Millett: ciudadano regional
Hay personas que son ciudadanos no del lugar donde habitan físicamente sino de aquellos rincones a los cuales les han dedicado sus vidas, personales o profesionales. Richard L. Millett es una de ellas. Natural de Estados Unidos, ha dedicado gran parte de su vida al estudio y la colaboración en América Latina. Es, sin espacio a dudas, uno de los norteamericanos más conocedores de la región. Y, muy especialmente, de una de las épocas más oscuras de Panamá, no porque le hayan conferido esa categoría. Lo es en función de sus esfuerzos, sus contactos, sus conocimientos de la región y del idioma, pero sobretodo de la idiosincrasia latinoamericana. En su país, al requerirse un experto en el área, Millet es un referente permanente.
Conocí a Dick Millett a principios de los ochenta. Ya estaba especializado en la revolución sandinista y la caída de Somoza; colaboraba con el Departamento de Defensa norteamericano para ayudarlos en sus relaciones con los militares latinoamericanos. En esa tarea llegó a Panamá. Eran los tiempos en que los oficiales panameños eran adiestrados por la Escuela de las Américas y vivían bajo la sombra del Pentágono, como Torrijos llegó a reconocer. Millet conoció a Noriega y a todos sus compinches. Esos contactos lo convirtieron en el norteamericano con mayores conocimientos internos de las Fuerzas de Defensa, de mucho servicio al final del régimen.
Demócrata, pero sobretodo académico, nunca ha desempeñado cargos públicos, lo que siempre le acrecentó su valía como asesor sin compromisos. Millet fue de los primeros en realizar hacia dónde se dirigía Panamá en manos de Noriega; no lograba comprender cómo, a sabiendas de todo lo que el dictador hacía, continuaba recibiendo apoyo incondicional de los Estados Unidos.
Precisamente, tuve la dicha de compartir esas experiencias con él: Noriega tenía a Néstor Sánchez en el Departamento Defensa y a Elliot Abrams en el Departamento de Estado, quien al final se le volteó. Millet sostenía opiniones diferentes sobre Panamá, por eso no era bien visto por los republicanos. Aún a riesgo de ser marginado por la maquinaria conservadora, el académico nos abrió las puertas de la opinión pública de su país para que la voz opositora panameña pudiera contrastar la de un gobierno que por cuestiones estratégicas y de conveniencia apoyaba al sátrapa. Fue así como logramos potenciar nuestro mensaje de que las cosas no estaban bien.
Richard ha sido profesor de muchos militares y académicos dentro y fuera de su país. Sus publicaciones en revistas especializadas así como sus libros, son obligatorios para los expertos en estos temas. Ha enseñado toda su vida y sus conocimientos sobre temas de seguridad y defensa global lo convierten en esa referencia que en muchos momentos se requiere.
Por ese importante papel que jugó en la democratización de Panamá, nuestro país le debe un reconocimiento Richard Millet. Siempre he tenido la certeza de que si Estados Unidos hubiera atendido a sus conocimientos se habría evitado el final de Noriega se haya dado a un costo tan algo, especialmente en términos de vidas humanas.