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Mi testimonio


Al término del milenio, Panamá ha culminado su postgrado como nación.
Desde los tiempos del descubrimiento y del Régimen Español, comenzó Panamá a dar muestras inquietantes de desear una identidad nacional. Así fue como se dieron los intentos independentistas, el principal de los cuales lo liderizara el General Tomás Herrera. Se acentúa con la independencia de 1903, esta vocación ya irrenunciable de los panameños.
A partir de esa fecha histórica una sucesión consecutiva de hechos, en los cuales concurren panameños de todas las condiciones, profundiza aún más la configuración de un corazón y un alma nacional indestructible.
Sería injusto hacer la enumeración detallada de todos los pro-hombres que han contribuido a la formación de nuestro país. La incesante lucha desde nuestros planteles educativos hasta la formación de profesionales en todos los órdenes e igualmente de trabajadores calificados y su injerencia en este desarrollo apuntalan esta opinión.
En el devenir de los tiempos y por muchas décadas, con todos sus defectos, pero también con sus virtudes, Panamá ha venido creciendo con una fuerza arrolladora en el afinamiento de sus recursos humanos. Paralelamente, el resurgimiento del mejoramiento material de la República se observa ineludible en todas las circunscripciones geográficas y políticas de la República.
Frente a todos los embates que han sufrido nuestra soberanía y la jurisdicción sobre el territorio nacional, hemos demostrado una voluntad irreductible por lograr esa identidad nacional que nos envuelve en un solo puño.
Al alcanzar el fin de este milenio, este 31 de diciembre de 1999, los frutos de estos empeños cuajan una realidad. Panamá alcanzó la plenitud de su soberanía y la jurisdicción total sobre su territorio.
Pueden quedar al desgaire cláusulas más, cláusulas menos, que hablen de neutralidades y a su amparo de obligaciones trasnochadas. Lo cierto es que Panamá quiso ser un país distinto y dueño de su propio destino. Y al cierre de esta centuria, lo hemos logrado.
No obstante, a fuer de pragmático, es sensato que miremos a inicios del próximo milenio, hacia la objetividad y literalidad de esas cláusulas que un presidente de los Estados Unidos recordara al cierre de los protocolos de la entrega del Canal cuando aludió a la "obligación" de ese país, de defender a Panamá.
Hemos sido socios de los Estados Unidos cuando ellos pusieron la construcción del Canal y nosotros nuestro territorio. Esa sociedad termina con el milenio y debe dar paso a nuevos Tratados y Convenios con la única Super Potencia Mundial, que abarquen no sólo temas de defensa sino de intercooperación en todo aquello en que nuestros intereses, el de ambos países, concurran para ayudarnos y hacernos cada vez más, más amigos.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América