Momentos luminosos (II)
Los santos son personas sobre todo ubicadas en esa dimensión, que es un nivel superior al cotidiano nuestro y que les permite ver y actuar de manera sobrenatural. Un milagro es una acción movida por una fe profunda que transforma las leyes naturales, doblegándolas y recreándolas para cumplir una misión específica. El Santo Padre Pío leía las conciencias de los que se confesaban con él diciéndoles sus pecados antes de ellos hablar y se trasladaba a otros lugares sin salir de su sitio (bilocación) y curaba enfermos. Le era natural hacer eso, porque sus momentos luminosos se repetían con mucha frecuencia. Su oración profunda, activada por una fe muy grande, lo hacía hacer prodigios y señales que anunciaban que lo divino estaba muy cerca de Él.
La iluminación provocada por el Espíritu Santo nos hace ver que hay otro mundo o realidad superior a la que vivimos, y que de hecho envuelve la realidad y está por debajo y encima de todo, lo fundamenta todo y está en todo. Es la dimensión de lo divino, de lo siempre trascendente y nuevo, alegre, esperanzador, invencible, absoluto y plenamente misericordioso. De hecho Dios es Luz y fuente de la vida y cada vez que nos ilumina subimos un peldaño hacia lo eternamente perfecto. San Pablo tuvo una experiencia divina que le cambió la vida camino a Damasco. Se encontró con una luz que lo cegó temporalmente y escuchó una voz que le anunció que Jesús estaba en la gente que él perseguía. Lo entendió todo en un momento. Lógicamente fue madurando esa primera experiencia radical de lo divino con otros muchos momentos luminosos que le permitieron conocer a Cristo con los ojos de la fe y vivir y morir por Él. Ahora bien, al relatar esta situación espiritual, no podemos olvidar que se da dentro de la vida de lo cotidiano, con todas las dificultades y problemas propios de una existencia humana. Lo bueno es que estas vivencias te ayudan a vivir de una manera más plena aún en medio de tribulaciones espirituales.
Es una constante en los santos el tener encuentros luminosos con el Señor que les hacen ver los misterios de una manera profunda y actuar de una manera nueva. Ese puede ser el caso suyo, porque es el mismo Espíritu Santo el que actúa y puede hacer de usted un santo. No tenga miedo, ni rechace esas maravillosas oportunidades que Dios nos da, porque con Él somos invencibles.