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Monólogo en torno a Maquiavelo


Quiero iniciar este artículo con una expresión metafórica que, para algunos de mis lectores, parecerá un disparate. Qué caray, continuemos... Lo que me place decir es que: ¡Maquiavelo vive...! Aquí, en Panamá.
Hace aproximadamente tres años he tenido la intención de hablar conmigo mismo en torno a este personaje político que vivió entre la segunda mitad del siglo XV, y el primer cuarto del XVI. Lo que pretendo hacer no es más que un monólogo en torno al autor de "El Príncipe", encarnado en una figura de nuestro Panamá de hoy.
Si, ya sé todo lo que has venido haciendo para ganar, conservar y engrandecer tu poderío en el ámbito político. También he observado la forma tan magistral como has puesto en práctica el axioma de que en política cuentan más los fines que los medios, y la realidad que las teorías, y que la razón de estado está por sobre todo imperativo moral o religioso. Que el mundo que te observa desde que asumiste tu mandato, sobre todo, los gobernantes de la América Latina, se han quedado boquiabiertos por la forma tan magistral como manejas a tus marionetas.
Desde tu primera movida, aquella de obsequiar los relojes Cartier, pude percatarme de tu extraordinaria habilidad para manejar las marionetas del Palacio Legislativo. Por supuesto que sé sobre los medios que has utilizado para imponer tu dominio en tal Palacio; también sé que no es una casualidad que tu número mágico sea el tres (3); tres en el Legislativo, y tres en la Corte. Ciertamente, estos medios los has utilizado de acuerdo con las circunstancias de tiempo y espacio.
Esto no es todo. ¿Las circunstancias? Por ejemplo, en el caso CEMIS, utilizaste los factores que te llevaron a dominar a tus marionetas, me refiero a los económicos. ¿Recuerdas a los "Afú-dólares"? ¡Magistral movida...!, realizada a través del contrato con una empresa transnacional. La oposición quedó atónita, paralizada, como meros niños de biberón, frente a tu astucia, a tu genialidad.
La movida del CEMIS te ha servido no solo para controlar a las marionetas del Palacio Justo Arosemena; también la aprovechaste para aplicar tu otro número mágico, el tres (3) en la Corte. ¡Qué manera de "matar tres pájaros" con una sola piedra...! Ahora, ellos están obligados a ser agradecidos, y la mejor manera de demostrarlo es bailar al son que tú le toques. Es así como se completa la tercia que faltaba, esto es, tu dominio sobre los tres poderes del Estado. Vaya democracia la que tenemos...
Ajá, claro que si... ¡Saltamontes, saltamontes...! Esto es algo increíble. Me pregunto, Maquiavelo, cómo lograste que el Tribunal Electoral (T.E.) metiera en el "congelador" los expedientes de los conspicuos "saltamontes". Realmente eres sorprendente. Fíjate que el otrora, tristemente célebre "estado mayor", ha pasado a ser un enano frente a tus movidas. De repente tales movidas me causan un profundo estupor entremezclado con angustia y temores por lo que pueda ocurrir con los resultados de los próximos comicios electorales.
¡Oh, Dios mío...! Ojalá, Maquiavelo, que tus embates o movida contra el T.E. encuentre a los magistrados confesados y libres de "pecados", pues observo que negros nubarrones se ciernen sobre el ilustre T.E.
Favores, favores... ¡La empleomanía...! Los puestos con salarios jugozos a familiares. Ya lo dijo don "Chito" públicamente. Me temo que las marionetas caerán antes de los próximos comicios electorales. No cabe la menor duda, el maquiavelismo se impondrá sobre el T.E., en la misma forma como controlaste los otros poderes, es decir, por medio de favores, del chantaje o del soborno a quienes el pueblo, -los electores-, consideraban ciudadanos inmaculados. ¡Bah, pamplinas! Si ellos mismos se arrojaron en brazos del vil metal, a cambio de favores, de regalitos y de qué se yo.
Sabrás, Maquiavelo, que a causa de todas tus movidas, el pueblo panameño se siente atemorizado, impávido, impotente y por qué no decirlo, el clero, que en un principio fue tu mejor aliado, ha manifestado públicamente que se siente avergonzado por tus ambiciones desmedidas de poder, por tu falta de escrúpulos y tu indiferencia frente a las penurias y adversidades del pueblo a quien tu juraste servir.
Maquiavelo, ya sé que eres experto en amedrentar, pues recientemente lo hiciste con los periodistas. Que sabes cómo dar "escarmientos" a los que te critican por tu conducta poco moral, tal como lo hiciste hace poco contra dos periodistas humildes. Esto no es todo. También quiero que sepas, Maquiavelo, y te lo diré con firmeza antes de concluír este monólogo. No le temo a la muerte, pero sí le temo a Dios, porque sé que si él quisiera, podría hacerme daño eternamente. Esto lo digo en voz alta para que me escuchen hasta el último confín de la tierra.
Esto no es todo. Maquiavelo, tú mejor que nadie, -por tu longevidad-, debes saber que, solamente los cobardes se ensañan contra los periodistas y contra los intelectuales, ordenando que los encarcelen y hasta que le quiten la vida. Quiero decirte, finalmente, que desde que tengo uso de razón he sido un libre pensador y lo seguiré siendo hasta el día en que muera.

101 años de Panamá América

 
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