Modernización y libertad en los partidos
No es que quiera ser metiche porque dice el refrán: "mete mete se murió porque en todo se metió" y esto lo escribo como columnista. Sucede que me ha llamado la atención una noticia que escuché hace unos días sobre la Representante del corregimiento de Curundú, Hermisenda Perea. Aparentemente está metida en líos, porque dio su voto a un candidato arnulfista en el Consejo Municipal y esto no le agradó a su partido PRD.
Comprendo que en el sistema partidista que impera en Panamá y dado el poder de los partidos, las agrupaciones tiren sus líneas que deban seguir los legisladores y representantes cuando se trate de temas de importancia. Sin embargo, me preocupa la reacción del PRD con el voto de Hermisenda Perea. Según ellos, la Representante violó las órdenes (si es que existían) y votó por el adversario. Sentí como si viviéramos en décadas atrás cuando lo que decía el partido tenía que ser cumplido.
Esto tiene sus ventajas y sus peligros. Ventajas para los partidos como tal que no permiten indisciplinas y que actúan como cuerpo colegiado en donde desobedecer es castigado haciendo que se hinquen sobre granos de maíz. Ventajas exclusivas para los dirigentes que mantienen control absoluto sobre sus miembros. Pero, peligro para la supervivencia, a largo plazo, de cualquier partido en donde hablar cuesta plata.
La modernización a la cual me he referido en muchas ocasiones, implica cambios profundos en estatutos y reglamentos, organización y, sobre todo, en mentalidad. Hay que abrir la comprensión y la tolerancia para que no exista un dominio dentro de las agrupaciones. Debemos evitar el absolutismo, que ya ni con los hijos puede practicarse.
La libertad de acción es hermosa y tentadora para que pueda ponerse en práctica a todo nivel. Por esto, a veces pienso si es conveniente instituir la revocatoria de mandato en mi partido o vale la pena respetar los votos que los legisladores han apartado. Desde luego que esos legisladores también deben respetar ciertos lineamientos que les solicitan y no actuar por la libre, no importa el partido que sea. Claro que esa libertad no significa libertinaje, sino una forma de convivencia pacífica dentro del marco de la vida en conjunto.
La revocatoria de mandato está en la Constitución porque ésta, que nos rige actualmente, es la misma de la dictadura, así es que no es extraño que esa tortura esté presente. Todas las dictaduras son eso: falta de libertad y exceso de dureza que, en el mundo moderno, no conduce a nada. Yo quisiera saber si esa figura, producto de la mente dictatorial, existe en las constituciones de Inglaterra, Estados Unidos, Francia y otros países. Por la mente de los hombres que elaboraron esas Cartas no pasó jamás la maldita idea de reprimir.
Así es que la Honorable Representante Perea no es libre de cumplir con algún compromiso personal o con su simpatía hacia determinada persona, porque su partido no se lo permite. Siento que es casi como volver al tiempo de la inquisición en que la Iglesia era dueña absoluta de vidas y haciendas.
Sinceramente, no podemos negar nuestro subdesarrollo. Es una lástima que aquellos que practican y se benefician de los adelantos tecnológicos de fines del siglo XX y principios del XXI, nos presenten una disociación entre esa modernización y la que no está en su mentalidad. Ojo que en cualquier momento sale la abuela respondona y hace que las bases rebasen a las dirigencias en busca de ese cambio que piden a gritos y que no se les da por conveniencia de una minoría.
Esta es la "sopotocienta" vez que abordo este tema. Tal vez algún día alguien lo lea y lo ponga en práctica.
Comprendo que en el sistema partidista que impera en Panamá y dado el poder de los partidos, las agrupaciones tiren sus líneas que deban seguir los legisladores y representantes cuando se trate de temas de importancia. Sin embargo, me preocupa la reacción del PRD con el voto de Hermisenda Perea. Según ellos, la Representante violó las órdenes (si es que existían) y votó por el adversario. Sentí como si viviéramos en décadas atrás cuando lo que decía el partido tenía que ser cumplido.
Esto tiene sus ventajas y sus peligros. Ventajas para los partidos como tal que no permiten indisciplinas y que actúan como cuerpo colegiado en donde desobedecer es castigado haciendo que se hinquen sobre granos de maíz. Ventajas exclusivas para los dirigentes que mantienen control absoluto sobre sus miembros. Pero, peligro para la supervivencia, a largo plazo, de cualquier partido en donde hablar cuesta plata.
La modernización a la cual me he referido en muchas ocasiones, implica cambios profundos en estatutos y reglamentos, organización y, sobre todo, en mentalidad. Hay que abrir la comprensión y la tolerancia para que no exista un dominio dentro de las agrupaciones. Debemos evitar el absolutismo, que ya ni con los hijos puede practicarse.
La libertad de acción es hermosa y tentadora para que pueda ponerse en práctica a todo nivel. Por esto, a veces pienso si es conveniente instituir la revocatoria de mandato en mi partido o vale la pena respetar los votos que los legisladores han apartado. Desde luego que esos legisladores también deben respetar ciertos lineamientos que les solicitan y no actuar por la libre, no importa el partido que sea. Claro que esa libertad no significa libertinaje, sino una forma de convivencia pacífica dentro del marco de la vida en conjunto.
La revocatoria de mandato está en la Constitución porque ésta, que nos rige actualmente, es la misma de la dictadura, así es que no es extraño que esa tortura esté presente. Todas las dictaduras son eso: falta de libertad y exceso de dureza que, en el mundo moderno, no conduce a nada. Yo quisiera saber si esa figura, producto de la mente dictatorial, existe en las constituciones de Inglaterra, Estados Unidos, Francia y otros países. Por la mente de los hombres que elaboraron esas Cartas no pasó jamás la maldita idea de reprimir.
Así es que la Honorable Representante Perea no es libre de cumplir con algún compromiso personal o con su simpatía hacia determinada persona, porque su partido no se lo permite. Siento que es casi como volver al tiempo de la inquisición en que la Iglesia era dueña absoluta de vidas y haciendas.
Sinceramente, no podemos negar nuestro subdesarrollo. Es una lástima que aquellos que practican y se benefician de los adelantos tecnológicos de fines del siglo XX y principios del XXI, nos presenten una disociación entre esa modernización y la que no está en su mentalidad. Ojo que en cualquier momento sale la abuela respondona y hace que las bases rebasen a las dirigencias en busca de ese cambio que piden a gritos y que no se les da por conveniencia de una minoría.
Esta es la "sopotocienta" vez que abordo este tema. Tal vez algún día alguien lo lea y lo ponga en práctica.