Ministerio Público ¿Para qué?
El presente de la sociedad panameña se desenvuelve en medio de una compleja contradicción de desilusiones y esperanzas. Los abusos se multiplican a todos los niveles para impedir la participación ciudadana, olvidando así que: “No hay democracia verdadera y estable sin participación ciudadana y justicia social”
En medio de la inagotable epilepsia de mentiras y patrañas del poder, las reacciones ciudadanas siguen siendo reacciones tímidas y atomizadas. Los espacios ciudadanos buscan ser reducidos a su mínima expresión para impedir que la gente se de cuenta que “el cambio” era para que nada cambie. La mentira reina como instrumento efectivo de poder y de control.
Cada día amanecemos con más y más acciones al margen o de espaldas a la Constitución y las Leyes, más contrataciones directas, como la compra del lujoso avión con un cuento chino desgastado; se multiplican las resoluciones y decisiones anticonstitucionales de la Asamblea Nacional; más impuestos, más tasas y cargas fiscales para la población menos pudiente; la violación del debido proceso, de la presunción de inocencia, del derecho a la intimidad y la privacidad, incrementados viáticos y dietas para los fastuosos viajes de los funcionarios públicos. Sin olvidarnos de la imposición de Magistrados a la Corte.
Debo insistir que el poder de las patrañas erosiona, día a día, la transparencia de las acciones gubernamentales a todos los niveles, debilita y desvía la necesaria participación ciudadana y promueve los conflictos de intereses y el tráfico de influencias que sustentan tanta corrupción, que tanto daño hace a tantos por culpa de tan pocos.
Ejemplo inmediato del delirio que está provocando el poder, se puede observar en el itinerario que se han trazado con el Ministerio Público, con el propósito de convertirlo del todo en un instrumento al servicio del presidencialismo a ultranza por el que se nos quiere llevar. Luego de la posposición de la entrada en vigencia del sistema penal acusatorio, de la no implementación de todo un sinnúmero de normativas, que garanticen a los ciudadanos las posibilidades de contar con un Estado Social y Democrático de Derecho, proceden a una campaña mediática de desinstitucionalización que no traerá nada de seguridad, ni de sosiego en nuestras comuniaddes.
Las bandas de delincuentes y criminales, de cuello blanco o no, así como los núcleos acostumbrados a actuar al margen de la Ley y de la transparencia, celebran con alegría que la población se pregunte: Ministerio Público ¿para qué? Mientras personeros, fiscales y demás entran en la vorágine de la inestabilidad, de la incredulidad y de las conjeturas laborales, el delito y el crimen campean y se reparten el campo libre dejado por los aspirantes a tiranuelos, en su afán de controlar, acaparar y mandar.
Le toca a todo ciudadano abandonar la actitud de espectador. De lo contrario, la interrogante planteada solo podrá tener una sola respuesta: Ministerio Público para perseguir las libertades, pisotear las garantías fundamentales, amordazar la libertad de expresión y un largo etcétera...