default

A mis conciudadanos


MUY PRONTO, quizá mucho antes de lo deseable, todos los ciudadanos de nuestro país seremos convocados a tomar una decisión definitiva e irrevocable sobre el proyecto de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), presentado a consideración del Gobierno Nacional siguiendo las normas, reglas y leyes que para tal efecto establece la Constitución Nacional.
La convocatoria a un referéndum donde se apruebe o rechace el mencionado proyecto tiene la misma trascendencia que el realizado para la aprobación de los Tratados Torrijos-Carter.
Hoy, más que ayer, tal circunstancia nos compromete, como nunca antes en la era republicana, a elaborar con nuestra propia mano el destino del país a través del futuro del Canal de Panamá. A nadie más que al pueblo panameño le corresponderá la grandeza de la gloria o el vituperio del escarnio. Lo que está en juego no es el legado de un gobierno, sino la herencia patrimonial e histórica de toda la Nación.
Panamá no ha escapado a su responsabilidad histórica. Desde su independencia ha hecho honor a todos sus tratados y convenios internacionales dando así un ejemplo de desprendimiento en pos de la convivencia pacífica internacional. Su lema oficial: "Pro Mundi Beneficio", ha sido cumplido con creces y en numerosas ocasiones en contra de su propio interés. Hoy llegó la hora de demostrar que tales habilidades no son patrimonio de un puñado de profesionales administrativos, sino de todos los ciudadanos de esta gran nación, es decir: del pueblo panameño, que con el sudor de su frente y sus impuestos la sostiene y hace posible. La verdad no es patrimonio de unos ni de otros, es la suma de los pequeños aciertos de muchos y la resta de los grandes errores cometidos por pocos.
Los panameños nos hacemos cargo de la irrenunciable responsabilidad ciudadana contraída con el país que nos honra al permitirnos ejercer las distintas profesiones que nos competen.
Guiados por el más desinteresado y puro sentimiento de panameñidad, iremos a votar sin pensar en otro interés que el bien del país para el beneficio común, en nombre de quienes tejieron nuestro pasado y de aquellos que trabajan en el presente para el gozo honorable de las generaciones futuras.
Hubiera sido más justo con el pueblo no escatimar en gastos ni en la utilización por igual de todos los medios de comunicación disponibles, radio, televisión y prensa escrita en la divulgación amplia, clara, ecuánime y sin injerencia alguna de los funcionarios públicos y haber sostenido debates profundos entre la ACP y los más conspicuos representantes que adversan la propuesta oficial.
Hubiera sido también un loable gesto del señor Presidente de la República que se ciñera a la ética de una nueva forma de hacer política y prescindiera de involucrarse personalmente a favor de una u otra opción, sin dejar por ello de ejercer la potestad de moderar este gran debate nacional.
Es innegable el poder que tiene el Estado sobre la ciudadanía y no se haría justicia si no reconociéramos a aquellos que desinteresadamente presenten propuestas distintas a la oficial y que contemplan el destino que debiera darse a los excedentes económicos del canal, así como la oportunidad de llevar a cabo las modernizaciones convenientes para el mejor aprovechamiento de nuestro principal recurso: nuestra posición geográfica.
Lo que en el fondo nos preocupa no es tanto el cómo se harán estas modificaciones sino lo que debemos dejar de hacer o de comprometer como país, ya demasiado endeudado, especialmente en el aspecto social.
No debemos olvidar que así como el Canal es nuestro principal recurso económico renovable, el agua utilizada es el principal recurso natural de importancia vital que no lo es y que la salud y la educación son las únicas herramientas imprescindibles para lograr esa anunciada transformación hacia el primer mundo.
La empresa que tenemos por delante influirá por muchos años, tal vez siglos, en el futuro de Panamá.
Desconocer nuestra historia nos condenará a repetirla. Ningún hijo de esta tierra querrá ser recordado, en el capítulo que estamos escribiendo, como un entregador, un traidor o un corrupto.
Las autoridades y los políticos a quienes les corresponda asegurar tanto la legitimidad como la transparencia de la consulta deben pensar con la mira alta puesta en la Nación y no con la de los partidos políticos a los que coyunturalmente pertenecen por cuestiones fortuitas del sistema republicano.
Que Panamá nos ilumine y podamos decidir con la más absoluta convicción de hacerlo con la conciencia tranquila, debidamente informada, para beneficio de todos sin exclusión de ninguno.
drjcal@psi.net.pa
Médico

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América