default

Mireya Moscoso en la Casa Blanca


Meses antes de las elecciones generales, Oydén Ortega me invitó a colaborar con él en la redacción de un memorándum de Política Exterior para el candidato Martín Torrijos. Casi simultáneamente, José Raúl Mulino me dio a leer el programa de Política Exterior que había escrito para el candidato Alberto Vallarino, solicitándome que le formulara comentarios y sugerencias. Ante esta renovada demostración de confianza de dos eminentes internacionalistas y fraternos amigos , me animé a dirigirle a doña Mireya Moscoso un memorándum sobre el mismo tema el 15 de diciembre de 1998 ,cuyas copias entregué a Víctor Juliao , Winston Spadafora y posteriormente, a César Pereira Burgos .
Como para mí la política exterior de Panamá no es un tema de partido sino un tema de Estado, cumplí mi deber contribuyendo de alguna manera a proponer a las tres personalidades políticas que competían por la Presidencia de la República un mismo aspecto sustantivo : rechazar la presencia de bases militares de Estados Unidos en el territorio nacional ad perpetuam y redefinir las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, de estado soberano a estado soberano , en el contexto de una comisión intergubernamental panameño - norteamericana , manejada a nivel de cancillerías , para identificar espacios de cooperación bilateral, mutuamente satisfactorios y amistosos, como educación, transferencia tecnológica , ecología, etc. Así mismo, propuse la creación del Departamento de Estados Unidos dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores , ya que antes se ubicaba dentro del grupo de países de América del Norte, Canadá y México.
Evoco estas circunstancias al conocer la posición firme y enérgica de la presidenta Mireya Moscoso, precisando en su diálogo con Bill Clinton en la Casa Blanca que Panamá no necesita ni quiere bases militares y que defenderá la seguridad del canal con sus propios medios , recurriendo a la cooperación internacional si se presentara alguna eventualidad de riesgo a la integridad de la vía interoceánica.
Estoy convencido, absolutamente convencido, que Martín Torrijos y Alberto Vallarino , con la asesoría nacionalista de Oydén Ortega y José Raúl Mulino , habrían sostenido posición idéntica en lo referente a las bases militares extranjeras si hubieran llegado a la Presidencia de la República. Y como se trata de una posición compartida por tan distinguidos ciudadanos panameños , también me adelanto a expresar mi convicción que Vallarino y Torrijos se identifican con este acto de rescate de la soberanía nacional expresado con simplicidad elocuente y lo ubicarán , como dicen los franceses, au dessus de la melee, esto es , por encima de la pelea.
Como le manifesté por escrito a la entonces candidata presidencial Mireya Moscoso, conceptúo que, después del traspaso integral de la administración canalera, Panamá encarará el reto de reformular su política exterior como nación soberana , sin presencia militar foránea , sin limitaciones en el ejercicio de su jurisdicción en todo el territorio nacional .Los competentes internacionalistas que la asesoran, estoy seguro, plasmarán ese objetivo inequivocamente.-
En el pasado reciente vi con tristeza cómo la propuesta del Centro Multilateral Antidrogas, poco a poco, se había convertido en un laberinto sin salida . Reiteradas conversaciones con embajadores latinoamericanos amigos me convencieron que el convenio encontraba fuertes obstáculos . México y Brasil no podían aceptar compromisos que significaran aprobar presencia militar norteamericana permanente en bolsones territoriales en un país latinoamericano , largamente estragado por el intervencionismo, donde se aplicarían normas y directivas de la DEA o el Pentágono que, por añadidura, podrían ir más allá de la lucha antinarcóticos. Si aceptas el menoscabo de lo ajeno , acabarás menoscabando lo propio era la divisa tácita de las cancillerías latinoamericanas, celosas defensoras del principio de no intervención en su historia diplomática .Ernesto Pérez Balladares, comprendió que se encaminaba directamente al atolladero diplomático de un convenio de naturaleza bilateral , afortunadamente dio a tiempo un golpe de timón. Cuando el convenio estaba a punto de firmarse , los delegados norteamericanos quedaron con el bolígrafo suspendido en la mano . Pérez Balladares sorprendió a los delegados con una contrapropuesta que sustituía radicalmente al "mamotreto" original , como él mismo lo apostrofó. Mirando fijamente a Juan David Morgan, D´Artagnan, en un almuerzo con periodistas y escritores en las Garzas , habló del "mamotreto" de marras por primera vez y entonces advertí , aliviado, que todo iba a quedar anulado , para bien de la patria.
Pienso optimistamente que Bill Clinton , muy lejos del gran garrote de Theodore Roosevelt y más cerca de la paz universal de Woodrow Wilson ,fundador de la Sociedad de Naciones , respeta de buen grado el derecho de los panameños a su libre y soberana autodeterminación.
Muy temprano me abrevé doctrinariamente en "El Antimperialismo y el Apra" de Haya de la Torre y se arraigó en mi formación política la demanda reivindicativa del canal de Panamá en el plan máximo del Apra. En l976 , ejerciendo el cargo de secretario general del comité de desterrados apristas en Venezuela, Haya de la Torre me encargó una campaña de motivación internacional en defensa de la neutralización del canal en cualquier conflagración internacional.
Mutatis mutandi, hoy siento que me asisten los manes de la historia al conocer de labios del último estadista panameño del siglo, el epílogo de una era de colonialismo que laceraba las entrañas de Indoamérica. La historia dispuso que una mujer panameña, menuda de estatura , pero gigantesca de fuerza moral , discípula de un caudillo de nacionalismo incontrastable como el doctor Arnulfo Arias , asumiera en Washington la defensa de la soberanía nacional como una madre que restituye a sus hijos la heredad ancestral que habían perdido. En ese largo y doloroso proceso de rescate de la identidad nacional , sucumbieron panameños y latinoamericanos innumerables en escuelas , en aulas universitarias , en mazmorras abominables , en ágoras ciudadanas , en mil y un combates sin tregua ni claudicaciones . Todos ellos lucharon y agonizaron , preparando el derrotero para que una mujer de origen campesino , sin retórica grandilocuente , con la compendiosa simplicidad de la gente del campo, dijera que nunca más , nunca más, bases militares en territorio panameño , ni recortes de la soberanía nacional.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América