Mirando al techo
Santiago de Chile / AIPE - No pasa día en que Lagos, el candidato confrontacional a la presidencia de Chile, cuya vista parece impenitentemente anclada en el pasado, no lance un ataque contra su adversario conciliador, sólo preocupado del futuro. El segundo no replica a los ataques. Está bien. Es un nuevo estilo. Pero son ataques que demandan réplica.
Ayer el candidato confrontacional, después de anunciar que permitirá el aborto gratuito en hospitales públicos, cuando tres médicos concuerden en que es necesario para salvar a la madre, añadió, a título de justificación: "Si es por defender la vida, lo hice cuando otros callaron y miraron hacia el techo". ¿Y hacia dónde miraba él cuando su partido, el socialista, en tres congresos consecutivos propició la lucha armada? ¿O cuando, al amparo del primer presidente socialista, se internaban ilegalmente armas en Chile? ¿Hacia dónde miraba cuando su partido mantenía "más o menos mil a mil 500 hombres con armas livianas, como se dice en lenguaje militar" en 1973 (Altamirano, presidente del Partido Socialista)?
Ahora todos miramos al techo cuando se procesa a militares que combatieron el terrorismo y la lucha armada, habiéndose perdonado al mismo tiempo a quienes propiciaron el uno y la otra. No miremos hacia el techo cuando se proclama como demócrata a un Allende que, siendo presidente del Senado, en 1969, según relata un soldado cubano en sus memorias, los "ayudó grandemente en el traslado de las armas: en sus valijas trasladamos las armas a través de la embajada de Argelia; después se hicieron llegar hasta Chile y posteriormente hasta Bolivia".
El dirigente comunista Orlando Millas refiere en sus memorias que en 1974, en Moscú, acordaron con Gladys Marín, Volodia Teitelboim y Manuel Cantero enviar a jóvenes chilenos a recibir instrucción militar en Cuba para combatir en Chile. "Un regusto amargo -confiesa- me hace sentir que los condujimos a quemarse en Chile en batallas imposibles". Más amargo debe ser el regusto de los militares hoy presos como "asesinos" por haber combatido a esas tropas. Los autores intelectuales de todo eso son hoy "defensores de los derechos humanos". Ojalá el candidato confrontacional y sus camaradas de entonces hubieran nada más que "mirado hacia el techo" cuando se gestaba la lucha armada. Jaime Guzmán (víctima de aquellos revolucionarios) y su gente no callaron entonces ni tampoco después. Yo mismo puedo exhibir columnas firmadas, de 1975, en la revista "Qué Pasa", protestando por los que consideré abusos, como también editoriales del diario que dirigía a fines de esa década, en igual sentido. No "mirábamos hacia el techo" ni cuando la izquierda llamaba a las armas ni cuando se incurrió en excesos al enfrentarla. Ni ahora ante el anuncio del aborto gratuito.
Y, en fin, tampoco cuando quienes adherían a la destrucción del "aparato burocrático-militar del Estado burgués" hace 25 años se presentan hoy como depositarios de las tradiciones republicanas. Ni cuando quien ofrecía como "la única y verdadera solución" la "abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción, los cuales deben pasar al Estado", dice ser hoy amigo de la empresa privada. Por eso respondo al candidato confrontacional utilizando la mejor retórica insulciana: "a otro perro con ese hueso".
Ayer el candidato confrontacional, después de anunciar que permitirá el aborto gratuito en hospitales públicos, cuando tres médicos concuerden en que es necesario para salvar a la madre, añadió, a título de justificación: "Si es por defender la vida, lo hice cuando otros callaron y miraron hacia el techo". ¿Y hacia dónde miraba él cuando su partido, el socialista, en tres congresos consecutivos propició la lucha armada? ¿O cuando, al amparo del primer presidente socialista, se internaban ilegalmente armas en Chile? ¿Hacia dónde miraba cuando su partido mantenía "más o menos mil a mil 500 hombres con armas livianas, como se dice en lenguaje militar" en 1973 (Altamirano, presidente del Partido Socialista)?
Ahora todos miramos al techo cuando se procesa a militares que combatieron el terrorismo y la lucha armada, habiéndose perdonado al mismo tiempo a quienes propiciaron el uno y la otra. No miremos hacia el techo cuando se proclama como demócrata a un Allende que, siendo presidente del Senado, en 1969, según relata un soldado cubano en sus memorias, los "ayudó grandemente en el traslado de las armas: en sus valijas trasladamos las armas a través de la embajada de Argelia; después se hicieron llegar hasta Chile y posteriormente hasta Bolivia".
El dirigente comunista Orlando Millas refiere en sus memorias que en 1974, en Moscú, acordaron con Gladys Marín, Volodia Teitelboim y Manuel Cantero enviar a jóvenes chilenos a recibir instrucción militar en Cuba para combatir en Chile. "Un regusto amargo -confiesa- me hace sentir que los condujimos a quemarse en Chile en batallas imposibles". Más amargo debe ser el regusto de los militares hoy presos como "asesinos" por haber combatido a esas tropas. Los autores intelectuales de todo eso son hoy "defensores de los derechos humanos". Ojalá el candidato confrontacional y sus camaradas de entonces hubieran nada más que "mirado hacia el techo" cuando se gestaba la lucha armada. Jaime Guzmán (víctima de aquellos revolucionarios) y su gente no callaron entonces ni tampoco después. Yo mismo puedo exhibir columnas firmadas, de 1975, en la revista "Qué Pasa", protestando por los que consideré abusos, como también editoriales del diario que dirigía a fines de esa década, en igual sentido. No "mirábamos hacia el techo" ni cuando la izquierda llamaba a las armas ni cuando se incurrió en excesos al enfrentarla. Ni ahora ante el anuncio del aborto gratuito.
Y, en fin, tampoco cuando quienes adherían a la destrucción del "aparato burocrático-militar del Estado burgués" hace 25 años se presentan hoy como depositarios de las tradiciones republicanas. Ni cuando quien ofrecía como "la única y verdadera solución" la "abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción, los cuales deben pasar al Estado", dice ser hoy amigo de la empresa privada. Por eso respondo al candidato confrontacional utilizando la mejor retórica insulciana: "a otro perro con ese hueso".