Modernizar la Dirección General de Ingresos
Esa dependencia, vital para las recaudaciones del Estado, debe ser reestructurada dotándola del personal y sistema de comunicación con sus contribuyentes que hoy es inexistente o inoperante para dar información y orientar al público.
El presidente Ernesto De La Guardia modernizó el sistema de recaudación, dando vigencia al nuevo Código Fiscal (Ley 8 de 1956) y adoptó un novedoso sistema de cobros. Bajo su mandato, se dictó la Ley 3 de 1957, que definió la renta ganable, pilar del vertiginoso desarrollo del centro de servicios "off shore" y el conglomerado bancario internacional, con su concepto de territorialidad, que ha sido ahora debilitado. Por último, derogó por abusiva e injusta la figura del Juez Ejecutor.
A su vez el presidente Ernesto Pérez Balladares, banquero y financista de profesión, introdujo al aparato de recaudación una visión empresarial de estilo privado. El contribuyente era tratado con el respeto, dignidad y consideración de un cliente, una de cuyas primeras señales fue el envío de estados de cuenta periódicos que informaban al ciudadano de sus aportes y sus adeudos, dando margen a aclarar cualquier duda. Una moderna red de computadoras y asistentes entrenados fue instalada durante su mandato, lo cual facilitó aun más las cosas.
Durante la administración de la presidenta Mireya Moscoso, la situación desmejoró en una parte, pues cesó la entrega de los estados de cuenta a los contribuyentes. ¿Qué empresa se da el lujo de no comunicar a su clientela - de quien depende - cuánto pagó, cuánto debe y cuándo vence el próximo pago? Pues la Dirección General de Ingresos, "aunque usted no lo crea", diría Ripley. Pero al menos creó la figura del ejecutivo de cuentas, que se encargaba de dar seguimiento y comunicarse personalmente con una cartera de "clientes" bajo su responsabilidad.
El actual gobierno de Martín Torrijos bajo la jefatura de la Dirección de Gisela de Porras tiene la grave responsabilidad de enderezar y modernizar el sistema, sobre todo tras las dudas, lagunas y contradicciones de su recién adoptada reforma tributaria. No es permisible persistir en los abusos, ni en la incomunicación y ausencia de estados de cuenta enviados periódicamente a los clientes. Sólo es cuestión de hacer igual que el IDAAN y las distribuidoras de electricidad. Asimismo, los teléfonos y despachos de recaudación deben ser atendidos por gente amigable y entrenada. Hay que dar un buen servicio al cliente del cual todos dependemos.
El presidente Ernesto De La Guardia modernizó el sistema de recaudación, dando vigencia al nuevo Código Fiscal (Ley 8 de 1956) y adoptó un novedoso sistema de cobros. Bajo su mandato, se dictó la Ley 3 de 1957, que definió la renta ganable, pilar del vertiginoso desarrollo del centro de servicios "off shore" y el conglomerado bancario internacional, con su concepto de territorialidad, que ha sido ahora debilitado. Por último, derogó por abusiva e injusta la figura del Juez Ejecutor.
A su vez el presidente Ernesto Pérez Balladares, banquero y financista de profesión, introdujo al aparato de recaudación una visión empresarial de estilo privado. El contribuyente era tratado con el respeto, dignidad y consideración de un cliente, una de cuyas primeras señales fue el envío de estados de cuenta periódicos que informaban al ciudadano de sus aportes y sus adeudos, dando margen a aclarar cualquier duda. Una moderna red de computadoras y asistentes entrenados fue instalada durante su mandato, lo cual facilitó aun más las cosas.
Durante la administración de la presidenta Mireya Moscoso, la situación desmejoró en una parte, pues cesó la entrega de los estados de cuenta a los contribuyentes. ¿Qué empresa se da el lujo de no comunicar a su clientela - de quien depende - cuánto pagó, cuánto debe y cuándo vence el próximo pago? Pues la Dirección General de Ingresos, "aunque usted no lo crea", diría Ripley. Pero al menos creó la figura del ejecutivo de cuentas, que se encargaba de dar seguimiento y comunicarse personalmente con una cartera de "clientes" bajo su responsabilidad.
El actual gobierno de Martín Torrijos bajo la jefatura de la Dirección de Gisela de Porras tiene la grave responsabilidad de enderezar y modernizar el sistema, sobre todo tras las dudas, lagunas y contradicciones de su recién adoptada reforma tributaria. No es permisible persistir en los abusos, ni en la incomunicación y ausencia de estados de cuenta enviados periódicamente a los clientes. Sólo es cuestión de hacer igual que el IDAAN y las distribuidoras de electricidad. Asimismo, los teléfonos y despachos de recaudación deben ser atendidos por gente amigable y entrenada. Hay que dar un buen servicio al cliente del cual todos dependemos.