Mientras Panamá duerme?
Con frecuencia se comenta sobre las ventajas comparativas que nuestro país comparte con Singapur, las cuales suponen a Panamá un eventual adelanto socioeconómico similar. Ese pequeñísimo territorio asiático de casi cuatro millones de habitantes, menor que cualquier provincia panameña - el tamaño de su isla principal se aproxima al de la comarca Wargandí - ha disfrutado en las últimas décadas de un formidable éxito industrial, portuario y comercial que sirve de modelo tanto a naciones desarrolladas como en vías de desarrollo por igual.
Paralelo al progreso de su economía, Singapur ha reconocido que un sistema de resolución de disputas internacionales eficaz y confiable, ofrecido mundialmente a las partes en controversias marítimas, mercantiles y de inversión, es vital para mantener su creciente éxito. Cuenta en estos aspectos con una legislación moderna y un Centro de Arbitraje Internacional (SIAC) de gran demanda.
A diferencia de Panamá, en Singapur no pierden el tiempo ni se enredan en discrepancias.
En lo que va de 2007, he sido testigo de algunos de los agigantados pasos que Singapur está dando para consolidarse como sede de arbitrajes internacionales. En febrero y marzo pasados sirvió de anfitrión al XVI Congreso Internacional de Arbitros Marítimos, que resultó sumamente productivo.
En abril, el SIAC anunció el establecimiento, junto a la Asociación Americana de Arbitraje y otras entidades, del Centro Internacional de Mediación. En septiembre llegó a un acuerdo con el Buró Internacional de la Corte Permanente de Arbitraje en La Haya para abrir una oficina regional, la única en rutas marítimas desde y hacia el Pacífico. En octubre acogió a la Comisión de Arbitraje de la Cámara de Comercio Internacional que por primera vez en muchos años se reunió fuera de su sede en París.
Mientras tanto, en Panamá, no se reporta absolutamente ningún avance. Al contrario, el país sigue estancado con una legislación y procedimiento deficientes. El abandono, la politiquería y la corrupción han ido ocupando el lugar de la iniciativa privada, imposibilitando cualquier progreso.
Lo que para Singapur era un sueño en desarrollo de su economía y posición geográfica, para Panamá, a falta de seriedad, de trabajo desinteresado y de transparencia, sigue siendo una quimera.