Miseria de la medicina
Erase una vez, cuando había vocación y respeto por los valores éticos y morales, por el derecho de ejercer libremente la profesión médica y el derecho de todo paciente de escoger a su médico de confianza, tanto el ejercicio de la medicina como la persona quien la practicaba eran objeto de admiración por parte de la comunidad. Sin embargo, desde hace poco más de cinco lustros, tanto el libre ejercicio de la medicina como el derecho del paciente de elegir a su médico se han visto sometidos paulatinamente a la voracidad de los intermediarios en el ejercicio de esta noble profesión. Hemos visto cómo se ha ido sojuzgando a la relación médico-paciente a las leyes del mercado cuando se sostiene, en el ámbito de la medicina privada, que "esto es un negocio". El considerar el ejercicio de la medicina bajo esa mentalidad puramente mercantilista es traer a principios del siglo XXI una versión actualizada del "capitalismo salvaje" que tanto se ha criticado, incluso por la Iglesia Católica, pero que en la práctica nadie hace nada por detener, ni siquiera paliar o amortiguar.
El derecho a la salud es un derecho con rango constitucional como también lo es el derecho al libre ejercicio de una profesión. No obstante, ambos derechos se han visto vulnerados tanto por ciertas clínicas privadas como por ciertas compañías de seguro de hospitalización gracias al concurso consciente o inconsciente de ciertos colegas médicos que, por acción o por omisión, permitieron que en la actualidad esté en juego el libre ejercicio de la medicina. Me refiero a aquellos que fueron "dirigentes gremiales" frente a los embates del Estado omnipotente, pero que en ningún momento enfrentaron a las compañías de seguros privados y que, dicho sea de paso, algunos de ellos fungen en la actualidad como directores médicos de las mismas.
Los médicos anestesiólogos (unos 200 en el ámbito nacional) en su inmensa mayoría, han luchado por preservar el libre ejercicio de la Anestesiología y el derecho que tiene todo paciente de elegir a su médico. Con el advenimiento del Centro Médico Paitilla en 1975 y en la Clínica Hospital San Fernando en 1984, se instaura el cobro de un recargo cuando el médico anestesiólogo escogido, ya sea por el paciente o recomendado por su cirujano, no pertenecía al grupo contratado por la clínica. Hoy día la Clínica San Fernando niega que ella cobre un recargo a pesar de que el memorando-circular No. 004 del 14 de marzo de 1984 emitido por su Dirección General y dirigido a todos los médicos de la clínica expresa en su último párrafo lo siguiente: "Los cirujanos que desean traer a otro anestesiólogo que no sea del grupo mencionado podrán hacerlo, pero se les informa que en estos casos la Clínica San Fernando hará un recargo equivalente al 50% de la tarifa de anestesia establecida". Esta medida se ejecutó en complicidad con anestesiólogos, cuyo afán era controlar la administración de las anestesias en estas clínicas privadas a cambio de ceder un porcentaje de sus horarios profesionales. Así se inició la violación de los derechos antes citados y la miseria en el ejercicio de la Anestesiología a pesar de las resoluciones del Consejo Técnico de Salud que condenaban esa práctica, la última de las cuales se plasma en la Resolución No. 185 del Ministerio de Salud y publicada el 14 de septiembre de 2001 en la Gaceta Oficial No. 24,388. A pesar de todo, los mencionados centros hospitalarios persisten en el cobro del recargo que ahora han pretendido disfrazar denominándolo "cobro por el uso del equipo" (que siempre lo ha pagado el paciente) en un abierto desacato a la autoridad que les otorgó su licencia de operación, el Ministerio de Salud. Por ello exigimos a esas autoridades, de las cuales se burlan las clínicas San Fernando y Paitilla, que apliquen las sanciones pertinentes. En un Estado de Derecho nadie está por encima de la Ley por más poder económico e influencia que posea.
Cabe destacar, además, que estas clínicas sostienen que el médico anestesiólogo no es un médico de primera línea porque no lleva pacientes a las mismas como lo hace el cirujano. Pero, ¿y en manos de quién esta la vida del paciente durante la anestesia? ¿Si no hay anestesiólogo, puede realizarse una cirugía? Es que la preparación técnico-científica del médico anestesiólogo que pone a funcionar el equipo de anestesia de la clínica no vale. Gracias a ese aporte del anestesiólogo, las clínicas hacen su negocio. Lo más triste del caso es que los colegas anestesiólogos de la Clínica San Fernando avalan la posición de la misma justificando el cobro, lo cual a todas luces refleja una baja autoestima como profesionales. Esto es un reflejo de la miseria de la medicina. A esta lamentable situación se añade el hecho que por acuerdo contractual los mismos colegas han recibido un porcentaje del recargo que cobra la clínica. Sí, mis estimados lectores, la Clínica San Fernando durante años ha compartido con los anestesiólogos de la misma los ingresos recibidos en concepto de recargo. Es decir, los colegas han lucrado con el dinero que la clínica cobra al anestesiólogo que no es del grupo. Ejemplo práctico de la miseria de la medicina. Sería interesante que la administración de San Fernando explicara cómo es que lo que cobra "por el uso de su equipo de anestesia" se comparte con otro que no es dueño del equipo.
Otra situación que denigra el ejercicio de la medicina se configura cuando una minoría de colegas conviene en aceptar condiciones degradantes que imponen los seguros privados de hospitalización como cobrar horarios profesionales exiguos a cambio de asegurarse un volumen de pacientes en detrimento del ejercicio profesional del resto de sus colegas y del derecho de esos asegurados de elegir al médico de su confianza. Esta práctica a corto, mediano y largo plazo conduce a un deterioro en la calidad de la prestación del servicio médico. Como ejemplo podemos mencionar que ya hay una compañía de seguros que no reconoce el pago cuando el anestésico que se usa es el Sevoflurane, porque es muy caro sin importar que el mismo sea el más indicado para el adecuado manejo del paciente. Esto implica que el anestesiólogo que pertenece a su red se ve obligado a utilizar anestésicos más baratos, lo cual va en detrimento de la calidad de atención anestésica del paciente. ¡Vaya miseria de la medicina!.
El derecho a la salud es un derecho con rango constitucional como también lo es el derecho al libre ejercicio de una profesión. No obstante, ambos derechos se han visto vulnerados tanto por ciertas clínicas privadas como por ciertas compañías de seguro de hospitalización gracias al concurso consciente o inconsciente de ciertos colegas médicos que, por acción o por omisión, permitieron que en la actualidad esté en juego el libre ejercicio de la medicina. Me refiero a aquellos que fueron "dirigentes gremiales" frente a los embates del Estado omnipotente, pero que en ningún momento enfrentaron a las compañías de seguros privados y que, dicho sea de paso, algunos de ellos fungen en la actualidad como directores médicos de las mismas.
Los médicos anestesiólogos (unos 200 en el ámbito nacional) en su inmensa mayoría, han luchado por preservar el libre ejercicio de la Anestesiología y el derecho que tiene todo paciente de elegir a su médico. Con el advenimiento del Centro Médico Paitilla en 1975 y en la Clínica Hospital San Fernando en 1984, se instaura el cobro de un recargo cuando el médico anestesiólogo escogido, ya sea por el paciente o recomendado por su cirujano, no pertenecía al grupo contratado por la clínica. Hoy día la Clínica San Fernando niega que ella cobre un recargo a pesar de que el memorando-circular No. 004 del 14 de marzo de 1984 emitido por su Dirección General y dirigido a todos los médicos de la clínica expresa en su último párrafo lo siguiente: "Los cirujanos que desean traer a otro anestesiólogo que no sea del grupo mencionado podrán hacerlo, pero se les informa que en estos casos la Clínica San Fernando hará un recargo equivalente al 50% de la tarifa de anestesia establecida". Esta medida se ejecutó en complicidad con anestesiólogos, cuyo afán era controlar la administración de las anestesias en estas clínicas privadas a cambio de ceder un porcentaje de sus horarios profesionales. Así se inició la violación de los derechos antes citados y la miseria en el ejercicio de la Anestesiología a pesar de las resoluciones del Consejo Técnico de Salud que condenaban esa práctica, la última de las cuales se plasma en la Resolución No. 185 del Ministerio de Salud y publicada el 14 de septiembre de 2001 en la Gaceta Oficial No. 24,388. A pesar de todo, los mencionados centros hospitalarios persisten en el cobro del recargo que ahora han pretendido disfrazar denominándolo "cobro por el uso del equipo" (que siempre lo ha pagado el paciente) en un abierto desacato a la autoridad que les otorgó su licencia de operación, el Ministerio de Salud. Por ello exigimos a esas autoridades, de las cuales se burlan las clínicas San Fernando y Paitilla, que apliquen las sanciones pertinentes. En un Estado de Derecho nadie está por encima de la Ley por más poder económico e influencia que posea.
Cabe destacar, además, que estas clínicas sostienen que el médico anestesiólogo no es un médico de primera línea porque no lleva pacientes a las mismas como lo hace el cirujano. Pero, ¿y en manos de quién esta la vida del paciente durante la anestesia? ¿Si no hay anestesiólogo, puede realizarse una cirugía? Es que la preparación técnico-científica del médico anestesiólogo que pone a funcionar el equipo de anestesia de la clínica no vale. Gracias a ese aporte del anestesiólogo, las clínicas hacen su negocio. Lo más triste del caso es que los colegas anestesiólogos de la Clínica San Fernando avalan la posición de la misma justificando el cobro, lo cual a todas luces refleja una baja autoestima como profesionales. Esto es un reflejo de la miseria de la medicina. A esta lamentable situación se añade el hecho que por acuerdo contractual los mismos colegas han recibido un porcentaje del recargo que cobra la clínica. Sí, mis estimados lectores, la Clínica San Fernando durante años ha compartido con los anestesiólogos de la misma los ingresos recibidos en concepto de recargo. Es decir, los colegas han lucrado con el dinero que la clínica cobra al anestesiólogo que no es del grupo. Ejemplo práctico de la miseria de la medicina. Sería interesante que la administración de San Fernando explicara cómo es que lo que cobra "por el uso de su equipo de anestesia" se comparte con otro que no es dueño del equipo.
Otra situación que denigra el ejercicio de la medicina se configura cuando una minoría de colegas conviene en aceptar condiciones degradantes que imponen los seguros privados de hospitalización como cobrar horarios profesionales exiguos a cambio de asegurarse un volumen de pacientes en detrimento del ejercicio profesional del resto de sus colegas y del derecho de esos asegurados de elegir al médico de su confianza. Esta práctica a corto, mediano y largo plazo conduce a un deterioro en la calidad de la prestación del servicio médico. Como ejemplo podemos mencionar que ya hay una compañía de seguros que no reconoce el pago cuando el anestésico que se usa es el Sevoflurane, porque es muy caro sin importar que el mismo sea el más indicado para el adecuado manejo del paciente. Esto implica que el anestesiólogo que pertenece a su red se ve obligado a utilizar anestésicos más baratos, lo cual va en detrimento de la calidad de atención anestésica del paciente. ¡Vaya miseria de la medicina!.