Mokita
SEGÚN UN artículo de Wikipedia, en Papúa, Nueva Guinea, existe un término denominado "Mokita", que literalmente significa "La verdad que todos conocemos, pero sobre la cual hemos acordado no hablar". O sea, la actitud colectiva de practicar la política del avestruz, enterrando la cabeza en el suelo, para no ver lo que no queremos ver o lo que no nos atrevemos a ver. Preferimos ponernos viseras y orejeras y hacernos los locos o los tontos, pues es la costumbre, lo que está de moda: la evasión mental, el fingimiento, la mitomanía social.
Hace ya unas semanas atrás, me tocó presenciar una interesante conferencia del Dr. Daniel Altshuler, profesor de la Universidad de Puerto Rico, ex director del Observatorio Astronómico de Arecibo y autor del libro llamado, precisamente, "Mokita". Decía ahí el Dr. Altshuler que "...Sin pensamiento crítico los ciudadanos no son capaces de distinguir entre ciencia y pseudociencia, entre el mundo real y el mundo ficticio, entre el bien y el mal, entre un discurso demagógico y uno transparente, entre dogma y conocimiento. Estas distinciones son críticas en la política, la economía y la religión, que, sin duda, son determinantes del carácter del mundo en el cual vivimos...", y en el cual, pareciera imponerse, cada vez más, el concepto de "Mokita".
En Panamá hay varias de estas verdades incómodas (parafraseando a Al Gore) que sabemos que existen, pero sobre las cuales no queremos hablar y, por ende, siguen estando ahí, presentes, causando un daño sostenido y creciendo como cánceres, por ejemplo:
a) Que mandatarios, gobernadores, alcaldes, representantes, magistrados, diputados, etc. de partidos opuestos, se ponen de acuerdo para hacer negocios, repartirse contratos y hacerse favores mutuamente para rebuscarse. Todo cabe: seguridad, aseo y ornato, calles, publicidad, mobiliario urbano, anuncios publicitarios, bodegas, prostíbulos, zonificación, etc. Eso sí, con mucha discreción y cubriendo toda evidencia de tales concubinatos. Ah... y amenazando con demandas de calumnia y penas de cárcel a quien se atreva a hurgar en lo que ellos consideran sus asuntos privados.
b) Que en este país, muchos de los autoproclamados "independientes" son, en realidad, impostores. Su supuesta "independencia" es un "bluff", una mera maniobra distractiva. Militantes clandestinos que, recubriéndose de una falsa autonomía, actúan como francotiradores diversionistas, tinterillos al servicio de proyectos con los que siempre han comulgado e intereses a los que les sirven calladamente. Al cabo de un tiempo, ellos mismos develan sus verdaderas alianzas y afectos, para nada desinteresados.
c) Que en este país, mandan en realidad cuatro o cinco grupos de poder, ligados a bancos, a firmas de abogados, a compañías de seguros e inmobiliarias, a firmas consultoras y a medios de comunicación. Medran en cualquier gobierno y siempre están bien representados, pues compran puestos para sus acólitos en todos los partidos y reparten dinero como confites, en todas las campañas de todos los candidatos. Es que conocen bien la debilidad común de nuestros políticos y saben darle por donde les duele.
d) Que en nuestro Parlamento no está representado el pueblo sino diferentes cárteles: los comerciantes, los dueños de buses, los ganaderos, los terratenientes y casatenientes, los del negocio marítimo, los bancos y aseguradoras, los especuladores y agiotistas, los de la camarilla empresarial mediática pseudo-religiosa, ciertos grandes bufetes; en fin... las mismas junturas de gamonales y caciques, presentes en uno y otro bando... Por eso, en este país se gobierna para intereses de ciertos grupitos y no para las grandes mayorías, por más que lo nieguen los mismos demagogos y cacatúas de siempre.
e) Que la mayoría de nuestros partidos políticos no tiene ideología ninguna, sino que son mecanismos de acción para simples intereses a la zaga del dinero y del poder y más nada. Que sus membresías están compuestas mayormente por gente que espera conseguir un trabajo o preservarlo, luego de cada cambio de gobierno. Que el sueño de casi todo político es acceder al poder burocrático y perpetuarse en el mismo. Que los funcionarios adocenados, especialmente los que un día dijeron profesar una causa social, hoy día archivaron para siempre sus ideas a cambio de la vida cómoda de burócrata y que ya no les interesa volver a trabajar o a pasar trabajos, por lo que son los primeros que se prestan para justificar cualquier cosa, por muy aberrante que esta sea.
f) Que muchísimos panameños casi siempre votan por rabia y/o por sinvergüenzura. Que pasan facturas, movidos por reacciones revanchistas guturales y por los complejos, más que por un sentido real de justicia y de justo encono ante los corruptos. Que, curiosamente, olvidan rápido las ejecutorias bochornosas de muchos de los políticos mediocres que hoy son incumbentes. Que los electores los perdonan y reeligen, movidos por cierto vicio que ceba lo peor de sí mismos: su inconciencia y su amnesia. Y que eso se traduce, bien rápido, en decepciones y acciones en su propia contra. Y que, por increíble que parezca, ni aún así parecen haber aprendido nada, luego de cuatro versiones de lo mismo.
Así es. Estas son apenas algunas de nuestras muchas "Mokitas". Y aunque mencionarlas provocará la rabia de alguno que se dé por aludido y de uno que otro fronterizo, devoto de sus propios verdugos, ya es hora de perderle el miedo al espejo y de comenzar a hacer algo para recuperar la salud de nuestro deteriorado y abandonado cuerpo social.
Comencemos por decirnos la verdad, por reconocer nuestra responsabilidad (por acción u omisión) y por hacer algo al respecto, ya. Para más luego, podría ser demasiado tarde.
(*)Labora como Consultor en la República Dominicana.
Hace ya unas semanas atrás, me tocó presenciar una interesante conferencia del Dr. Daniel Altshuler, profesor de la Universidad de Puerto Rico, ex director del Observatorio Astronómico de Arecibo y autor del libro llamado, precisamente, "Mokita". Decía ahí el Dr. Altshuler que "...Sin pensamiento crítico los ciudadanos no son capaces de distinguir entre ciencia y pseudociencia, entre el mundo real y el mundo ficticio, entre el bien y el mal, entre un discurso demagógico y uno transparente, entre dogma y conocimiento. Estas distinciones son críticas en la política, la economía y la religión, que, sin duda, son determinantes del carácter del mundo en el cual vivimos...", y en el cual, pareciera imponerse, cada vez más, el concepto de "Mokita".
En Panamá hay varias de estas verdades incómodas (parafraseando a Al Gore) que sabemos que existen, pero sobre las cuales no queremos hablar y, por ende, siguen estando ahí, presentes, causando un daño sostenido y creciendo como cánceres, por ejemplo:
a) Que mandatarios, gobernadores, alcaldes, representantes, magistrados, diputados, etc. de partidos opuestos, se ponen de acuerdo para hacer negocios, repartirse contratos y hacerse favores mutuamente para rebuscarse. Todo cabe: seguridad, aseo y ornato, calles, publicidad, mobiliario urbano, anuncios publicitarios, bodegas, prostíbulos, zonificación, etc. Eso sí, con mucha discreción y cubriendo toda evidencia de tales concubinatos. Ah... y amenazando con demandas de calumnia y penas de cárcel a quien se atreva a hurgar en lo que ellos consideran sus asuntos privados.
b) Que en este país, muchos de los autoproclamados "independientes" son, en realidad, impostores. Su supuesta "independencia" es un "bluff", una mera maniobra distractiva. Militantes clandestinos que, recubriéndose de una falsa autonomía, actúan como francotiradores diversionistas, tinterillos al servicio de proyectos con los que siempre han comulgado e intereses a los que les sirven calladamente. Al cabo de un tiempo, ellos mismos develan sus verdaderas alianzas y afectos, para nada desinteresados.
c) Que en este país, mandan en realidad cuatro o cinco grupos de poder, ligados a bancos, a firmas de abogados, a compañías de seguros e inmobiliarias, a firmas consultoras y a medios de comunicación. Medran en cualquier gobierno y siempre están bien representados, pues compran puestos para sus acólitos en todos los partidos y reparten dinero como confites, en todas las campañas de todos los candidatos. Es que conocen bien la debilidad común de nuestros políticos y saben darle por donde les duele.
d) Que en nuestro Parlamento no está representado el pueblo sino diferentes cárteles: los comerciantes, los dueños de buses, los ganaderos, los terratenientes y casatenientes, los del negocio marítimo, los bancos y aseguradoras, los especuladores y agiotistas, los de la camarilla empresarial mediática pseudo-religiosa, ciertos grandes bufetes; en fin... las mismas junturas de gamonales y caciques, presentes en uno y otro bando... Por eso, en este país se gobierna para intereses de ciertos grupitos y no para las grandes mayorías, por más que lo nieguen los mismos demagogos y cacatúas de siempre.
e) Que la mayoría de nuestros partidos políticos no tiene ideología ninguna, sino que son mecanismos de acción para simples intereses a la zaga del dinero y del poder y más nada. Que sus membresías están compuestas mayormente por gente que espera conseguir un trabajo o preservarlo, luego de cada cambio de gobierno. Que el sueño de casi todo político es acceder al poder burocrático y perpetuarse en el mismo. Que los funcionarios adocenados, especialmente los que un día dijeron profesar una causa social, hoy día archivaron para siempre sus ideas a cambio de la vida cómoda de burócrata y que ya no les interesa volver a trabajar o a pasar trabajos, por lo que son los primeros que se prestan para justificar cualquier cosa, por muy aberrante que esta sea.
f) Que muchísimos panameños casi siempre votan por rabia y/o por sinvergüenzura. Que pasan facturas, movidos por reacciones revanchistas guturales y por los complejos, más que por un sentido real de justicia y de justo encono ante los corruptos. Que, curiosamente, olvidan rápido las ejecutorias bochornosas de muchos de los políticos mediocres que hoy son incumbentes. Que los electores los perdonan y reeligen, movidos por cierto vicio que ceba lo peor de sí mismos: su inconciencia y su amnesia. Y que eso se traduce, bien rápido, en decepciones y acciones en su propia contra. Y que, por increíble que parezca, ni aún así parecen haber aprendido nada, luego de cuatro versiones de lo mismo.
Así es. Estas son apenas algunas de nuestras muchas "Mokitas". Y aunque mencionarlas provocará la rabia de alguno que se dé por aludido y de uno que otro fronterizo, devoto de sus propios verdugos, ya es hora de perderle el miedo al espejo y de comenzar a hacer algo para recuperar la salud de nuestro deteriorado y abandonado cuerpo social.
Comencemos por decirnos la verdad, por reconocer nuestra responsabilidad (por acción u omisión) y por hacer algo al respecto, ya. Para más luego, podría ser demasiado tarde.
(*)Labora como Consultor en la República Dominicana.