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Mirando el futuro


Hay que hacer un gran esfuerzo para asumir una actitud optimista cuando proyectamos el dinamismo económico del próximo año. Es cierto que se pretende liberar parte del dinero acumulado en el fondo fiduciario y que no hay que hacer desembolsos extraordinarios con relación al pago de la deuda externa lo que permitiría predecir mejores días; pero, por otra parte la campaña política que se avecina y la reforma tributaria recientemente aprobada por la Asamblea Legislativa tendrán un efecto negativo sobre el ambiente de negocios porque desalientan la inversión y hacen más difícil la esperada recuperación.
Lo triste de todo esto es que Panamá no merece atravesar esta difícil situación económica si tenemos en cuenta que posee todas las condiciones requeridas para crear riqueza. Fértiles tierras donde se produce el mejor banano del mundo, mares abundantes de peces que podrían ser la base de una pujante actividad económica, privilegiada posición geográfica que nos permite exportar competitivamente tanto a los mercados del Atlántico como a los del Pacífico, preciosos paisajes para ofrecer al turista un destino apetecible, y un grupo de hombres y mujeres inteligentes capaces de trasformar todo este recurso en actividad generadora de empleo y de bienestar.
Lamentablemente, junto a esta generosa distribución de fortalezas, también recibimos la pesada carga de un puñado de líderes políticos y sociales que pareciera se han dedicado a la tarea de frenar cualquier esperanza de progreso para los panameños y panameñas. Donde quiera que surge un proyecto, nacen junto a él los encargados de destruirlo como si su misión fuera remar en contra del rumbo seguro y evitar que el país camine hacia el destino que merece.
Esta lucha entre los que avanzan y los que impiden avanzar nos deja paralizados en un mundo que no se detiene, donde el cambio se ha ido acelerando en una carrera que deja atrás a países que se aislan, sumidos en la miseria y la desesperanza. Hoy, más que nunca, necesitamos unidad de propósitos, sacrificios compartidos, desprendimiento de intereses individuales o de grupo para actuar movidos solamente por el interés nacional de lograr el bien común.
Ojalá que el próximo año nos traiga la fortaleza para convertirnos en instrumentos de progreso. Que el empresario encuentre nuevas fórmulas para generar empleo, que el trabajador se esfuerce por apoyar a su empresa, y que el gobernante colabore para crear el ambiente donde empresarios y trabajadores puedan llevar adelante su misión de engrandecimiento económico. Solamente así podremos ver el futuro con optimismo.
En enero se darán una serie de eventos y marchas contra la guerra. Dentro de los pacifistas hay muchos que afirman que el principal peligro en el Medio Oriente es Israel, el cual es intocable pese a poseer armas nucleares y estar aterrorizando a la población nativa. El sector más militante dentro del campo anti-guerra son los socialistas para quienes la derrota de Blair y Bush en una guerra contra Irak haría que mejoren las condiciones para que los trabajadores y los inmigrantes incrementen sus ingresos y derechos.
Una nueva guerra contra Irak sería la quinta que llevase a cabo el Nuevo Laborismo tras 5 años en el poder. El partido que anteriormente planteaba el desarme unilateral y el pacifismo, se ha convertido en el principal defensor del belicismo norteamericano en el mundo. Justifican su actitud planteando que se necesita un nuevo orden donde toda amenaza contra las democracias sea erradicada y se mantenga una línea fuerte que evite posibles macro-atentados en Londres y otras metrópolis como el del 11 de septiembre.

101 años de Panamá América

 
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