default

"Momentos difíciles", la Pastoral de los Obispos


"Panamá vive momentos difíciles", son las primeras palabras de la reciente pastoral de los Obispos de la Iglesia Católica. Aunque declaran que quieren dar "una palabra de esperanza", predomina la franqueza con la que expresan las dificultades. Subrayan el "desaliento" de parte de la población y valoran "la resistencia" del pueblo, es decir en su aguante de cara al principal problema nacional, a saber "la falta de oportunidades para la gente pobre, a pesar de tanta riqueza y opulencia que existe" (art. 1, 29-35, 51 y 91).
La carta pastoral se intitula "La Justicia Social en Panamá" porque la falta de equidad es la preocupación primordial de los Obispos. Panamá, afirman, compite con Brasil por la peor distribución de la riqueza (art. 17).
Al abordar este tema, los Obispos piden perdón porque "... como Iglesia, no siempre hemos respondido adecuadamente a la misión que el Señor nos ha encomendado...(y) por las veces que no hemos denunciado con valentía las graves injusticias..." Siguen en esto el ejemplo del Papa, que ha pedido perdón por las fallas históricas de los católicos. La carta tiene, sin embargo, lagunas. Por ejemplo, se reclama por primera vez que se reconozca el trabajo doméstico (art.135) y se amplíe la seguridad social para amas de casa (art.40 y 124), mas no se reconoce la legislación que ya se aprobó. Y no se dice nada sobre el trabajo de menores en condiciones infrahumanas que ha sido objeto de denuncia.
El valor sobresaliente de la carta es que destaca certeramente dos grandes desafíos nacionales: la soberanía, entendida como la consolidación de nuestra autodeterminación en la creciente interdependencia, y la equidad, entendida como el conjunto de relaciones generadoras de igualdad, inclusión y justa distribución de bienes. La Iglesia se coloca de este modo en la vanguardia de nuestra sociedad, con una conciencia -que no demuestran otros sectores e instituciones- de que vivimos una "coyuntura histórica única", al estar por cumplir el primer siglo como nación independiente.
Bajo el reto de la soberanía, los Obispos enfocan el tema de la democratización. Pero exageran al afirmar que la democracia ha de extenderse a "todos" los campos, pues hay actividades, como la religiosa y la científica, donde la democracia no tiene igual cabida.
Además, valoran el tema del medio ambiente, cuya degradación es alarmante. El economicismo neoliberal no se preocupa adecuadamente ni de lo social ni de lo ecológico.
En particular, denuncian que el Gobierno de los E.U. no asume su responsabilidad por la limpieza de las áreas usadas por su Ejército y juzgan peligrosa la minería a cielo abierto.
Luego de considerar el reto de la soberanía, los Obispos abordan el de la equidad. No hablan del hecho de la pobreza, sino del proceso del empobrecimiento, resultante de no aprovechar las oportunidades de desarrollo con justicia social, más que de la ausencia de recursos. ste involucra la responsabilidad humana y por eso constituye un "pecado que clama al cielo". En su carta los Obispos sí le prestan atención a la pobreza, la discriminación y la violencia que acosan a las mujeres (art. .32,34, 39-40, 135, 149).
La falta de equidad abarca el tema de la inseguridad ciudadana. Culmina con el tema de las transformaciones estructurales, en cuanto a la tenencia de la tierra, al sistema tributario, a la desigualdad regional y sectorial en el desarrollo y al excesivo centralismo de nuestro gobierno. La carta apunta así a la necesidad de cambios profundos.
En la segunda parte de la pastoral, los Obispos juzgan la realidad nacional a la luz de la enseñanza social de la Iglesia. sta se basa en la fe en el Dios de la vida, de los pobres y de la justicia, el cual se revela como plenitud del amor en su Hijo Jesucristo, quien proclama el valor de la seguridad en Dios, del servicio y la sencillez, y de la igualdad bajo un único Padre, en vez preferir el dinero, el poder y las diferencias humanas.
De esta fe derivan los criterios para la acción: el primado de la dignidad de la persona, el amor preferencial por el pobre, la concepción del poder como servicio, el respeto al adversario, la apertura al universalismo y el principio de compartir los bienes.
A la luz de estos criterios la globalización se nos presenta como una oportunidad para el bienestar o no, según que se logre o no " humanizarla, reforzando la solidaridad ...en lo interno de nuestro pueblo...(y) también con los otros pueblos latinoamericanos y las demás naciones". Ello requiere estructuras internacionales justas: las de la economía, la comunicación e información, que son hoy en día las más eficaces, y las de la ética y la política, que nos hacen falta. Con respecto a las primeras debemos tener claro que el mercado es importante, pero no puede ser el único criterio, pues los intercambios deben subordinarse a los derechos básicos de las personas y al bien común.
El desarrollo no puede medirse sólo por el crecimiento. Hay que humanizar la economía para que la persona sea central. Es inaceptable que no haya trabajo para todos. En la futura sociedad del saber la educación es clave y más aún el tránsito de una cultura de la reivindicación pasiva a una de la profesionalidad.
Necesitamos una política de democracia participativa, en la que los cristianos seglares se activen. No es válida la generalización negativa de la política, pues "creemos que la vida política limpia y honesta es posible." Vivimos con gozo el retorno a la democracia, pero "una cierta frustración ha ido ganando terreno". Convivimos "como sociedad, ausentes de un proyecto global" y actuamos como si el Estado fuera una providencia, sin pensar en nuestra propia responsabilidad. "No puede prosperar un gobierno honesto en una sociedad corrupta, ni un gobierno corrupto en una sociedad honesta.."
En su tercera parte, los Obispos proponen algunas pautas para construir "un Panamá con equidad y justicia social", su gran preocupación.. Comienzan por "la educación y divulgación de la identidad panameña, para recuperar ... nuestra memoria histórica."
Plantean "el mayor uso social de las áreas revertidas". A propósito de la modernización del Canal, llaman a un debate sobre las mejores alternativas, pero que se evite tanto su privatización como su politización partidista. Y defienden los derechos de las poblaciones que pudieran ser afectadas por dicha modernización, a ser recompensadas "adecuadamente con viviendas dignas y tierras valiosas".
En política exterior, favorecen alianzas latinoamericanistas, para poder ser interlocutores ante los bloques poderosos. Y exigen que el Estado panameño se haga presente en la región de la frontera con Colombia.
En cuanto a la democratización abogan por "crear espacios de consulta ciudadana" y sugieren "la iniciativa legislativa popular". Promueven la participación igualitaria de la mujer en todos los campos de la vida social y política. Critican los excesivos privilegios que se han venido dando los Organos del Estado y sugieren la eliminación o reducción de las partidas circuitales y discrecionales y modificaciones al Código Electoral que amplíen la participación ciudadana. Rechazan el apoyo de los cristianos a partidos y proyectos políticos que están al servicio exclusivo de los intereses del poder económico. Destacan la obligación que tiene el Gobierno de implementar la Carrera Administrativa.
En cuanto al medio ambiente, los Obispos se hacen voceros de una conciencia ecológica actualizada y exigente. Proponen la transformación del Código Minero. Insisten en la responsabilidad de E.U. por sanear lo que contaminaron. Y llaman a la Autoridad Nacional del Ambiente a que garantice estudios de impacto ambiental transparentes y con amplia participación.
En cuanto al empobrecimiento, sus propuestas parten de la responsabilidad de toda mujer y todo hombre por la generación y el disfrute de la riqueza. Plantean la reforma de las oportunidades y la eficiente recaudación de los impuestos. La promoción del pleno empleo es responsabilidad conjunta de la sociedad y del Gobierno. Para ello se debe fomentar el ahorro interno y su inversión productiva. Un mejor salario para los trabajadores tiene que ir con una mayor capacitación y productividad. Hace falta eliminar la práctica de contratos consecutivos de tres meses que siembran la incertidumbre.
El Gobierno debe mejorar la calidad de la educación y el acceso equitativo a ella. Debe proporcionar apoyo directo a estudiantes en situación de extrema pobreza y facilitar subsidios para que puedan acceder a escuelas particulares, si así lo desean. Igualmente, debe garantizar la seguridad alimentaria a las familias que vivan en semejante condición.
Para los Obispos hace falta la implementación del Código de la Familia y de la Ley sobre la Violencia Intrafamiliar. Sobre los medios de comunicación, los Obispos recalcan que " ni siquiera la libertad de expresión es absoluta, pues encuentra su límite en el deber de respetar la dignidad y la legítima libertad de los demás y, sobre todo, ... la verdad", advirtiendo el daño que causan la difamación y la calumnia, así como el sensacionalismo.
Los Obispos señalan la incertidumbre que prevalece sobre los desaparecidos y asesinados desde 1968 hasta 1989, como también sobre los que murieron durante la invasión. Declaran que hasta la fecha los ex militares y otros involucrados no han dado señales de reconocer su culpa, que "queremos recuperar la memoria de nuestros hermanos" y que sólo buscando la verdad, sin venganza, podrán sanar las heridas y se podrá consumar una auténtica reconciliación.
Por último, en materia de transformaciones estructurales, los Obispos formulan propuestas sobre la propiedad agraria, con atención a la situación de las mujeres campesinas, sobre la descentralización del Estado, particularmente en el nombramiento del personal docente y la gestión de las escuelas, y sobre las reformas tributarias, a favor de un sistema progresivo que incremente el impuesto sobre la renta y sobre artículos de lujo y el consumo de tabaco y bebidas alcohólicas. También reclaman mayor transparencia y control del presupuesto, la eliminación de gastos superfluos, la limitación de salarios excesivos y una lucha frontal contra la corrupción y la impunidad.
En un momento en el que los panameños y panameñas nos sentimos que andamos sin rumbo, ni del Estado ni de la sociedad civil, la Iglesia ha rendido un gran servicio al proponer su visión. Es necesario que la de a conocer y que promueva la conversión real que requiere encarnar esta visión en la vida de nuestra nación.
ariyan@sinfo.net.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América