Mireya y su segundo año de gestión
Esta reflexión proporciona un buen pórtico para la elaboración de un análisis más sereno de la gestión presidencial de Mireya Moscoso, que mañana cumple su segundo año de gobierno en medio de una gran desazón colectiva y de graves dificultades económicas, políticas y sociales. No es realista desconocer que amplios sectores de la ciudadanía experimentan hoy un sentimiento de decepción ante los resultados nada alentadores de la gestión de gobierno de la alianza "Unión por Panamá", en la cual se depositó hace más de dos años tanta esperanza. Y sobre todo, ante la comprobación que los grandes males del país como son la recesión, el desempleo, la inseguridad e incluso la corrupción, cuya erradicación fue bandera de lucha de la coalición que triunfó en las últimas elecciones, no han podido ser neutralizados y, al contrario, en más de un aspecto, parece haberse acentuado.
La principal frustración de quienes asumieron la conducción del país el 1 de septiembre de 1999, es el no haber podido generar las condiciones de confianza que permitan empezar a salir del largo proceso de recesión que asfixia al país. A muchos factores se le puede atribuir este pertinaz estancamiento: a las indecisiones para frenar con energía el gasto improductivo; a un conjunto de medidas proteccionistas que, aunque inspiradas en el loable deseo de fortalecer los sectores productivos ineficientes, desalentaron a los sectores más dinámicos en el momento en que la actividad económica parecía empezar a repuntar; y a las dificultades políticas derivadas de la relación de fuerzas en una Asamblea en buena medida dominada por la oposición.
También pueden atribuirse algunos inconvenientes actuales a los evidentes problemas de comunicación que ha tenido el Gobierno prácticamente desde sus comienzos. Marchas y contramarchas, contradicciones entre los distintos estamentos de la administración, incapacidad para explicar satisfactoriamente a la opinión pública las medidas que se han debido adoptar y, sobre todo, una visible impotencia para transmitir a los ciudadanos una carga adecuada de fe y convicción en los resultados de la estrategia global del Gobierno, se han confabulado para debilitar la imagen pública de la gestión que está llevando adelante desde el Palacio de las Garzas.
Es imprescindible que la Presidenta retome su agenda de trabajo y procure ahora cumplir con las promesas hechas durante la campaña electoral. Para que eso sea factible, es fundamental que quienes la acompañan en su gestión de gobierno tengan ideas muy claras acerca de la dirección hacia la cual desean avanzar. De esta clase de acciones dependerá, en buena parte, el futuro de la economía tanto como la posibilidad de que la larga espera de los panameños se transforme en esperanza y el país empiece a sentir que tiene por delante un horizonte promisorio y luminoso.
La principal frustración de quienes asumieron la conducción del país el 1 de septiembre de 1999, es el no haber podido generar las condiciones de confianza que permitan empezar a salir del largo proceso de recesión que asfixia al país. A muchos factores se le puede atribuir este pertinaz estancamiento: a las indecisiones para frenar con energía el gasto improductivo; a un conjunto de medidas proteccionistas que, aunque inspiradas en el loable deseo de fortalecer los sectores productivos ineficientes, desalentaron a los sectores más dinámicos en el momento en que la actividad económica parecía empezar a repuntar; y a las dificultades políticas derivadas de la relación de fuerzas en una Asamblea en buena medida dominada por la oposición.
También pueden atribuirse algunos inconvenientes actuales a los evidentes problemas de comunicación que ha tenido el Gobierno prácticamente desde sus comienzos. Marchas y contramarchas, contradicciones entre los distintos estamentos de la administración, incapacidad para explicar satisfactoriamente a la opinión pública las medidas que se han debido adoptar y, sobre todo, una visible impotencia para transmitir a los ciudadanos una carga adecuada de fe y convicción en los resultados de la estrategia global del Gobierno, se han confabulado para debilitar la imagen pública de la gestión que está llevando adelante desde el Palacio de las Garzas.
Es imprescindible que la Presidenta retome su agenda de trabajo y procure ahora cumplir con las promesas hechas durante la campaña electoral. Para que eso sea factible, es fundamental que quienes la acompañan en su gestión de gobierno tengan ideas muy claras acerca de la dirección hacia la cual desean avanzar. De esta clase de acciones dependerá, en buena parte, el futuro de la economía tanto como la posibilidad de que la larga espera de los panameños se transforme en esperanza y el país empiece a sentir que tiene por delante un horizonte promisorio y luminoso.