Mis Héroes de Antaño
Hoy quiero referirme a mis “héroes de antaño”, mis héroes domésticos que, estoica y silenciosamente, forjaron las bases de nuestros caracteres y nos enseñaron: trabajo, humildad, honestidad, amor y respeto a nuestros semejantes, amor y agradecimiento a la madre tierra que nos vio nacer y crecer. Fueron nuestros abuelos y bisabuelos verdaderos héroes anónimos que levantaron familias y descendencia en épocas verdaderamente difíciles de nuestra historia. Nacieron y se levantaron con la República, con precaria educación y sencilla forma de vida.
Recuerdo a mi abuela materna, nacida en los albores del siglo XX, cuando la República de Panamá, nacía como nación libre e independiente. Conozco poco de su juventud; sin embargo, me cuentan mis tíos que era una mujer muy atractiva e inteligente, perteneciente a una familia chitreana de 9 hermanos. Muy joven se casó con mi abuelo, peón e hijo de crianza de una honorable familia chitreana. Iniciaron su vida juntos en Llano Bonito, que en aquel entonces, era conocido como los suburbios de la ciudad de Chitré. Mi abuelo, comerciante por naturaleza, se dedicó al negocio de compra – venta y viajaba desde Chitré a los campos de Pesé, Los Pozos y Las Minas. En aquellos tiempos no había carros ni carreteras, por lo que el sistema de transporte eran las carretas haladas por bueyes. Los viajes a los campos duraban todo un día, si no lo retrasaba la crecida de los ríos o la carreta se atascaba en los caminos pantanosos. Me cuentan mis tíos que mi abuela dio a luz 13 hijos de los cuales 12 sobrevivieron. Criar y levantar 12 hijos en aquella época, en condiciones tan difíciles fue una tarea titánica digna de toda una heroína.
Recuerdo los veranos en la finca del Guayabal, a orillas del río La Villa. Durante los primeros años mi abuelo montó una lechería y una pequeña quesería artesanal en el pueblo del Guayabal, donde trabajaba mi madre y mis tías mayores.
El trabajo en la finca era agotador desde las tempranas horas del día. Diariamente, desde las 5 de la mañana, mi abuelo con los hijos mayores estaba listo para el ordeño de las vacas. La abuela, también con la ayuda de las hijas mayores, se levantaba a moler el maíz que había sido hervido la noche anterior. Hacía y asaba en la cazuela varias tortillas, para el desayuno; primero, para ofrecer a los señores que estaban ordeñando y luego para la docena de jóvenes y niños que, luego de tomar nuestra tempranera ración de espuma de leche recién ordeñada, llegábamos hambrientos a tomar café con leche, tortilla y queso blanco. ¡Qué delicioso! Los más grandecitos ayudábamos en la labor de ordeño “echando” los terneros. Cada vaca era bautizada con un nombre asignado por el abuelo: “la Fula”, “la Mancha”, “la Tortolita”, “la Tigra”, “la Alelí”, “la Chomba”, “la Diamante”, etc. Paralelamente a las labores de ordeño, estaba la molienda y producción de miel de caña.
La abuela, asistida por las hijas mayores, continuaba con las labores de todos los días. Con escobas de “escobilla”, se barría toda la casa y el patio circundante. La casa estaba ubicada en lo alto, lejos de donde llegaban las crecidas del río, bajo un gran árbol de higo, rodeada de árboles de caimito, peruétano, jaboncillo, guachapalí y guásimo. Luego de las labores mañaneras, la abuela, junto a las hijas mayores, se dirigía al río a lavar la ropa de la familia a mano y con “manduco”, no sin antes cargar en latas sobre la cabeza varios viajes de agua desde el río a la casa: aproximadamente unos 500 metros. Esta agua era utilizada para llenar las tinajas de beber, cocinar y fregar. Era increíble cómo se las arreglaban para equilibrar una lata llena con 5 galones de agua por semejante distancia.
Actualmente, sobreviven 5 de los 12 hermanos. Mi abuelo, Carlos Ruiz, ”papá”, como cariñosamente le llamábamos, murió muy joven, en 1958, a los 59 años de edad. Mi abuela, Saturnina Cedeño, murió a los 87 años en 1992. Mi abuela fue una persona muy saludable. Me cuenta mi tío que hasta la edad de 76 años jamás tuvo la necesidad de visitar un médico. Sus partos eran asistidos en casa por “parteras” de la comunidad.
Quiero resaltar el coraje y la valentía de aquellos, “Mis Héroes de Antaño”, que sobreponiéndose a todas las dificultades y sin mayores recursos y comodidades en la época que vivieron, supieron enrumbar y levantar la familia de hombres y mujeres de bien, a la cual orgullosos pertenecemos.