Ministerios de favor
Santiago de Chile (AIPE)- Hay muchas razones para cerrar o reducir el tamaño de varios ministerios. Una de ellas es porque terminan pactando con ciertos grupos de interés minoritarios, para esquilmar a la mayoría que les paga sus sueldos. El de Agricultura se ha especializado en bandas de precios, sobretasas arancelarias, salvaguardias y otras restricciones comerciales. Tiene las puertas abiertas para el cabildeo empresarial y el castigo consiguiente para los pobres que consumen alimentos. Otro tanto ocurre con el de Economía, siempre dispuesto a proteger a capitalistas de la industria y del agro.
En el último tiempo, el de Relaciones Exteriores se ha incorporado al negocio y cada vez que se firma un acuerdo comercial, tipo Mercosur, hay que ponerse a rezar con las manos en los bolsillos, para que no nos vayan a meter una sobretasa o un programa de "liberación" a 20 años. El del Trabajo se ve siempre listo para escuchar a los pocos que circulan en torno a la CUT y demás organizaciones sindicales que no representan ni al cinco por ciento de los chilenos, y menos a los desocupados e inactivos. Aquí el negocio es proteger a esa minoría, perjudicando al resto, al restringir la creación de puestos de trabajo. Al de Salud habría que cambiarle el nombre y llamarlo el de la receta obligada y pagada para poder comprar antibióticos, viagras y similares.
El de Minería, perfectamente inútil en un país como Chile, es un puro cabildeo para "pequeños y medianos" productores y algunos más grandes, donde figuran importantes empresas estatales. En Transportes nos ahorraríamos tiempo y, quizás, dinero si derechamente se cierra o se nombra a cargo del mismo al presidente del gremio del rodado. Total, igual van a subir los precios y cuotas de mercado y es difícil imaginar más desorden que el observado en los últimos años. ¿Educación? Otra instancia de cabildeo a cargo del llamado Colegio de Profesores y de variados "investigadores y artistas" ligados a universidades tradicionales y a organismos fomentadores, acreditadores y de alta categoría, que financiamos todos.
Una verdadera revisión democrática debe contemplar devolverle los ingresos, la libertad y el poder quitados a los ciudadanos por las instancias estatales que se dedican a traspasar recursos a unos pocos privilegiados. Obviamente, habría que comenzar por cerrar ministerios y organismos inútiles. Pero no. Esto no está en la agenda de nuestros demócratas, como tampoco en la de connotados políticos, artistas e intelectuales que viven hablando de la desigualdad y de los pobres. No ven que el Estado es, además de un explotador, un gran corruptor, más allá de quien lo maneje. Y es moralmente peligroso, porque opera de manera sutil, engañosa y solapada. De hecho, pocos se dan cuenta de que los pobres pagan mucho más que lo indicado por el mercado libre por el pan, el azúcar, los antibióticos y los textiles, simplemente por una imposición estatal inconsulta a favor de algunos grupos poderosos.
Decano de economía de la Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central.
En el último tiempo, el de Relaciones Exteriores se ha incorporado al negocio y cada vez que se firma un acuerdo comercial, tipo Mercosur, hay que ponerse a rezar con las manos en los bolsillos, para que no nos vayan a meter una sobretasa o un programa de "liberación" a 20 años. El del Trabajo se ve siempre listo para escuchar a los pocos que circulan en torno a la CUT y demás organizaciones sindicales que no representan ni al cinco por ciento de los chilenos, y menos a los desocupados e inactivos. Aquí el negocio es proteger a esa minoría, perjudicando al resto, al restringir la creación de puestos de trabajo. Al de Salud habría que cambiarle el nombre y llamarlo el de la receta obligada y pagada para poder comprar antibióticos, viagras y similares.
El de Minería, perfectamente inútil en un país como Chile, es un puro cabildeo para "pequeños y medianos" productores y algunos más grandes, donde figuran importantes empresas estatales. En Transportes nos ahorraríamos tiempo y, quizás, dinero si derechamente se cierra o se nombra a cargo del mismo al presidente del gremio del rodado. Total, igual van a subir los precios y cuotas de mercado y es difícil imaginar más desorden que el observado en los últimos años. ¿Educación? Otra instancia de cabildeo a cargo del llamado Colegio de Profesores y de variados "investigadores y artistas" ligados a universidades tradicionales y a organismos fomentadores, acreditadores y de alta categoría, que financiamos todos.
Una verdadera revisión democrática debe contemplar devolverle los ingresos, la libertad y el poder quitados a los ciudadanos por las instancias estatales que se dedican a traspasar recursos a unos pocos privilegiados. Obviamente, habría que comenzar por cerrar ministerios y organismos inútiles. Pero no. Esto no está en la agenda de nuestros demócratas, como tampoco en la de connotados políticos, artistas e intelectuales que viven hablando de la desigualdad y de los pobres. No ven que el Estado es, además de un explotador, un gran corruptor, más allá de quien lo maneje. Y es moralmente peligroso, porque opera de manera sutil, engañosa y solapada. De hecho, pocos se dan cuenta de que los pobres pagan mucho más que lo indicado por el mercado libre por el pan, el azúcar, los antibióticos y los textiles, simplemente por una imposición estatal inconsulta a favor de algunos grupos poderosos.
Decano de economía de la Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central.