¡Mireya Moscoso sí cumplió!
En una de las más recientes "conferencias de prensa callejeras", la presidenta Moscoso, sin el menor sonrojo (mejor dicho, con altivez, arrogancia e ignorancia supina) dijo que cumplió sus promesas y compromisos con el pueblo en un 98 por ciento. Por lo visto, queda en evidencia que hubo fallas profundas en su formación y aprendizaje de matemática, contabilidad y comercio en la escuela María Inmaculada. Fue, sin duda alguna, un aprendizaje cosmético. Pero ya en ocasión anterior ha dicho también, con su particular demagogia producto de incoherencias repetidas, que en sólo cuatro años su gobierno había invertido más de cinco mil millones en obras sociales. ¡Cosa más grande de la vida...!
El diario La Prensa, en su editorial (10/11/03) responde a las declaraciones de la Presidenta así: "¿En qué mundo vive la presidenta Mireya Moscoso, cuando señala que ha cumplido su gestión de gobierno en el 98 por ciento, si la percepción del pueblo panameño indica que su administración, lejos de estar atendiendo sus promesas de campaña, ha abandonado los fundamentos que promueven el bienestar colectivo? Sus declaraciones altisonantes son, además de un culto patético a su personalidad, signos de decadencia moral, insensibilidad política y demagogia absoluta".
Empero, lo cierto es que la Presidenta sí ha cumplido no sólo un 98 por ciento, sino un 100 por ciento su gestión de gobierno: ha cumplido con sus familiares, con sus aliados incondicionales, con sus asesores, con sus amigas y amigos, con sus compadres y aduladores.
Los psicólogos sostienen que cuando la conciencia duerme, entonces aflora el subconsciente y, al parecer, la Presidenta habla bajo la influencia de su subconsciente. La gestión de su gobierno ha respondido al diseño real de su fundamento: el culto a la personalidad; en fomentar escandalosamente el nepotismo, el acomodo y la prebenda en beneficio exclusivo de sus amistades; en controlar todos los órganos de Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial); en invertir millonarios fondos públicos en viajes al extranjero, más que productivos de corte vanidoso; en invitaciones pueriles costosísimas a personalidades del mundo social, de menor importancia para los panameños; en favorecer a los extranjeros en desmedro de los valores nacionales; en derroche de lujo y repartición de honores y condecoraciones a quienes le ha dado la gana, etc., etc.
Si ensayamos un ejercicio matemático elemental de suma, para cuantificar el costo de las grandes obras materiales de que se ufana la presidenta Moscoso, ha realizado su gobierno (el Hospital Santo Tomás, la hidroeléctrica Estí, el segundo puente sobre el Canal, la mala reparación de algunas escuelas y colegios públicos, los acueductos y mejoras del IDAAN, carreteras y aeropuertos como los de Pedasí y Punta Mala, plantitas eléctricas en caseríos interioranos, granjas "sostenibles"; relojes Cartier para obsequiar a los legisladores, concurso Miss Universo, cumbre de presidentes, centenario o carnaval de despedida, etc., no suman siquiera mil 500 millones de dólares. No obstante, la Presidenta está plenamente convenida que ha invertido durante su gobierno más de cinco mil millones de dólares... ¡y viene mucho más!
Aunque sabemos la deficiencia de lecturas formativas, sobre todo en el aspecto cívico, moral y ético de la Presidenta y muchos de sus adláteres, siguiendo responsablemente en el cumplimiento de nuestra misión docente, citamos al gran maestro de América, José Ingenieros, de su obra "La simulación en la lucha por la vida", lo pertinente al caso que nos ocupa: "Todo individuo de la especie humana es, en cierto modo y cantidad, simulador; en determinadas circunstancias necesita serlo forzosamente. En los amorfos la simulación no llega a ser intensa ni compleja, por la sencilla razón de que nada lo es en ellos; cuando la afirmación de la personalidad no lo exige, los medios de lucha no se desenvuelven o lo hacen escasamente. Con una simulación débil coexisten otras condiciones adaptativas, débiles también, que no imprimen carácter determinado al individuo; el hombre larvadamente simulador puede ser, a la vez, larvadamente modesto, hipócrita, generoso, embustero, ambicioso, delincuente o servil".
En otra sentencia memorable, José Ingenieros ha dicho: "Amar la verdad es contribuir a la elevación del mundo moral; por eso ningún sentimiento es más odiado por los que medran de mentir. En todos los tiempos y lugares, el que expresa su verdad en voz alta, como la cree, lealmente, causa inquietud entre los que viven a la sombra de intereses creados. Pero aunque a toda hora le acechen la intriga y la venganza, el que ama su verdad no la calla; el hombre digno prefiere morir una sola vez, llevando incólume su tesoro".
Presidenta Moscoso (ahora y siempre): ¡Los panameños queremos que en Panamá habite la inteligencia y reine la justicia!
El diario La Prensa, en su editorial (10/11/03) responde a las declaraciones de la Presidenta así: "¿En qué mundo vive la presidenta Mireya Moscoso, cuando señala que ha cumplido su gestión de gobierno en el 98 por ciento, si la percepción del pueblo panameño indica que su administración, lejos de estar atendiendo sus promesas de campaña, ha abandonado los fundamentos que promueven el bienestar colectivo? Sus declaraciones altisonantes son, además de un culto patético a su personalidad, signos de decadencia moral, insensibilidad política y demagogia absoluta".
Empero, lo cierto es que la Presidenta sí ha cumplido no sólo un 98 por ciento, sino un 100 por ciento su gestión de gobierno: ha cumplido con sus familiares, con sus aliados incondicionales, con sus asesores, con sus amigas y amigos, con sus compadres y aduladores.
Los psicólogos sostienen que cuando la conciencia duerme, entonces aflora el subconsciente y, al parecer, la Presidenta habla bajo la influencia de su subconsciente. La gestión de su gobierno ha respondido al diseño real de su fundamento: el culto a la personalidad; en fomentar escandalosamente el nepotismo, el acomodo y la prebenda en beneficio exclusivo de sus amistades; en controlar todos los órganos de Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial); en invertir millonarios fondos públicos en viajes al extranjero, más que productivos de corte vanidoso; en invitaciones pueriles costosísimas a personalidades del mundo social, de menor importancia para los panameños; en favorecer a los extranjeros en desmedro de los valores nacionales; en derroche de lujo y repartición de honores y condecoraciones a quienes le ha dado la gana, etc., etc.
Si ensayamos un ejercicio matemático elemental de suma, para cuantificar el costo de las grandes obras materiales de que se ufana la presidenta Moscoso, ha realizado su gobierno (el Hospital Santo Tomás, la hidroeléctrica Estí, el segundo puente sobre el Canal, la mala reparación de algunas escuelas y colegios públicos, los acueductos y mejoras del IDAAN, carreteras y aeropuertos como los de Pedasí y Punta Mala, plantitas eléctricas en caseríos interioranos, granjas "sostenibles"; relojes Cartier para obsequiar a los legisladores, concurso Miss Universo, cumbre de presidentes, centenario o carnaval de despedida, etc., no suman siquiera mil 500 millones de dólares. No obstante, la Presidenta está plenamente convenida que ha invertido durante su gobierno más de cinco mil millones de dólares... ¡y viene mucho más!
Aunque sabemos la deficiencia de lecturas formativas, sobre todo en el aspecto cívico, moral y ético de la Presidenta y muchos de sus adláteres, siguiendo responsablemente en el cumplimiento de nuestra misión docente, citamos al gran maestro de América, José Ingenieros, de su obra "La simulación en la lucha por la vida", lo pertinente al caso que nos ocupa: "Todo individuo de la especie humana es, en cierto modo y cantidad, simulador; en determinadas circunstancias necesita serlo forzosamente. En los amorfos la simulación no llega a ser intensa ni compleja, por la sencilla razón de que nada lo es en ellos; cuando la afirmación de la personalidad no lo exige, los medios de lucha no se desenvuelven o lo hacen escasamente. Con una simulación débil coexisten otras condiciones adaptativas, débiles también, que no imprimen carácter determinado al individuo; el hombre larvadamente simulador puede ser, a la vez, larvadamente modesto, hipócrita, generoso, embustero, ambicioso, delincuente o servil".
En otra sentencia memorable, José Ingenieros ha dicho: "Amar la verdad es contribuir a la elevación del mundo moral; por eso ningún sentimiento es más odiado por los que medran de mentir. En todos los tiempos y lugares, el que expresa su verdad en voz alta, como la cree, lealmente, causa inquietud entre los que viven a la sombra de intereses creados. Pero aunque a toda hora le acechen la intriga y la venganza, el que ama su verdad no la calla; el hombre digno prefiere morir una sola vez, llevando incólume su tesoro".
Presidenta Moscoso (ahora y siempre): ¡Los panameños queremos que en Panamá habite la inteligencia y reine la justicia!