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Modernizar las ciudades


Hasta ahora, una planificación parcial y pocas veces estratégica ha caracterizado el desarrollo y la modernización de nuestras ciudades, comenzando por la capital.

Una alta cuota de espontaneidad, y a veces hasta de improvisación y empirismo, ha caracterizado la manera como han ido asumiendo carácter nuestras urbes, aquello que permite decir a propios y a extraños: “esta ciudad es así o de otra manera”. Salvo aquellas áreas desarrolladas planificadamente por la iniciativa privada, no se adivina un plan preconcebido para que nuestras ciudades logren un desarrollo, si no parejo, por lo menos uno donde predomine la intención y el propósito.

David, Santiago y, de cierta manera, Chitré han apuntado en esa dirección en los últimos años, pero al igual que la ciudad capital, no dejan de ser destellos ocasionales.

Sería bueno asumir el ejemplo de grandes ciudades donde, insertas en un plan estratégico, cada año las municipalidades designan sectores y servicios de la ciudad para hacer inversiones de infraestructuras, de remozamiento, asignando a las propias autoridades locales jornadas de embellecimiento, ornato y mantenimiento, y comprometiendo a cada ciudadano con el aseo y la higiene pública. Esa podría ser una de las tareas en las que se empeñen los municipios y no en ensayar acciones parciales e inconexas que al final solo dejan un despilfarro de recursos, con huellas negativas y sin ninguna perspectiva como no sea esa imagen tercermundista que proyectan algunas barriadas. Modernizar las ciudades es también modernizar la manera de administrar los recursos de que se disponen, reelaborando la lista de prioridades.

101 años de Panamá América

 
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