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Misión a Washington


Por motivos de edad, no tengo memoria presencial de los trágicos sucesos de enero de 1964. Sin embargo, el tema de esta gesta siempre deambuló en mi hogar ya que mi padre, el Dr. Julio E. Linares, a sus 33 años de edad, era miembro principal del Consejo Nacional de Relaciones Exteriores, junto con eminentes patriotas como Ernesto de la Guardia Jr. y José Isaac Fábrega; además de ocupar el cargo de Ministro de Hacienda y Tesoro del Presidente de la Dignidad, don Roberto F. Chiari.
Recientemente pude adquirir el libro "Misión a Washington 17 de enero -3 de abril de 1964" del distinguido ciudadano Miguel J. Moreno Jr., como complemento a mis humildes conocimientos acerca de la conclusión de la etapa revisionista tradicional e inicio de la etapa abrogacionista, en torno a la Convención del Canal Ístmico de 1903. No oculto la emoción que me embargó como panameño su profunda lectura, sobre todo de la pluma de quien, a sus 89 años de edad y aprovechando la coyuntura del Centenario de la República, decide entregarle a Panamá un capítulo obligatorio de la historiografía nacional, del cual fue él principal protagonista junto con el pueblo panameño; y a quien la Patria herida, ultrajada y levantada, le debe el mínimo sentimiento de respeto y gratitud.
El vía crucis de Miguel J. Moreno Jr. se inicia con su propio nombramiento como Embajador de Panamá ante la OEA, siendo en aquellos momentos dirigente político opositor y crítico de la administración Chiari. No en vano, días antes del 9 de enero era candidatizado a la Presidencia de la República por el oposicionista Partido Reformista Nacional. No obstante, resalta la actitud de hombres que como Chiari y Moreno, deciden dejar de lado sus intereses político partidistas, teniendo como norte el nacionalismo honesto y vertical con un mismo propósito: La abrogación del Tratado Hay - Bunau Varilla y su sustitución por un nuevo convenio justo y equitativo.
Se demuestra en la obra con un leguaje sencillo, todos los obstáculos que tuvo que superar Moreno. Dado el rompimiento de nuestras relaciones diplomáticas con Estados Unidos (EU), hecho sin precedentes a nivel de la América Latina, y pasando por el Comunicado de la Comisión Interamericana de Paz de 15 de enero de 1964, que invitaba a las partes a restablecer sus relaciones, Moreno es designado el 17 de enero, partiendo para Washington el 20 de ese mes. Sobresale la despedida que le ofreciera el pueblo panameño, que en un instante de sentimiento y emoción patriótica, lo cubre con la bandera nacional.
Inicia funciones teniendo que sopesar el ilimitado poder político, militar y financiero del "Coloso del Norte", que desde un principio se negaba a negociar un nuevo acuerdo, al igual que rechazaba el calificativo de "agresión" a los actos perpetrados el 9 y 10 de enero. Las gestiones infructuosas de mediación ante la Comisión Interamericana de Paz, obligan a Panamá a solicitar la convocatoria del Órgano de Consulta de conformidad con el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, de manera que conociera los actos de agresión perpetrados por EU contra el indefenso pueblo panameño. Por amplia mayoría este Órgano aprueba el envío de una Delegación Especial a Panamá, la cual viaja el 11 de febrero para investigar los hechos en el lugar que ocurrieron y presentar a las partes su intervención mediadora.
Posteriormente a su regreso, el 19 de febrero, la delegación da cuenta de lo actuado en Panamá, concluyendo el 15 de marzo con un proyecto de declaración previamente aprobado por Panamá y EU y entregado a la prensa local norteamericana. Inexplicablemente el Presidente Lyndon B. Johnson al día siguiente, desmentía a los embajadores de la OEA y prácticamente desautorizaba a su propio equipo diplomático, al manifestar que su país no había contraído ese compromiso. Ahora bien, esta actitud poco seria del gobierno de EU, en cuanto al manejo de su política exterior, trajo una reacción favorable a la causa panameña en los círculos, tanto periodísticos como políticos de la esfera estadounidense, lo cual fue positivo para nuestra causa.
Es imposible esbozar en este escrito todos los detalles que aborda Moreno y que concluyen finalmente con la "Declaración Moreno-Bunker de 3 de abril de 1964", día en que nuestro insigne representante y autor del libro cumplía sus 50 años de edad. Declaración ésta que fue el principio del fin del funesto Tratado de 1903; y que además, representó en su momento el resultado justo y requerido para demostrar que la vida ofrendada meses antes por Ascanio Arosemena y otros 20 humildes panameños, no había sido en vano.
En los círculos de las Naciones Unidas prevalece la idea de que los objetivos de desarrollo del milenio sólo se lograrán si los países desarrollados y en desarrollo se concertan a través de un enfoque global, promoviendo el aumento de la capacidad productiva de los países en desarrollo y los países de economía en transición mediante el comercio, las inversiones, la movilización de los recursos y el desarrollo de la tecnología. Señalan que la "Campaña del Milenio" reclama un apoyo popular de amplia base a fin de dar un impulso político al objetivo que supone incrementar la ayuda, aliviar sustancialmente la deuda y aumentar el acceso al comercio y la tecnología teniendo en mira, además, el examen de la Declaración del Milenio que tendrá lugar en el 2005.
En su Memoria Anual, el Secretario General de la ONU pone de relieve que el año próximo se celebrará el Sexagésimo Aniversario de las Naciones Unidas que, asociado al examen de la Declaración del Milenio y del Consenso de Monterrey, ofrecerá la oportunidad de hacer un replanteamiento de la forma en que la Organización puede hacerle frente a los problemas del mundo contemporáneo. Exhorta para que los próximos meses los Estados Miembros, la Secretaría y demás entidades de las Naciones Unidas, así como la sociedad civil y las organizaciones empresariales, junto con hombres y mujeres de todo el mundo, trabajen de consuno para que el aniversario sea una ocasión digna de las Naciones Unidas y de todo lo que representan.
De las resoluciones que la comunidad internacional tome sobre estos asuntos depende, para ser consonante con el discurso de Kofi Annan, no el futuro de las Naciones Unidas si no las Naciones Unidas del futuro.

101 años de Panamá América

 
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