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Modernización=cultura consumista, arte tonto, enajenante y "enlatado"


El mundo se encamina, sin lugar a dudas, hacia un gobierno único que representará a las grandes corporaciones transnacionales. A medida que este andamiaje se consolida se ven frustradas cada vez más las aspiraciones de aquellas clases y sectores de clases vinculados históricamente a la lucha en pro de vías no capitalistas de desarrollo y en pro de procesos nacionales de búsqueda de la identidad cultural.
A cambio de estas aspiraciones vemos venir, ante la ampliación de los mercados de consumo, una cultura consumista, un arte tonto, enajenante y "enlatado" por la moderna sicología social. Esta cultura consumista, este arte tonto, enajenante y "enlatado" va desde los grandes centros hegemónicos del Norte hacia los países pobres del Sur, lo que supone una colonización cultural a partir de esos grandes centros, y desde los centros urbanos, en nuestros países pobres, hacia las áreas rurales. Esta "modernización" implica también un desarraigo del ser humano, ya que provoca cambios sustanciales y vertiginosos en el hábitat social y físico al cual el ser humano no es capaz de adaptarse de manera consciente.
Esta modernización implica, pues, una política cultural de la gran burguesía internacional que a escala mundial trata de justificar las políticas económicas neoliberales convirtiéndolas en recetas supuestamente indiscutibles, "apolíticas" y "de simple aplicación técnica". Con ellas se han deslumbrado los grupos dominantes de América Latina tradicionalmente sumisos a los dictados del Norte, que buscan con denuedo oportunidades de "progreso" en las flamantes iniciativas para las regiones pobres, cuando en realidad se trata de una reformulación formal de las relaciones de dominación antes que un cambio estructural en la política exterior de países ricos como Estados Unidos.
Los gobiernos de los países poderosos cuentan con asesores que constantemente están proyectando de manera científica, indolente y calculadora las políticas que se han de seguir para mantener su hegemonía y el bienestar de los grupos dominantes. Por ejemplo, recordemos cómo en mayo de 1980 asesores norteamericanos de la política del entonces presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, elaboraron un documento con una serie de recomendaciones a seguir por el gobierno norteamericano. El mencionado documento conocido como: "La Declaración de Santa Fe", contemplaba, en materia de política cultural para América Latina, la "modernización", a fin de que nuestro subcontinente pudiera asumir su pleno papel en la defensa "de nuestro Occidente" (léase "de nuestro sistema capitalista").
En épocas anteriores a "La Declaración de Santa Fe", la gran burguesía internacional no era consciente de que su sociedad capitalista, basada en la creatividad espontánea y la liberación de fuerzas productivas, no brindaba suficientes bases y apoyo a su intelectualidad incondicional como para lanzar una teoría científica que permitiera una correspondencia positiva para sus intereses de dominación entre la infraestructura y la superestructura social. Hoy día -a partir de 1980- ha podido superar aquella debilidad y elabora políticas muy coherentes a sus propósitos hegemónicos dentro del quehacer cultural.
"Quienquiera que controle la educación -se dice en La Declaración de Santa Fe- define su pasado, y como se ha visto, también su futuro". Y, sigue diciendo: "El mañana está en las manos y cerebro de aquellos que están siendo educados hoy... Debe ser iniciada una campaña política para capturar la élite intelectual iberoamericana mediante radio, televisión, libros, artículos y folletos, más donaciones, becas y permisos. Consideración y reconocimiento es lo que apetecen los intelectuales, y tal programa puede atraerlos..." ¿No es esto acaso toda una concepción táctica de toda una política cultural bien encaminada en cuanto a tener en cuenta de manera objetiva las leyes del desarrollo social?.
Existe, pues, una política cultural burguesa y neocolonialista a nivel mundial que se objetiva para nuestro subcontinente a través de una transnacionalización no sólo económica, sino también ideológica.
Con la caída del muro de Berlín, del socialismo en los países del este de Europa y la eliminación de la confrontación Este-Oeste (socialismo vs. capitalismo), surgió la disputa del Norte-Sur (países industrializados vs. países pobres), la puesta en boga de las políticas neoliberales, los ajustes estructurales, etc. Problemas como el de la deuda externa y el asunto ideológico están íntimamente relacionados. Igualmente, el problema de la soberanía de los Estados Unidos y el de la identidad cultural.

101 años de Panamá América

 
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