frena nuestros deseos de avanzar, debido a las exigencias de pagos de intereses, en cifras muy por encima de nuestras posibilidades reales, lo que nos dirige hacia nuevos préstamos y condiciones de ajustes estructurales, en detrimento de nuestra sufrida clase marginada.
Mientras unos pocos están buscando soluciones al desempleo, con inversiones locales y extranjeras, con un turismo de altura, fuente inagotable de nuevos empleos, en Colón, Farallón, en la capital y en otros atractivos sitios del país, muchos otros sólo saben buscar excusas a su falta de entrega a la patria que los vio nacer.
El pesimismo es contagioso y grave, seamos optimistas y veremos que los problemas, por muy graves que parezcan, tienen sus soluciones.
Panamá nos necesita; atendamos el llamado de nuestra patria y entreguémonos con fe a enrumbar nuestro barco, Panamá.
En primer lugar, los políticos parecen olvidar que, cuando están en el poder, su deber principal es actuar, como reza una frase utilizada por los profesionales del derecho, "con el celo de un buen padre de familia"; es decir, trabajar a tiempo completo, en la búsqueda de soluciones a los ingentes problemas que afectan a los más pobres del país. Su intelecto debe estar comprometido exclusivamente a esa tarea; sacrificando su bienestar personal y el de su familia más cercana, durante el tiempo que esté al frente de un puesto público, sin importar la jerarquía del mismo, todos son importantes, ya sea en el Organo Ejecutivo, el Judicial o el Legislativo; desafortunadamente, la percepción generalizada es que, un alto porcentaje de funcionarios públicos no está ejerciendo su cargo en forma responsable, como demanda un país que desea salir del agobiante subdesarrollo.
Por otro lado, algunos empresarios, en su afán por hacer dinero, se olvidan del mensaje bíblico que nos dejara el hijo de Dios hecho hombre: "Quiere a tu prójimo como a ti mismo"; y más bien lo interpretan como: "explota a tu prójimo y déjalo en la miseria que lo que vale en este mundo es el dinero que acumules y te distinga de los demás". Los salarios que pagan a sus empleados son lo mínimo que la ley les obliga, ni un centavo más, sin importar los millones que pueda reportarles en ganancia sus negocios, ni las penurias que éstos padezcan.
Las drogas, prostitución, asaltos, asesinatos, suicidios, balaceras entre bandas juveniles rivales, noticias de todos los días, son consecuencia directa de la frustración de un país entero que observa, hasta ahora pasivamente, la corrupción generalizada en el manejo de los fondos públicos, el poco importa de sus dirigentes hacia la solución de su inaguantable situación.
Deficiente atención a los problemas de salud, educación, vivienda, transporte, seguridad pública, empleos dignos y por ende, a la paz social, tan necesaria para iniciar el camino a la verdadera convivencia pacífica.
En estas cortas líneas, he pretendido sintetizar mi sentir, sobre las causas del pesimismo reinante en nuestro "Querido Panamá", y marco entre comillas estas palabras, porque son muchos los panameños que las repiten y muy pocos que las sienten de verdad, a ellos se debe la atmósfera de augurios catastróficos parael país.
La impagable deuda externa, heredada de malos panameños en contubernio con banqueros inescrupulosos, frena nuestros deseos de avanzar, debido a las exigencias de pagos de intereses, en cifras muy por encima de nuestras posibilidades reales, lo que nos dirige hacia nuevos préstamos y condiciones de ajustes estructurales, en detrimento de nuestra sufrida clase marginada.
Mientras unos pocos están buscando soluciones al desempleo, con inversiones locales y extranjeras, con un turismo de altura, fuente inagotable de nuevos empleos, en Colón, Farallón, en la capital y en otros atractivos sitios del país, muchos otros sólo saben buscar excusas a su falta de entrega a la patria que los vio nacer.
El pesimismo es contagioso y grave, seamos optimistas y veremos que los problemas, por muy graves que parezcan, tienen sus soluciones.
Panamá nos necesita; atendamos el llamado de nuestra patria y entreguémonos con fe a enrumbar nuestro barco, Panamá.