Miseria de la lucha contra la corrupción
Sobre la base de dos premisas ciertas, se ha construido una gran mentira. En materia de lucha contra la corrupción, la prevención es muy importante, requiere un gran esfuerzo y debe ser priorizada, pues de ella depende la reducción paulatina de este flagelo.
Es verdad también que la educación juega un papel importante en las actividades tendientes a reforzar la prevención de este delito. Pero de allí, a utilizar los recursos financieros destinados a la lucha contra la corrupción en programas académicos, hay un gran trecho.
Si las personas que tienen que representar el rostro de esta lucha buscan los espacios donde pueden moverse con comodidad y se ausentan de las batallas en que se definen las "reglas del juego" que hacen de la corrupción una empresa de alto retorno y bajo riesgo, entonces tendríamos que llegar a la conclusión de que al gobierno no le interesa golpear con "mano dura" a este mal.
Prefiere gastarse cientos de miles de dólares de modo intrascendente. Después dicen que no tienen equipos avanzados para investigar y recabar pruebas, que el personal no está capacitado para llevar adelante una pesquisa compleja de alto perfil, y un largo etcétera de justificaciones sin credibilidad. Si la lucha contra la corrupción no incomoda a nadie, quizás sea por una buena razón, porque no se está afectando a los corruptos. La tranquilidad que pueden sentir con el trabajo del Consejo de Transparencia contra la Corrupción es la mejor señal de que allí se hace poco que vaya a inclinar la balanza a favor de la integridad y la transparencia y en contra de la corrupción. La pregunta que queda en el ambiente es si aún estamos a tiempo para enderezar el rumbo de la nave, o debemos decretar el naufragio nuevamente.