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¡Miren quién critica!


E l Sr. Olmedo Beluche, en artículo publicado el pasado 4 de marzo, critica las declaraciones de la Embajadora de Estados Unidos (EU), en el sentido de que en Panamá no hay una justicia transparente y existe creciente corrupción del sistema político. No querer admitir el estado de postración y degeneración en que nos encontramos como comunidad haciendo una selectiva y distorsionada crítica al régimen político y judicial de EU, es una grandísima deshonestidad intelectual. El consuelo de que en EU pueda existir corrupción es una actitud que induce a creer que tenemos que ser sumisos a nuestros problemas muchisímo más graves que los que pueda tener EU u otro país desarrollado.
El Sr. Beluche trata de relativizar la corrupción en Panamá al hacer aseveraciones superficiales y poco objetivas del sistema constitucional estadounidense reflejando su repudio al libre mercado y la democracia. EU tiene 228 años de instituciones sólidas, defensoras de un orden político de libertades y derechos ciudadanos. Tratar de quitarle autoridad moral a un embajador de ese país por hacer observaciones que todos sabemos cuáles son y cómo empezar a solucionarlas, es la misma táctica que usaban los militaristas para justificar la podredumbre institucional nacional.
Beluche exhibe una gran ignorancia de cómo funciona el sistema norteamericano de justicia al hablar de fraude en las elecciones de 2000 ( se hizo un escrutinio de las papeletas no contadas luego de dos meses y resultó efectivamente la victoria de Bush, cuestión verificada por decenas de periodistas en Dade, Florida).Ese mismo sistema judicial ha llevado a la cárcel a magnates del mundo financiero de ese país. Beluche esgrime una arrogancia que supera la de la embajadora de EU al decir que los norteamericanos promueven la inestabilidad en Latinoamérica al no dejar llegar al poder a delincuentes como Evo Morales en Bolivia y desestabilizar a Hugo Chávez, dictadorzuelo de Venezuela con delirios de grandeza bolivariana, que ha llevado a ese país a la pérdida de su dignidad como nación.
El movimiento popular unificado, que dice liderar el sociólogo en mención, promueve abierta apología al totalitarismo y la intolerancia al intentar convencer, en vano, de que la ciudadanía no acuda a votar el 2 de mayo promoviendo la no participación democrática del pueblo en las elecciones y callando los desmanes de la dictadura sanguinaria de Fidel Castro. Son los mismos que desde la crisis del Seguro Social (atizada por altos funcionarios y empleados de la administración Jované para buscar ganancias politiqueras administrando el caos creado alevosamente), quieren erigirse en poseedores absolutos de la verdad histórica; y por ende a que se les acepte incondicionalmente como representantes del manoseado "poder popular".
La ciudadanía debe estar alerta a sectores académicos y políticos que se pasean arrogantes blandiendo ideologías de la amargura y así fomentar conflictos de clases que no llevan ni llevarán a nada sino a pescar ventajas de la profunda crisis moral que vivimos. Son fórmulas ensayadas en otras naciones latinoamericanas que muestran su rotundo fracaso a la luz de la historia pasada y reciente.

101 años de Panamá América

 
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