Monseñor Emiliani en Panamá
Durante este mes que Monseñor Emiliani ha estado en Panamá y nuevamente ha convivido con sus paisanos, seguí sus entrevistas y algo de su trayectoria. Un mes es nada en la vida de un hombre, de un ser humano y Monseñor lo es; es un ser superior entre nosotros y resulta difícil analizar algunas situaciones, sus palabras y sus pensamientos. Pero, quiero dedicar esta columna a Monse porque sé que vas a leerla y comprenderás mis sentimientos aunque, tal vez, no comulgues con algunos.
Sabes que siempre he sentido una admiración por tu persona y tus obras. ¿Les extraña que lo tutée? Nuestra amistad es antigua. Me encanta tu manera de plantear lo que sucede en Panamá y la forma cómo soslayas algunas respuestas.
Cuando Monseñor tuvo que abandonar el país apresuradamente fueron muchos y variados los comentarios alrededor de la causa. Nadie deseaba lo negativo; pero, todos queríamos que se quedara con nosotros por no comprender la razón de su ausencia. Nadie en este Panamá ha hecho tanta falta como Monseñor Emiliani. A todos los niveles nos preguntábamos cómo quedarían las obras iniciadas por él y hoy podemos respondernos que, gracias a su organización, persisten sin modificaciones ya que él supo balancear y darle base firme a cada una para persistir en su presencia.
Cuando lo escuché en un programa de televisión hace unas noches, disentí con algunas de sus palabras, tal vez porque él está más cerca de Dios que yo y eso me hace pensar más terrenalmente. A una pregunta respondió que se iría a San Pedro Sula por voluntad de Dios. Perdóneme Monseñor mi desacuerdo. Usted se nos va por voluntad humana, por decisión imposible de contrariar, pero nos perjudica mucho la falta de su persona. Pienso, a pesar de todo, a quién pudiera recurrir si necesitara sus consejos como tengo ahora una duda que necesitaría consultarle. ¿Podrá la persona que lo suplante tener tantas ideas nuevas y perdurables para beneficio de su patria? Usted responde las preguntas; pero siento que soslaya las verdaderas respuestas y dejan un vacío en sus coterráneos. Aprendimos a quererlo, a vivir con usted y de usted. ¿Qué haremos ahora sin usted? Doy vueltas en mi mente y no encuentro respuesta. Lo peor es la contestación a nuestras dudas por decisiones humanas, repito, y hacen ver que provienen de Dios. Al final es así, pero vivimos en la tierra y somos humanos. La pobreza, la desnutrición y las necesidades de todo un pueblo son para Monseñor lo básico en su vida. Quisiera eliminarlas del panorama panameño, pero Dios sabe cuándo se logre esto en manos humanas, casi divinas, que guiarán los panoramas para cambiar la subsistencia de tantos pobres en este país.
111 Usted se nos va por voluntad humana, por decisión imposible de contrariar, pero nos perjudica mucho la falta de su persona. Pienso, a pesar de todo, a quién pudiera recurrir si necesitara sus consejos como tengo ahora una duda que necesitaría consultarle.
A esta altura de mi columna persiste la duda de cómo fue posible que perdiéramos a Monseñor. Sí, ya que no regresará a formar parte de nuestras comunidades en forma permanente; lo hará desde lejos porque él no olvida a su gente pobre y necesitada. Su valentía y los valores que siempre ha pregonado le sirvieron para los sucesos conocidos por todos y nos han llevado a una privación insustituible. Tal vez nunca sabremos la verdadera causa de esta pérdida. Es probable que necesitemos años enteros para conocer por qué Monseñor se ausenta de Panamá aunque su corazón quede con nosotros.
Pocas veces dedico esta columna a personas en especial. Esta vez he querido hacerlo porque te mereces esto y mucho más; mis palabras son nada en comparación con lo que debieras llevarte. Los panameños te extrañaremos y tendremos siempre presente la imagen de tu personalidad. No eres el mismo con esa barba y 30 libras menos; pero te queremos igual. Que Dios te bendiga y guíe tus acciones.
Sabes que siempre he sentido una admiración por tu persona y tus obras. ¿Les extraña que lo tutée? Nuestra amistad es antigua. Me encanta tu manera de plantear lo que sucede en Panamá y la forma cómo soslayas algunas respuestas.
Cuando Monseñor tuvo que abandonar el país apresuradamente fueron muchos y variados los comentarios alrededor de la causa. Nadie deseaba lo negativo; pero, todos queríamos que se quedara con nosotros por no comprender la razón de su ausencia. Nadie en este Panamá ha hecho tanta falta como Monseñor Emiliani. A todos los niveles nos preguntábamos cómo quedarían las obras iniciadas por él y hoy podemos respondernos que, gracias a su organización, persisten sin modificaciones ya que él supo balancear y darle base firme a cada una para persistir en su presencia.
Cuando lo escuché en un programa de televisión hace unas noches, disentí con algunas de sus palabras, tal vez porque él está más cerca de Dios que yo y eso me hace pensar más terrenalmente. A una pregunta respondió que se iría a San Pedro Sula por voluntad de Dios. Perdóneme Monseñor mi desacuerdo. Usted se nos va por voluntad humana, por decisión imposible de contrariar, pero nos perjudica mucho la falta de su persona. Pienso, a pesar de todo, a quién pudiera recurrir si necesitara sus consejos como tengo ahora una duda que necesitaría consultarle. ¿Podrá la persona que lo suplante tener tantas ideas nuevas y perdurables para beneficio de su patria? Usted responde las preguntas; pero siento que soslaya las verdaderas respuestas y dejan un vacío en sus coterráneos. Aprendimos a quererlo, a vivir con usted y de usted. ¿Qué haremos ahora sin usted? Doy vueltas en mi mente y no encuentro respuesta. Lo peor es la contestación a nuestras dudas por decisiones humanas, repito, y hacen ver que provienen de Dios. Al final es así, pero vivimos en la tierra y somos humanos. La pobreza, la desnutrición y las necesidades de todo un pueblo son para Monseñor lo básico en su vida. Quisiera eliminarlas del panorama panameño, pero Dios sabe cuándo se logre esto en manos humanas, casi divinas, que guiarán los panoramas para cambiar la subsistencia de tantos pobres en este país.
111 Usted se nos va por voluntad humana, por decisión imposible de contrariar, pero nos perjudica mucho la falta de su persona. Pienso, a pesar de todo, a quién pudiera recurrir si necesitara sus consejos como tengo ahora una duda que necesitaría consultarle.
A esta altura de mi columna persiste la duda de cómo fue posible que perdiéramos a Monseñor. Sí, ya que no regresará a formar parte de nuestras comunidades en forma permanente; lo hará desde lejos porque él no olvida a su gente pobre y necesitada. Su valentía y los valores que siempre ha pregonado le sirvieron para los sucesos conocidos por todos y nos han llevado a una privación insustituible. Tal vez nunca sabremos la verdadera causa de esta pérdida. Es probable que necesitemos años enteros para conocer por qué Monseñor se ausenta de Panamá aunque su corazón quede con nosotros.
Pocas veces dedico esta columna a personas en especial. Esta vez he querido hacerlo porque te mereces esto y mucho más; mis palabras son nada en comparación con lo que debieras llevarte. Los panameños te extrañaremos y tendremos siempre presente la imagen de tu personalidad. No eres el mismo con esa barba y 30 libras menos; pero te queremos igual. Que Dios te bendiga y guíe tus acciones.